<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582</id><updated>2011-04-21T15:50:29.929-07:00</updated><title type='text'>El hombre molécula</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>93</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114244039807957369</id><published>2006-03-15T08:32:00.000-08:00</published><updated>2006-03-24T11:18:25.470-08:00</updated><title type='text'>Javier Rioyo, primer caballero mongoloide</title><content type='html'>El mundo cultureta es un mundo fardón y despiadado que funciona como la mafia, ya que sólo se matan entre ellos. Siempre me ha fascinado la absoluta falta de talento de algunos de sus mistagogos. Tal es el caso del verborreico y estreñido Javier Rioyo, ese hábil hombre orquesta que escribe para sus amigos en las páginas dominicales de &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt;, periódico que leo con frecuencia junto con &lt;em&gt;El Mundo&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Abc&lt;/em&gt; y la revista &lt;em&gt;El Arma&lt;/em&gt;, eso cuando no cotilleo ciertas revistas femeninas pare enterarme, ya saben, de esos asuntillos que un caballero no debe mencionar jamás en público (he descubierto que la palabra &lt;em&gt;muslo&lt;/em&gt; suele hace enrojecer a las señoritas que practican &lt;em&gt;body building&lt;/em&gt;).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Personajes como Javier Rioyo son deliciosamente repugnantes. Hablan de libros como los fruteros de unas berzas de temporada, filman documentales con esa buena conciencia esquizoliberal del que lee a Flaubert en el retrete y dicen en perfecto -pero fingido alemán- Welteschauung y Doppelgganger (háganme el favor y revisen en un buen diccionario la grafía de estos dos palabras).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La biografía del caballero Rioyo, a partir de ahora mongoloide, es la siguiente:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nace en algún de Galicia, donde Clío y Mnemosina le insuflan su amor por las palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los cinco años, tras una lectura de Roberto Alcázar y Pedrín se “hace comunista de toda la vida”. El infante no pasará por la inevitable fase en que uno lee a Hermann Hesse y se hace pajas. No, primero leerá a Chauteaubriand, no entenderá nada y comenzará de nuevo con Roberto Alcázar y Pedrín. Tras lo cual, sus padres le regalarán la colección completa de los cuentos de Calleja. Y le dirán: “Hala, niño, a escupir a la calle”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño crece bajo pero intelectualmente vigoroso. Ya empieza a asomar esa mirada ratonil con la que empieza a asombrar a las amigas de su madre, a las que dirá cosas como está: “Mire, muñeca, hay dos tipos de hombres: los que tienen un revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”. Curiosa cita que el niño aprende tras acudir con su amigo Miguelito (“el primer intelectual que quiso ser amigo mío”) al pase de &lt;em&gt;El bueno, el feo y el malo&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Jasón y los Argonautas&lt;/em&gt;. Nadie sabe cómo fue, pero ya entonces conocía el significado de las palabras hierofante y mitridatismo. Del cine de Sergio Leone aprende a dejarse barba de forajido y mirar a su entrevistado con la fijeza de un duelista al amanecer. Del &lt;em&gt;peplum&lt;/em&gt;, a no descuidar sus rodillas y gritar “arpía reaccionaria” al loro del Ateneo de su ciudad. El chico ya es multidisciplinar, cultísimo y tirando a feo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Termina el bachillerato con una nota excelentemente mediocre. Aprueba el examen teórico de gimnasia, pero suspende por no sabe jugar al fútbol. Está convencido de que “no es necesario jugarlo con los pies”. Años más tarde, durante una sesión de psicoanálisis, queriendo imitar a Woody Allen, descubrirá que es chachachá lo que pensaba que era fútbol. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siempre amigos de sus amigos y amigo también de quien no lo quiere como tal –así fue siempre su proverbial bonhomía-, el joven Rioyo se compra una chaqueta de &lt;em&gt;tweed&lt;/em&gt; y, en la universidad, comienza a comportarse como Oscar Wilde, citando a Neruda, Borges (hay que ver cuánto le gusta Borges) y Sartre. Como era verano en la Universidad Central, lo detienen por perturbar el orden de las acacias, bajo cuya sombra se ocultaba una muchacha francesa que lo creía un genio del género epistolar: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Grande es la satisfacción que mi ánimo siente hacia vos, delicada criatura, por el tono de las últimas palabras que ahora me habéis dicho, y, si así place a la majestad divina, mi regreso será muy pronto para que aumente vuestra alegría, que así adornará mis pensamientos por la salud de mi alma. Y dondequiera que me encuentre, así podré tundir la carne que turba mi entrepierna”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al parecer todo es un malentendido y lo sueltan sin cargos. La Dirección General de Seguridad abrirá un informe en el que se indica: “No hay peligro de subversión. Ya ha leído a Marcel Proust. Marxista por razones sentimentales”. A pesar de todo, Rioyo necesita imperiosamente acudir a las barricadas del 68 como gesto de solidaridad con su propio país, ya que es indignante que “siempre haya pescadilla en el menú del día. Con lo poco que me gusta a mí, consumado gourmet, el olor acre y opresivo de las pescadillas”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Allí, entre mañanas marxistas y tardes existencialistas –en las que fumaba Galoises y le daba por llamar Maga a una chica que había conocido en la cinemateca la noche anterior-, Rioyo comenzó a ganar implacablemente el campeonato de Screable que todas las primaveras se celebraba en el Quartier Latin. El segundo fue un escritor disléxico que confundía las palabras “amor” y “charcutería”. Asimismo, durante la fase postmaoísta que les sobrevenía a los que habían leído a Jüng, jugueteó con el hachís, lo que le elevó hasta cimas de insospechado lirismo. Fue así, durante una fumada en casa de Marquerite Duras, como Rioyo participó en uno de los primeros happenings que “lograrían convencer a esa salvaje manada libertaria de la necesidad de abolir la acre y opresiva pescadilla española”. Aquella noche le quitó la novia a Enrique Vila-Matas, no supo disculparse y le dijo que sólo quería imitar a Hemingway. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasaron los años y su francés mejoraba una barbaridad. Rioyo vivía ahora en una buhardilla con mansarda, muy parecidas a las de las películas de Jacques Tati. Tenía un gato, un vecino simpático pintor y un gorro de lana azul, que no combinaba muy bien con el suéter de cuello de cisne que se solía poner para tomarse un café en Maxim´s. A pesar de todo y para su fortuna, ese año comenzaron a ponerse de moda las gabardinas con las solapas levantadas, la cabeza un poco gacha, mientras a uno le embarga la fatalidad paseando por el Sena. Más tarde, cuando París era un estado del alma difícil de describir, durante todo un invierno se enclaustra en su refugio del Ampurdán con una botella de don Perignon y varias bolsas de Doritos. Tras mucho rato de encontrarse a sí mismo, Rioyo termina de escribir &lt;em&gt;Por qué he tenido que ser un intelectual&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta obra, que nos descubre a un gran jugador de Trivial Pursuit, Rioyo repasa diez años de estrecha amistad con Stravinsky, Camus y un cuñado de Picasso que solía hacer unas estupendas barbacoas todos los veranos en Mallorca, durante las jornadas del premio Formentor. Allí Carlos Barral desconfía del joven que se acerca a Canetti para realizar unas correcciones de &lt;em&gt;Masa y poder&lt;/em&gt;, que el viejo judío rechaza:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Mire, pollo, mi abuelo inspiró muchos pogroms con gran sentido del humor. ¿Qué significa el término, asquerosamente subjetivo, mejor? Por ejemplo, al rabino le gusta dormir panza abajo. Al discípulo, en cambio, le gusta dormir sobre la panza del rabino. Aquí el problema es apodíctico. También es preciso señalar que pisar mi pie (como hace el discípulo en mi cuento) no es una forma rabínica de argumentar. Haga el favor, por Dios”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Años más tarde, después de leer a Derrida y una nueva revista de filosofía y dietética, vuelve a España. Ya no es el joven idealista que abruma con sus convicciones estéticas a la dependienta de unos grandes almacenes, es un hombre hecho a sí mismo que ha pasado por todos los ismos con la que la grandiosa Francia condecora a los exiliados de sí mismos, hijos del mundo, cosmopolitas, que llevan en la frente el significado del ser en sí (Da sein) en contradicción con el yo cogito, con que el vulgo cartesiano y oportunista acoge a los que regresaban a España en oleadas de civismo y mundanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su primer contacto con el séptimo arte lo mantiene con un sobrino de Buñuel que a sus treinta y cinco años todavía lleva pantalones cortos. La amistad es instantánea, franca. Juntos comienzan a flirtear con el &lt;em&gt;underground&lt;/em&gt; neoyorquino, los mensajes anónimos a miembros de la Velvet y un corto en formato cinexin que envían a todos los festivales de Australia. El título es revelador: Aquí estoy yo o ¡Cómo echar a Garci de televisión española! Su propuesta, aunque audaz, no acaba de ser comprendida por los retrógrados círculos intelectuales de Melbourne. Rioyo, desilusionado, se compra un pony con el que recorre el desierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;España eclosionaba. El elegante y apuesto Luis Alberto de Cuenca comienza a escribir las letras de la Orquesta Mondragón; Arrabal se emborracha en un plató; y Ramoncín aún no ha comenzado a presentar el Lingo. Todo es creatividad por todas partes y por todas partes se mete Rioyo, que empieza a frecuentar la vieja casona de Velintonia. Como no le han dejado presentar La Bola de Cristal, le pregunta a Vicente Aleixandre por la incomprensión de sus paisanos. El viejo maestro, que sabía de sus preocupaciones, le ignora completamente, pero le deja presumir de amistad. Es una época dura en la que aspira a que Umbral le cite en sus famosas columnas de &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt;. Su vida de desgarramantas está a punto de acabar con un maduro Rioyo incapaz de encontrar un lugar en el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es entonces cuando comienza su vida como tertuliano en Qué grande es el cine. Carlos Boyero le enfila desde el primer momento y lo describe como “un botarate que no para de hablar de Faulkner”, pese a lo cual no deja de sentirse muy del profundo sur (Oh mammy blues). No se lleva bien con sus contertulios, que prefieren hablar de la precisión de ese plano, o del plano secuencia o de su vida como chaval de posguerra que comía pipas –los calcetines tristes y caídos- mientras se ponían brutos con las exquisitas muñecas de Audrey Hepburn. Aunque se le tolera, la exigua cuota femenina del programa de Garci no llega a interesarle. Garci lleva mejor la americana con zapatillas Reebok y el actor Fernando Guillén tardaba mucho tiempo en soltar una inspirada obviedad. Y así no había manera. Él, que venía a hablar de Faulkner y sin plagiarlo. No había manera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una época en que intenta ser de todo: descubridor de tórridos trópicos literarios, &lt;em&gt;flanêur&lt;/em&gt; a tiempo parcial en las cadenas de librerías Crisol, comensal gorrón en cenáculos artísticos y musicales, así como caminante solitario en esas crudas mañanas de resaca que ha cantado Sabina para escarnio de este intelectual que presenta Extravagario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por estos motivos Javier Rioyo se hace merecedor de la muy alta distinción de la noble Orden de los Caballeros Mongoloides. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Addenda: También se le distingue con la Real Enseña de la Magufería, por citar a Pasolini a altas horas de la madrugada. Que venga Arcadi Espada y lo vea.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡España prevalece!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114244039807957369?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114244039807957369'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114244039807957369'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/javier-rioyo-primer-caballero.html' title='Javier Rioyo, primer caballero mongoloide'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114244030861927315</id><published>2006-03-15T08:30:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:31:48.623-08:00</updated><title type='text'>Klaus Kinski se hace perdonar</title><content type='html'>Otro de los libros que estos días ocupan mi atención es Yo necesito amor, memorias de ese actor inclasificable, algo perturbado y uno sospecha que también un poco mentiroso, llamado Klaus Kinski. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para empezar, uno nunca pensaría en la posibilidad de leer sobre la vida de este actor de cara atrabiliaria, en perpetuo estado de náusea física, que se ha caracterizado por las interpretaciones expresionistas en papeles como Aguirre, la cólera de Dios. Todos recordamos sus papeles menores en películas de renombre, su manera de captar nuestra atención, su aroma hediondo, esa mirada vesánica de aquel que en cualquier momento puede atravesarte la garganta con un cuchillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sobre el papel Klaus Kinski, descubrimos a una persona al que sólo le mueve el dinero, muy impulsivo, capaz de ternuras extremas pero al que casi siempre sorprendemos en afirmaciones brutales. “Me lleva a casa para follar. De paso, me quedo a vivir con ella”, afirma sobre una chica que conoce en el Berlín de posguerra. Kinski tuvo una infancia tan dura como la que tenía el niño de Alemania, año cero, marcada por la hambruna y la miseria. Cuando habla de los warschauer (pastelillos de guerra) uno se aproxima con cierta verosimilitud a la idea física de hambre:&lt;br /&gt;Están hechos de pedazos, a menudo quemados, de bizcochos, de las migas que desprenden el pan y las pastas, y de lo que los panaderos recogen al barrer el suelo y limpiar el mostrador. Hacen una masa con todo ello y la meten en el horno para que tome consistencia. Un warschauer como es debido, que tiene el tamaño de un pan de molde y que debe comerse con cuidado para no tragarse pelos de escoba, astillas de madera o metal, jirones de papel o incluso cristales cuesta 20 pfennings. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El dinero es una obsesión, como el sexo, con el que baña lujuriosamente la mayor parte de sus páginas. Su infancia neorrealista recoge episodios de iniciación descritos con la voz de un viejo verde al que le tiembla el pulso por desafiar toda convención literaria. Es como cuando describe su paseo por una huerta a las afueras de Berlín, su lucha contra un perro que la vigila –ahí asoma el psicópata que experimenta empatía con las bestias- y con el cual se enfrenta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ahora, la mirada de mi contrincante está justo delante de la mía. Nuestros labios casi se tocan. Entonces, desesperado, le muerdo yo también. Primero en los belfos. Noto en mi boca la carne caliente y babosa. Como eso no sirve de nada, le muerdo el hocico hasta que pega un aullido y el cepo de sus dientes se abre por un instante”. Tras lo cual, Kinski le hace una llave de lucha libre y le ata la mandíbula. “Lo siento, chaval, donde las dan las toman”, dice, para escapar, “sangrando como un cerdo degollado”, a una huerta vecina donde experimenta una epifanía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Agarro la rama y saco el pecho hacia arriba. Tengo los pies profunda e irremediablemente hundidos en el ramaje de encima y detrás de mí, de modo que mi abdomen pende como un puente colgante sobre el abismo espinoso. ¡Unos cuantos centímetros más y lo conseguiré! Pero lo que veo me corta el aliento: ¡veo mujeres desnudas! Estoy demasiado cachondo para contarlas, pero creo que debe de haber entre diez y quince. Están repantigadas en tumbonas, sentadas en sillas o echadas en el suelo sobre toallas” (…)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kinski es un erotómano descomunal y un minucioso y perverso dibujante de escenas femeninas. Las escenas sexuales jalonan cada episodio de su vida. El cine es apenas un ajetreado y molesto intermezzo entre sesión y sesión. Los directores, la industria, los actores, nada le gusta al actor alemán, que se entrega continuamente a exagerados ejercicios de egolatría. No es un mal padre, pero su inestabilidad económica, producida por su alto nivel de vida, le obliga a trabajar en producciones que no le interesan. Tal vez Kinski esté exagerando cuando dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“He vuelto a cambiar de coche. De siete Ferraris, me he cargado cuatro, y ahora me dispongo a cambiar mi sexto Rolls por otro Ferrari. En el último cambio perdí unos 40.000 marcos. En los cuatro años que llevo en Roma he comprado y cambiado dieciséis coches. Tres Maseratis, siete Ferraris y seis Rolls Royce. En la casa me he gastado más de 300.000 marcos, a pesar de que no es mía. Tengo a siete personas a mi servicio: un chofer, un jardinero, dos criadas, un mayordomo, una cocinera y una secretaria”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El personaje no carece de interés. Su vida por una Europa lounge donde el lujo acostumbra a ser una necesidad, nos devuelve la pálida memoria de una parte del mundo que vive ajena a la guerra de Vietnam, y en la que futuros grandes directores como Werner Herzog tratan de convencerlo de participar en sus películas. Kinski es un gran observador y sus opiniones nos convencen de que estamos ante un gran farsante que se enmascara de malditismo. No se cree peor que el director alemán, en el que descubre a un hábil manipulador pagado de sí mismo (años más tarde, en el documental Enemigo íntimo, Herzog se resarcirá de todas las putadas que el actor le inflingiría).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La psicología de Herzog está muy bien descrita, es implacablemente sincera cuando acude a la casa de Kinski para convencerle de su participación en Aguirre, la cólera de Dios. Kinski, por supuesto, manifiesta su propio divismo con observaciones certeras. Herzog es un tipo”cohibido” que habla de una forma “plumbea”, atropellada y fragmentaria, como si escupiera “cascotes de palabras”. De su mente, sólo salen “mocos mentales resecos. Luego se contonea en doloroso éxtasis, como si tuviera llenos de azúcar sus dientes podridos”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Kinski, con esa lucidez que poseen las personas nerviosas, no entiende nada de lo que le está hablando y se plantea “partirle la cara”. Piensa que está enamorado de sí mismo. Así que, cuando cree que ha llegado el momento en que Kinski ya comprende “lo cojonudo que es”, Herzog le empieza a describir las condiciones de trabajo -muy duras- como si le estuviera “leyendo una sentencia”. Todos los del equipo, afirma el director, van a seguirle sin pestañear, “a él, Herzog”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Película o muerte”, asegura con “la osadía de los imbéciles”. Al mismo tiempo que cierra los ojos, tolerante, ante los abortos de sus delirios de grandeza. Finalmente, se convence de que está ante una persona “cazurra, encorsetada, acartonada, deprimente, aburrida y fanfarrona”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Excesivo, maniqueo, solipsista, Kinski es un pequeño y asustado criminal al que le asaltan visiones maravillosas e intuiciones, un hombre ultrajado que sabe lo que ha perdido. Derrotado, sin público, castigado por su fama de intratable, las últimas páginas de Yo necesito amor parecen escritas por un Santo Tomás de Aquino pasado de MDMA. Su misticismo, perverso por su forma de manifestarse, aspira a la salvación a través de delirios pedagógicos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Los niños son la única esperanza de salvación, de escapar a la fatalidad de este sistema mortífero. Sólo ellos pueden traer la salvación a los adultos. A los niños no habría que inculcarles respeto ni obediencia, ni habría que tenerlos miedo…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Está hablando de sí mismo, haciéndose perdonar por lo ameno de su biografía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114244030861927315?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114244030861927315'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114244030861927315'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/klaus-kinski-se-hace-perdonar.html' title='Klaus Kinski se hace perdonar'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243974360809446</id><published>2006-03-15T08:22:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:29:04.630-08:00</updated><title type='text'>Novela que casi nadie lee</title><content type='html'>Siempre tengo abiertos varios frentes de lecturas. Me gusta zapear libros. Repartirlos por toda la casa –la mesilla, las estanterías, el viejo baúl del salón, el sillón- y entregarme caprichosamente a su escrutinio. Llevo estos días enfrascado con Tirante el Blanco, ese libro que nadie lee y conocemos por los viejos planes de estudio del bachillerato. Es la cumbre de la novela de caballería, el único en su género que en El Quijote se salva de la pira censora del cura y el barbero. “Es el mejor libro del mundo”, diría Cervantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde el punto de vista de la estructura, es un libro ambicioso que contrasta con el registro de defunción que se ha expedido en nuestra época, que lo ha embalsamado con el aceite rancio de la ignorancia. Sorprende la disparatada vitalidad de este cadáver. ¿Hace falta decir que Cervantes no quiso acabar con este tipo de novela? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mario Varga Llosa, en el prólogo de la edición que manejo, coloca al valenciano Joan Martorell como el primero de “esa estirpe de suplantadores de Dios –Fielding, Balzac, Dickens, Flaubert, Joyce, Faulker- que pretenden crear en sus novelas una realidad total”. Tirante el Blanco es el intento descabellado como la que aquel personaje de Borges que quería construir un mapa del mundo a escala natural.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, es una novela de caballería, aunque menos inverosímil. Apenas se registran sucesos sobrenaturales, salvo algún añadido que los filólogos han atribuido a Martí de Galba. También, pese a sus anacronías y hechos falseados, es una novela histórica, pues se han identificado monarcas, acciones y lugares que Martorell ha robado a la crónica de su época. Pero ¿cómo fiarse de una Inglaterra invadida por la morisma en sus primeros capítulos? Cuando al conde de Varoic se le aparece la Virgen para que socorra al rey inglés, ¿no nos estamos instalando en la superchería?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vargas Llosa se pregunta también si no estaremos también ante una novela militar. El Tirante recoge todos “los secretos de la brutalidad de su época”. La cantidad de información que proporciona sobre los usos y costumbres militares es tan pormenorizada que otro tipo de obras –sobre todo películas- pecan de inexactitud. Esta novela describe el arte abyecto de la guerra con una precisión caudalosa y bestial. La educación del hijo del conde de Varoic puede resumirse en tres lecciones: recién nacido, se le golpea para que llore por la partida de su padre y haga suyo el dolor de su madre; de niño, su padre le obliga a rematar a un árabe enemigo, tras lo cual lava con la sangre del muerto; ya joven, se dispone a participar en un torneo y derrota a todos sus adversarios. Como advierte Vargas Llosa, también el entramado estratégico es vario y sorprendente. Una batalla puede ser ganada cambiando por jabón y queso la punta de los pivotes de ballesta del enemigo. La violencia, convenientemente estilizada –no puede dejar de pensar en Kill Bill- es generosa en su descripción. Durante el sitio de Rodas, sus habitantes comen gatos y ratas, a menudo los sesos chorrean “por los ulls y las orelles”y el número de mutilaciones y miembros cercenados superaran lo que podríamos soportar en una pantalla de cine.&lt;br /&gt;Cierto, señala Vargas Llosa, también podría ser una novela social o costumbrista. Tirante tiene algo de comedia humana a lo Balzac. En su abigarrado interior, encierra una visión completa de su época, con sus estamentos sociales, sus costumbres religiosas y el ascenso de las clases más bajas –relegadas a un incipiente papel secundario-, con la que comienza a mostrarse esa tensión social característica de la novela moderna. “Es un maniático y perverso entomólogo”, afirma el escritor peruano, a propósito del repertorio de usos y costumbres de una época que asiste al nacimiento de los primeros burgueses con aspiraciones o a la lucha de gremios y artesanos que alborotan la escena política medieval, aunque por fecha de publicación debemos entender que el Tirante es una novela renacentista y, por lo tanto, muy humana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan humana que cabe pensar también que es una novela erótica, pues el sexo tiene un papel primordial, más aún si cabe que la guerra. Al principio de la obra, casi no aparece. Poco a poco, hasta que Tirante toca por descuido los pechos de la bella Agnés al quitarle un relicario, el sexo se desborda por la variedad y la fantasía: desde el diplomático amor cortés de palabras apenas susurradas, al puro desmadre orgiástico, el sexo sin preliminares, fetichismo, lesbianismo, intentos de violación, voyerismo, juegos éroticos, incesto. No aparecen prostitutas pero, como sugiere Vargas Llosa, “el amor tiene casi siempre implicaciones mercenarias”. El sexo vale tanto como las monedas que los personajes intercambian.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier caso, Tirante vale como novela psicológica en la medida en que lo hace, por ejemplo, Los Soprano, en donde se profundiza en la psique de unos personajes ajenos por completo a nosotros para atravesar la carne sensible que descubra su origen y sus motivaciones. De forma gradual y justificada, ahorrando en adjetivos, se nos dibujan comportamientos. La narrativa contemporánea pocas veces ha demostrado tanta delicadeza, tanta sabiduría en la puesta en marcha de unos personajes que se individualizan con la certera narración de sus actos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en eso no disculpamos a tanto guionista de cine y televisión, a tanto novelista arbitrario, incapaz de insuflar vida al torpe gólem de su creación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243974360809446?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243974360809446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243974360809446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/novela-que-casi-nadie-lee.html' title='Novela que casi nadie lee'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243970249436329</id><published>2006-03-15T08:21:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:21:42.496-08:00</updated><title type='text'>V de Vendetta</title><content type='html'>Me informo de la inminente aparición en nuestros cines de la adaptación de V de Vendeta, esa obra maestra del cómic de los ochenta creada por David Lloyd y Alan Moore. Tengo en mis manos la última edición de esta obra que bebe directamente de la literatura utópica –de Tomás Moro a Orwell, rindiendo tributo por si fuera necesario a Swift o los seguidores de Capitán Ludd, esos protorrevolucionarios de la era industrial que saboteaban las máquinas como forma de protesta contra sus patronos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En cualquier caso, pienso en la conveniencia de adaptar una historia que, tras una minuciosa relectura, me convence de la imposibilidad de ser comprendida hoy en día en su totalidad. Hablemos de V, el misterioso y sonriente terrorista que, tras un holocausto nuclear a escala global, atenta con el estado totalitario que controla Gran Bretaña. V viste como Guy Fawkes, quien en 1605 conspiró contra el rey Jaime I y las cámaras del primer parlamento que tuvo la humanidad civilizada. El 5 de noviembre de ese año tuvo lugar el “complot de la pólvora”, tras el cual Guy y sus seguidores fueron ejecutados por traición. Desde entonces, cada 5 de noviembre, los ingleses celebran una fiesta en la que queman un muñeco de Guy Fawkes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;V es más que un conspirador regicida. Es la anarquía (que significa sin líderes, no sin orden) que trae consigo la edad del Ordung, el orden real, el orden voluntario…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243970249436329?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114243970249436329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114243970249436329' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243970249436329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243970249436329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/v-de-vendetta.html' title='V de Vendetta'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243965817502477</id><published>2006-03-15T08:20:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:20:58.176-08:00</updated><title type='text'>¿Quieres hacer el favor de callarte?</title><content type='html'>Es moneda corriente entre las personas informadas sostener que vivimos en una sociedad deshumanizada y que esto viene a reflejarse en la falta de comunicación que existe entre sus individuos; ya nadie habla con los demás. Es posible que con ello quieran referirse, si creemos en la realidad que nos circunda, que a pesar de haber una cantidad desorbitada de información, la verdadera comunicación está impedida, quizá incluso por ese océano de palabras y mensajes en que nos movemos a diario; existe un exceso de ruido de la máquina que impide la verdadera comunicación, o mejor, los canales de comunicación han terminado por contaminar el contenido de la misma, deshumanizándola, desnaturalizándola, llenándola de entropía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede justamente al contrario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vivimos en una sociedad saturada de relaciones interpersonales y de comunicación personal e íntima. No se trata sino de un exceso de ruido del alma que, por ese mandato de comunicación interpersonal, se ve autorizada a sacar impúdicamente lo más recóndito de sí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No se trata de buscar culpables porque, como dijo el poeta, es “castigar tierra sorda”, pero por indicar alguna genealogía de este estúpida actitud, puede señalarse que el psicoanálisis fomentó la idea de que hablar de lo privado ayuda a la salud del alma.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243965817502477?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114243965817502477/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114243965817502477' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243965817502477'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243965817502477'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/quieres-hacer-el-favor-de-callarte.html' title='¿Quieres hacer el favor de callarte?'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243942270259769</id><published>2006-03-15T08:16:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:17:02.703-08:00</updated><title type='text'>Nuestra película</title><content type='html'>Según un estudio realizado en Estados Unidos, muchas personas de ese país sufren depresiones porque consideran que sus vidas no darían juego para un buen guión cinematográfico. Así planteado, el asunto parece el enésimo ejemplo de la estupidez americana. Aunque si vamos más allá de este primer juicio superficial, quizá advirtamos que se trata de una realidad que todos experimentamos en ciertos momentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La natural inclinación del hombre por imitar produce en nosotros el deseo de identificarnos con aquello que percibimos como admirable y deseable. Todas las artes visuales, especialmente el cine, así como la narrativa en todas sus formas, e incluso la poesía, son ventanas privilegiadas a través de las que nos asomamos al mundo de lo deseable. Y nos deprimimos cuando caemos en la cuenta de que las circunstancias de nuestra vida nada tienen que ver con las de esos personajes que vemos desde tales ventanas, que nuestra vida es vulgar y rutinaria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando caemos en la cuenta de lo que nos ocurre a nosotros es brutalmente vulgar, brutalmente real –que tu padre está grave en el hospital, que no te gusta tu trabajo, que se te ha inundado el piso-, nos sentimos muy insignificantes. Eso sí, seguimos yendo al cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La verdad no hace tanto bien en el mundo como daño hacen sus apariencias”, dijo La Rochefoucauld, quien nos “consuela a fuerza de ser pesimista como nosotros”, según dijo de él ese gran crítico que fue Sainte-Beuve.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243942270259769?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243942270259769'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243942270259769'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/nuestra-pelcula.html' title='Nuestra película'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243932480759731</id><published>2006-03-15T08:13:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:18:05.996-08:00</updated><title type='text'>Posibilidad de un paisaje</title><content type='html'>Viajo durante el fin de semana a Zaragoza para visitar a mi padre y su mujer. Lo hago de improviso, con una falta de imprevisión indigna de un diplomático. Llevamos casi dos años sin vernos. Eso da la medida de mi carácter, errático, volátil. Soy lo que se dice un malqueda, alguien que puede aparecer o no, que puede fallar o no, en los momentos decisivos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasamos un fin de semana estupendo. C. está encantada de hacer noche en Garrapinillos. Por su parte, Boni, que es una excelente nadadora, se lo pasa de fenómenos chapoteando en el antiguo canal, proyectado, me cuenta mi padre, en la época de Carlos III. Todo alrededor es de una belleza melancólica: los viejos olmos que lamen la margen izquierda, el camino que por la margen derecha se extiende por la llanura hasta un viejo puente de piedra, dos cipreses solitarios que parecen pintados por De Chirico, la misma luz, que cambia al paso de unas nubes viajeras y va alternando el drama de una escena irlandesa con la claridad de un paisaje provenzal. Y al fondo, el Moncayo, que en los días claros su cumbre se adivina como un centinela negro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los años le han dado empaque de actor de cine negro, ancho y cargado de espaldas, barba entrecana de lobo viejo, risa de vagabundo y una mirada rápida que lo delata como un observador preciso. No sé qué verá cuando mira a este hijo suyo. Nos separamos hace muchos años, siendo yo un niño; volvimos a encontrarnos, en esa época en la que uno no sabe muy bien adónde ir; poco a poco, hemos ido recuperando una relación censurada por el infortunio. Toda mi infancia acaso ha sido un malentendido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi padre, decía, tiene empaque de actor de cine negro. Si le sorprendo de perfil, puede llegar a recordarme a Jack Nicholson. Tiene ese timing nervioso en sus manos, con las que modela argumentos que acompaña con descriptivas onomatopeyas. Conversa como lo haría un mimo, con esa gramática prelógica del chasqueo, el silbido y la música. Alma de tahúr tiene mi padre, al que sorprendo en súbitas en carcajadas al término de una broma, como al Falstaff que Orson Welles interpretó en "Campanadas a medianoche".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243932480759731?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243932480759731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243932480759731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/posibilidad-de-un-paisaje.html' title='Posibilidad de un paisaje'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114243918886205644</id><published>2006-03-15T08:10:00.000-08:00</published><updated>2006-03-15T08:13:08.876-08:00</updated><title type='text'>Milosevic</title><content type='html'>“Casi ningún cobarde conoce la amplitud de su cobardía” (La Rochefoucauld)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114243918886205644?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243918886205644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114243918886205644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/milosevic.html' title='Milosevic'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114192254362742808</id><published>2006-03-09T08:34:00.000-08:00</published><updated>2006-03-09T08:42:23.660-08:00</updated><title type='text'>Match day</title><content type='html'>Le he regalado a F. mi Xbox, maravilloso artefacto con el que he pasado venturosas tardes de ocio. Juegos como &lt;em&gt;Caballeros de la Vieja República &lt;/em&gt;(primera y segunda parte) me llevan a pensar que los nuevos narradores plasmarán sus historias a través de estas prodigiosas máquinas capaces de instalarnos en la pura especulación narrativa. El videojuego es un refinado soporte simbólico y un campo de estudio por explorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer, en casa de M., mientras contemplaba el partido entre el Real Madrid y el Arsenal, tuve una sensación extraña. Inducido quizá por mi escasa afición por este deporte que se juega con los pies –cuestión que siempre me ha fascinado-, comencé a sentirme (¿cómo decirlo?) frustrado, impotente ante el desarrollo mismo del partido. No es que el Real Madrid no hubiese marcado aún un gol y yo desesperara por la inevitable resolución del conflicto. El fútbol, ya lo he dicho, no me interesa. Soy insensible a su épica. Lo que me estaba sucediendo –pero no era consciente de ello- es que mi impotencia se producía porque inconscientemente proyectaba sobre los jugadores una ilusión de control similar a la que experimento cuando me entretengo con un videojuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una parte de mi cerebro, entrenada desde que era niño para manipular píxeles sobre una pantalla a través de una interfaz, trataba en vano de que Raúl se moviera en una dirección determinada. En algunos casos, mi mente fantaseaba con movimientos imposibles y tácticas delirantes que, en ningún caso, podían resolverse con mi pensamiento. Sólo podía quedarme sentado y ver cómo el Real Madrid jugaba a la desesperada en un partido que yo trataba de controlar como un videojuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto, yo no tenía interfaz, pero no importaba. Mi mente hizo clic y entré en esa fase mental en la que uno se abstrae del mundo que lo circunda. A eso se reducen los videojuegos, a la suspensión espacio temporal de las leyes que rigen el universo cotidiano. Hice clic y por un momento entre en “el trance del juego”. Por un momento, yo no era Raúl, era un videojugador tratando de controlar la figura de Raúl o cualquier otro jugador sobre un campo de césped virtual. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso me lleva a pensar en cómo se están transformando nuestras estructuras cognitivas. Es relevante el hecho de que yo no soy un tecnófilo empedernido y mucho menos un &lt;a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Geek"&gt;geek&lt;/a&gt;. Mal que me pese, soy un hijo tardío de la galaxia Guttenberg y mis estructuras mentales se apoyan sobre la cultura del libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El borrador del ensayo que estoy escribiendo sobre los videojuegos, al menos en la primera parte que estoy desarrollando, trata sobre ese “estado de trance” que experimentamos física y emocionalmente cuando manipulamos un videojuego. Ese trance, similar al que sentimos cuando leemos un libro, contemplamos un cuadro o visionamos una película, posee unas características particulares en el caso de los videojuegos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que destacaría del acto de jugar a un videojuego es que posee unas reglas características. Es parcialmente falsa la afirmación de que un videojuego es una historia en la que podemos intervenir. El videojuego no tiende a ser una película y si constituye una historia es para impulsar la idea misma de juego. Esto es apreciable en los primitivos juegos desarrollados en los años 70 y 80, donde toda información histórica se nos muestra como un mero excipiente de lo que realmente importa. Un juego como &lt;em&gt;Pac Man&lt;/em&gt; nos puede informar de que uno de los fantasmas que continuamente nos persiguen se llama Pinky, pero resulta anecdótico para la finalidad misma del juego, que es devorar todos los puntos de la pantalla para pasar a otro nivel de dificultad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No en vano la mayoría de los juegos consisten en matar o destruir. Esto es así porque hasta tiempos muy recientes la lógica del videojuego se sustentaba en la acción. Jugar es decidir la acción más conveniente para seguir jugando en un entorno que siempre se muestra hostil. La acción más sencilla en un videojuego es el acto de desplazar un personaje pixelado por un universo que posee unas reglas físicas muy específicas. En el caso de &lt;em&gt;Pac Man&lt;/em&gt;, cuya interfaz era un mando que se podía desplazar hacia cualquiera de los puntos cardinales, las leyes de la física eran muy sencillas y sólo podían variar si capturábamos uno de los cuatro puntos de mayor tamaño. Entonces nuestro acosado monigote amarillo podía devorar a sus enemigos o aprovechar esa patente de corso para capturar más puntos con absoluta impunidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No esta claro, no obstante, que la lógica del juego sea la acción. Muchos juegos prescinden de la necesidad de matar o destruir. &lt;em&gt;Tetris&lt;/em&gt; es un claro y perverso ejemplo de abstracción lúdica en la que no es necesario acabar con el contrario. Sin embargo, en un plano simbólico, el universo de Tetris es completamente hostil. El enemigo, al que no vemos –pues es el juego mismo-, va dejando caer las piezas de un puzzle geométrico que debemos completar en un tiempo ilimitado. La distribución de las piezas que se nos ofrece es aleatoria, pero obedece a unos patrones logarítmicos bien determinados por su programación. El desafío es ordenar en líneas cada pieza que la computadora ha determinado ofrecernos. El enemigo es sutil: la velocidad con la que caen las piezas, su forma o, ya en niveles avanzados, la aparición repentina de puntos o líneas que complican nuestra tarea. Moralmente, &lt;em&gt;Tetris&lt;/em&gt; puede ser tan violento como cualquiera de esos trepidantes juegos de lucha del tipo &lt;em&gt;Street Fighter&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la gran mayoría de los que juegos a los que nos hemos enfrentado en nuestra vida consisten en matar o destruir. Esto ha sido así porque el tipo de acciones que se podían realizar estaban limitadas por la programación y el soporte físico en el que se desarrollaban. Para empezar, los juegos ocurren en una pantalla. Esto implica que la mayor parte de la información que recibimos es visual. En este caso, es inevitable que la acción básica sea comer, destruir o matar todo aquello que aparece en pantalla. Los patrones logarítmicos para llevar a cabo estas acciones son muy sencillos. Durante la época clásica de los videojuegos –los primeros años ochenta-, la lógica del videojuego era siempre la misma: la amenaza de ser destruido y la posibilidad de evitar o destruir la amenaza. Sin conflicto, el videojuego no existiría. Y el conflicto más básico que se puede plantear es el del combate.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La pedagogía académica que ha estudiado el fenómeno de los videojuegos contrasta con la visión negativa que han tenido hasta fechas muy recientes. Esto ha empezado a cambiar. Ya no nos extraña abrir el &lt;em&gt;Abc Cultural &lt;/em&gt;y encontrarnos con una sección dedicada a los mismos. Al videojuego le ha pasado lo mismo que al cine en sus orígenes. De banal entretenimiento despreciado por la elite cultural a pujante sector industrial y tecnológico. Es ahora cuando comienza a advertirse la variedad y riqueza de enfoques con las que se estudian los videojuegos. Hemos empezado a darnos cuenta de que estos artefactos nos devuelven una cierta visión de nosotros mismos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, una opinión mayoritaria sigue teniendo una concepción negativa del ocio electrónico. Se aduce que los juegos son violentos y por lo tanto sus usuarios son susceptibles de desarrollar conductas antisociales. Parecen remitirnos a los tiempos de la psicología conductista de los años 50, a Skinner y &lt;em&gt;Walden Dos&lt;/em&gt;. La psicología cognitiva y otras ramas de la psicología llevan años estudiándolos. Los resultados que arrojan son muy interesantes y destacan por sus aspectos positivos. El videojuego desarrolla habilidades psicomotrices, espaciales, fomentan las tomas de decisiones, la capacidad de previsión y organización, así como el cálculo y la lógica. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una forma de expresión como el videojuego, con su potente carga simbólica, es susceptible a la censura. Un juego como &lt;em&gt;GTA: San Andreas &lt;/em&gt;–no ha sido el primero ni será el último- se expuso hace un par de años a las críticas y a la censura del ala más extremista del frente republicano de Estados Unidos. Olvidan que el juego es una representación simbólica, una ficción electrónica sin consecuencias trasladables al mundo real. ¿No es menos peligrosa la propaganda política sobre la guerra preventiva que aparece en un reciente juego de estrategia bélica?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114192254362742808?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114192254362742808/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114192254362742808' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114192254362742808'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114192254362742808'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/match-day.html' title='Match day'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114184270642167878</id><published>2006-03-08T10:24:00.000-08:00</published><updated>2006-03-08T10:31:46.423-08:00</updated><title type='text'>Sueños infantiles</title><content type='html'>El noveno arte, llamado así por sus defensores, nace en 1896 de la pluma de Richard Felton Outcalt, quien dibuja la primera viñeta de &lt;em&gt;The Yellow Kid &lt;/em&gt;para el suplemento cómico del diario neoyorquino World. Descaradamente racista, esta primera manifestación de arte secuencial –definición que tomo prestada de Will Eisner-, asombra por la ingenuidad de su chiste, tal y como hoy podría hacerlo una monja clarisa en una &lt;em&gt;rave party &lt;/em&gt;en Alcobendas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo personal, el cómic constituye una de mis primeras pasiones intelectuales, junto a cierto tipo de literatura divulgativa –el Libro Gordo de Petete, el Manual de los Jóvenes Castores- que devoraba en mi infancia. La lectura de cómics fue tan abundante en aquella época que durante un tiempo decidí, lleno de convicción, que de mayor me convertiría en superhéroe. Desafortunadamente, no logré desarrollar los poderes suficientes para combatir al Mal ni soporté el suficiente entrenamiento físico para transformarme en un héroe a secas. Nunca me picó una araña radiactiva ni me expuse a una lluvia de rayos cósmicos durante el transcurso de un viaje interestelar, pero sobrevive en mí cierta fijación por las mallas coloreadas y las capas de caída espectacular, así como por el lenguaje pomposo: “No podrás detenerme, abyecta criatura de los abismos”. Más tarde, dotado de la inteligencia que suele concederse a algunos individuos, logré interesarme por el cómic para adultos, abundante en escorzos ginecológicos y más violentos que un genocidio serbio o alemán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota bene: Mi &lt;em&gt;nickname&lt;/em&gt; no es casual. El Hombre Molécula es un personaje del universo Marvel, un hombre apocado y débil que un día descubre que es capaz de manipular la materia a su antojo. Como personaje nunca me interesó, pero me parece una metáfora recurrente en mi vida. El escritor argentino César Aira presenta un personaje similar en &lt;em&gt;El Mago&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114184270642167878?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114184270642167878/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114184270642167878' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184270642167878'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184270642167878'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/sueos-infantiles.html' title='Sueños infantiles'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114184223596121781</id><published>2006-03-08T10:23:00.000-08:00</published><updated>2006-03-08T10:23:55.973-08:00</updated><title type='text'>Para recordar en tiempos de crisis</title><content type='html'>No postular jamás una teoría del mundo cuando uno está en horas bajas, cuando se soporta una vida de carencias. Convertimos en abstracción lo que no tenemos, como si disfrazáramos un resentimiento con el elegante traje de la teoría.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114184223596121781?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114184223596121781/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114184223596121781' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184223596121781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184223596121781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/para-recordar-en-tiempos-de-crisis.html' title='Para recordar en tiempos de crisis'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114184216306909725</id><published>2006-03-08T10:22:00.000-08:00</published><updated>2006-03-08T10:22:43.083-08:00</updated><title type='text'>Ornitocidio</title><content type='html'>Yo tenía ocho o nueve años, era primavera y ese fin de semana había ido con mis abuelos al chalé que teníamos en Los Molinos. En aquella época del año era raro que alguno de mis amigos estuviera por allí con sus padres, así que estaba solo y de alguna manera tenía que entretenerme. No se me ocurrió otra cosa, dada la fascinación que yo tenía entonces por las armas blancas, que fabricarme un arco. Para ello emplee lo que tenía más a mano: una dura y flexible caña de bambú que el jardinero había cortado y que encontré entre los restos de la poda del invierno, una goma que corté de una carpeta y unas finas varillas de madera del armazón de una cometa que nunca había conseguido hacer volar. Apoyando uno de las puntas en el suelo, mi pie como tope, y doblando la otra con al brazo, pude tensar la caña, a la que previamente había practicado dos hendiduras con un cuchillo, donde colocaría ambos extremos de la goma. Varias vueltas de cinta aislante reforzarían el conjunto, hasta dotarle de la solidez necesaria. Luego afilé las puntas de las varillas con ese mismo cuchillo y las endurecí al fuego, tal y como había visto una vez en televisión. Las plumas de la flecha las fabriqué con cinta aislante. De esta manera conseguí equilibrar su vuelo. Mis primeros ensayos los realicé sobre la corteza de un árbol a una distancia de diez metros. Aquello parecía funcionar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras varios intentos, logré calibrar mi puntería, animándome a aumentar la distancia, hasta conseguir acertar sobre el blanco a nada menos que veinte metros. A pesar de todo, el arco no poseía la suficiente tensión para arrojar con fuerza los proyectiles. La elasticidad de la goma era en realidad la responsable de que mi arma funcionara y de que consiguiera clavar los dardos en la blanda corteza de los pinos. No estaba mal, a pesar de todo, para un niño de ocho o nueve años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasé toda la mañana disfrutando de mi invento, imaginando batallas, escondiéndome en las arizónicas para sorprender un venado imaginario o huyendo heroicamente de enemigos invisibles. Pero pronto me cansé de aquel juego que no podía compartir con mis amigos. Las puntas de las flechas, además, se estaban desgastando y ya no conseguía clavarlas como al principio. Cuando el aburrimiento y el capricho ya estaban haciendo mella en mí, un ruido en la ventana llamó mi atención. Al acercarme en silencio pude escuchar el sonido de un gorjeo surgiendo de la parte superior de la persiana. Era normal. Todos los años mi abuela descubría nidos en los lugares más insospechados de la casa. Empujado por mi maliciosa curiosidad infantil, hurgué con un extremo del arco en el cajetín donde se enrollaba la persiana. El ruido que producía parecía alarmar al ave que se encontraba en su interior. Insistí con mis amenazantes exploraciones. No veía nada, pero sabía que había algún lugar por el que se introducían el pájaro. Quería verlo, sacarlo de allí, acariciarlo. Cuando creía que nunca lo conseguiría, un bulto de plumas cayó al suelo, a mis pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era como yo me lo imaginaba. La criatura que se revolvía en el suelo era una cría implume cubierta por unos pelillos grisáceos. Yacía boca arriba, indefensa, y gorjeaba desesperadamente. Miré a mi alrededor, más por miedo a que me descubrieran que por tratar de descubrir a su madre. ¿Qué hacer? El animal, entretanto, agitaba sus alas tratando de incorporarse, con un gorjeo insistente que empezaba a asustarme. Pensé en devolverlo a su lugar, pero no lograba encontrar la localización exacta de su nido. Tendría que hacerme cargo de aquella criatura, adoptarla, algo que sabría no me permitirían. ¿Qué hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resolví que tendría que deshacerme de ella, matarla antes de que me descubrieran. Miré el arco, sopesándolo varias veces y, dirigiéndole la mirada, lo tensé. Al principio no me atreví a apuntar a aquel animal, un pudor me lo impedía. Aquello iba a ser un asesinato. Yo lo sabía y eso me llenaba de pensamientos pavorosos. Era  muy probable que yo no recibiera castigo por aquel acto que, finalmente, ejecuté con frialdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Disparé la primera flecha a quemarropa, sobre la vertical, que se clavó superficialmente en el muslo. Después de mi primer y fallido primer ataque, la expresión del pájaro era una mezcla de incomprensión y dolor que no podía ser pronunciado. Después, abrió el pico, gimiendo mudo, hasta relajarse agónicamente. Tras observarlo durante unos instantes, volví arrojarle uno de mis dardos. En esta ocasión logre penetrar el pecho, pero a pesar de todo, continuó viva con una horrible expresión que parecía denunciar mi crueldad. Un hilillo de sangre brotaba de ambas heridas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tres, cuatro, cinco flechas y el pajarillo seguía vivo. Estaba prolongando su tortura hasta límites que ni yo mismo soportaba. Inesperadamente, la sexta atravesó limpiamente su cabeza, convirtiéndolo en un amasijo sanguinolento que no gorjeaba pero que me atormentaba con la misma e insistente pregunta: ¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué los ha hecho? Fue como si el Dios del Antiguo Testamento hubiese descendido hasta mi jardín, y señalándo mi crimen, me hiciera sentir como Caín después de asesinar a su hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y como Caín también, yo llevo desde entonces la marca de los asesinos. En aquella ocasión fui rematadamente malvado. Me deshice del cuerpo, que envolví en un trapo, y lo oculté entre unas zarzas, en un prado cercano a mi casa. Procuré olvidarme de aquello, pero lo cierto es que nunca pude y aún hoy me cruza un escalofrío cada vez que recuerdo este episodio que siempre manchará mi vida. ¿Cómo hacerme perdonar? ¿Cómo limpiar mis manos de aquella sangre? A veces me justifico y pienso que sólo era un niño asustado por las consecuencias de una travesura. Yo sé que no es cierto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114184216306909725?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114184216306909725/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114184216306909725' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184216306909725'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184216306909725'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/ornitocidio.html' title='Ornitocidio'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114184173819666024</id><published>2006-03-08T10:12:00.000-08:00</published><updated>2006-03-08T10:15:38.226-08:00</updated><title type='text'>En el internado</title><content type='html'>Esta mañana me he mirado en el espejo y me he descubierto un barrillo cerca de la nariz. Es blanco, grasiento y me pica cuando lo acaricio suavemente con la yema del dedo. Este granito sin importancia, este espinilla demasiado delicada, me está pidiendo que la apriete entre mis dedos hasta reventarla. A ciertas mujeres les encanta extraer estas sebosidades de la espalda de sus parejas, tarea a la que suelen dedicar con minuciosa morbosidad. Qué cosa más extraña este juego que suele verse en las playas y que a mí me resulta del todo repugnante. En los tiempos del internado, con quince o dieciséis años, había en mi clase uno de esos chicos al que la desgracia le había caído en pleno rostro. Se apellidaba Santaella y tenía unos granos enormes. Llevaba mal su patología –qué otra cosa podría ser aquel rostro de topografía lunar-, así que nunca te miraba a los ojos o lo hacía de lado, siempre con la cabeza gacha, avergonzado de su acné recalcitrante y brutal. Todos nos compadecíamos de él. Sentíamos que la suya era una vida triste y un poco paria. A esa edad en que las chicas suelen enamorarse de las pieles tersas y elásticas de los adolescentes, aquel rostro era condenatorio, como una marca excluyente que le cerrara las puertas de la primera sexualidad. En una ocasión recuerdo que se estaba rascando una de aquellas costras de color pardusco cuando, de repente, se reventó sin querer un grano. Entonces un líquido, mezcla de pus y sangre, brotó como de un surtidor para caer en la camisa blanca de una de las chicas más guapas de la clase. Incluso ahora puedo ver el revuelo que causó aquel suceso y las lágrimas de impotencia y humillación que aquel pobre muchacho vertió cuando pudo apreciar el asco que aquella supuración nos produjo a todos. La chica, con gran dignidad, reprimió su náusea y tuvo incluso la delicadeza de hablar con el pobre Santaella, minimizar su desgracia, lo que no consiguió. Meses después, nos contó uno de los profesores, el chico se cortó las venas en su casa, atormentado por sus granos terribles. Los padres lo encontraron en la bañera con todos los granos sajados, como si antes de poner fin a su vida hubiese intentado por última vez librarse de su maldición. No estuvimos allí para salvarlo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114184173819666024?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114184173819666024/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114184173819666024' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184173819666024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114184173819666024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/en-el-internado.html' title='En el internado'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114167070410916432</id><published>2006-03-06T10:37:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:46:02.103-08:00</updated><title type='text'>Un clavel en la solapa</title><content type='html'>-Dime, ¿por qué compramos un libro?, preguntó con diurnidad y alevosía.&lt;br /&gt;-¿Qué libro?, preguntó acomodándose a su asalto dialéctico.&lt;br /&gt;-No sé, cualquier libro. &lt;br /&gt;-Bueno, eso depende.&lt;br /&gt;-Entiendo...&lt;br /&gt;-No te aflijas. Es que muchas veces no sé por qué compro un libro.&lt;br /&gt;-Quieres decir que compras libros compulsivamente.&lt;br /&gt;-No, simplemente que los libros me eligen a mí.&lt;br /&gt;-Vamos, hombre...&lt;br /&gt;-Que sí, que sí. El otro día “El barón rampante” me guiñó un ojo. Y hace un mes, más o menos, curioseaba un librería de viejo y una antigua edición de “La isla del tesoro” me silbó al oído una conocida melodía pirata.&lt;br /&gt;-¿Has ido al psiquiatra?&lt;br /&gt;-La verdad es que no.&lt;br /&gt;-Creo que ya es hora.&lt;br /&gt;-No estoy loco. No tanto como algunos solapistas.&lt;br /&gt;-¿Solapistas?&lt;br /&gt;-Sí, solapistas. Los que redactan las solapas de los libros, los que magnifican, los que ponderan, los que ensalzan la gloria (muchas veces efímera) de los escritores. Son, en ocasiones, los responsables de que leamos muchos libros, algunos buenos y algunos malos, pero responsables al fin y al cabo.&lt;br /&gt;-¿Y están locos como tú dices?  &lt;br /&gt;-Muchísimos. No me fío de ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre despidió a su amigo un poco trastornado y enfiló la avenida ancha y desierta de su vieja ciudad de provincias. Casi sin pensarlo, atraído por el atractivo escaparate, se detuvo frente a la librería. En menos de lo que uno tarda en decir “novela”, dirigió los lentos tijeratazos de sus pasos hacia la puerta. Unos instantes después, el librero le sonreía complacido, como sólo lo hace un niño a su padre en el trance de exigirle un juguete. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pronto comenzó el donoso escrutinio. El eco de las voces de su trastornado amigo resonaba próximo, como en algunas películas: "La solapa, mira la solapa", escuchó mientras manoseaba &lt;em&gt;De lecturas y algo de mundo&lt;/em&gt; (Seix Barral), de Álvaro Mutis:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“La hidalguía característica del estilo de Álvaro Mutis, que aúna el gusto por el esplendor verbal y la sutil ironía de lo aparentemente extemporáneo, otorga su nervadura a estas páginas” y bla bla bla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un estilo hidalgo -no sabemos si quijotesco también- a lomos del esplendor verbal y la sutil ironía (todas las ironías son sutiles como de noche todos los gatos son pardos) de lo aparentemente extemporáneo, otorgando su nervadura a estas páginas...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sensacional, fantástico, maravilloso, que dirían en la tele. Sublime, como diría  Luis Antonio de Villena, esta obra cuyo solapa se remata con un inspiradísimo “vigor personalísimo dibujan la cartografía de una fecunda aventura del espíritu”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y todo, pensó, para hablar de un libro que refrita unos por lo demás interesantísimos artículos y reseñas del autor. Obra sin duda modesta en la trayectoria del creador de Maqroll, pero que debe ser convenientemente rebozada por un puñado de epítetos. Cosas del márketing, pensó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más inquientante le pareció a nuestro personaje, la descripción estilística: “Con su inagotable curiosidad intelectual y sus profundos conocimientos (¿por qué no emplear abisales?) literarios e históricos, Álvaro Mutis, poeta y narrador, penetra en su propia cultura para mostrarnos caminos olvidados, riquezas escondidas, historias ejemplares, o la verdad escueta acerca de las facetas, profundas (oh, adjetivo repetido que echa a perder una hermosa enumeración), del mundo que nos rodea (claro, el mundo siempre nos rodea).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Burdas patrañas. Como que la nieve es blanca, por narices se le supone un mínimo de “curiosidad intelectual” a nuestro querido amigo Mutis, “poeta y narrador”, del que nunca (repetimos, nunca) dudamos de sus “conocimientos literarios e históricos”, como de muchos otros escritores. Por si fuera poco, como para dar solidez a sus afirmaciones, el solapista se pierde por las trampas de un lirismo de alcoba con chimenea sobre “el mundo que nos rodea” y sus “caminos olvidados” (ay, todos se olvidan) y “riquezas escondidas”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Mutis pasó a Jose Luis Ferris, menos conocido pero no obstante perseverante escritor, quien recientemente ha publicado &lt;em&gt;El amor y la nada &lt;/em&gt;(Planeta). Bajo este título a lo Sartre y poco afortunado se esconde una biografía alternativa del poeta Miguel Hernández, bastante insulsa por cierto, aderezada por una solapa de altura:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Madrid, hacia 1930 (nótese la imprecisión de la fecha y el tono policíaco de su comienzo). Escritores y artistas comparten una misma aventura. Federico García Lorca, Pablo Neruda, Rafael Alberti (ojo con su viuda), Luis Cernuda, Maruja Mallo, Margarita Xirgu (nótese también la ausencia de la Y copulativa en este desfile de personalidades). En este hervidero de creatividad, de profundas transformaciones (si no son profundas no valen) sociales y políticas, aparece Manuel Gilabert (Miguel Hernández novelado), un poeta rural, absolutamente sublime, absolutamente entregado a la pasión del verso (son muchos absolutos terminados en mente), a la intrincada búsqueda de la gloria. Pero muere joven y existen retazos de su vida que son un misterio”. Si fuera posible, aunque ya se andará con eso del libro electrónico, este fragmento debería acompañarse con una apasionada melodía de violines.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego, de una forma harto imprecisa (aunque el asesino es el mayordomo), continúa con el cuerpo de la solapa, que remata con una coda. “En El amor y la nada, José Luis Ferris nos cuenta de una manera irresistible una historia verdadera con personajes tan reales que se confunden sin remedio en la imaginación del autor”. Lo ideal sería que se confundieran (con remedio o sin él) en la imaginación del lector, que para eso paga, pero parece que no hay tu tía. El autor, el autor, siempre el autor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A estas alturas, nuestro personaje, un poco contagiado de la libresca locura de su amigo, comienza a considerar la terrible arbitrariedad de las solapas, su inanidad, la forma tan vaga de hablar de algo que ya está dicho. Claro que más problemas presenta la poesía. En la mayoría de los casos, no vienen acompañadas de las solapas; en otros, suele ser un poema del propio autor el que nos invita a la lectura. En el peor, fatuas divagaciones, aburridas consideraciones sobre “la esencia de la verdadera palabra”, que nos ponen los pelos de punta y nos invita a la intrigante lectura de &lt;em&gt;El asombroso mundo de las esporas&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No faltan, como hemos dicho, las “sutiles ironías” en las solapas, ni las “crónicas incisivas de la actualidad” (muchas veces rabiosas), como tampoco los “prolíficos escritores” ni las “jovenes promesas” ni las “agudas miradas y al mismo tiempo reflexivas”. Todo vale si uno tiene que maquillar el agrietado rostro de algunas prosas menesterosas o simplemente geniales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay casos más lamentables. Son aquellos en los que las solapas nos acribillan con citas extraídas del &lt;em&gt;New York Times &lt;/em&gt;o el &lt;em&gt;Albacete Herald&lt;/em&gt;. “Es un moderno Tom Wolfe negro que evoca lo terrible de la condición humana” o (esta es mejor) “gracias a Michel Houllebecq la literatura está lejos de decir su última palabra”, versión literaria esta del mito del bíblico del mesías que nos ofrece Gérard Guégan en la solapa de &lt;em&gt;Ampliación del campo de batalla&lt;/em&gt; (Anagrama). Excelente novela, por cierto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;La solapa universal&lt;/strong&gt; &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te ofrecemos un modelo infalible para confeccionar tus propias solapas. No importa que usted sea cervantino, quevedesco o benetiano, o un escritor novel o de gran prestigio. Nuestras recomendaciones le facilitarán la ardua tarea de glosar en pocas palabras el contenido de su obra maestra, de forma ignota y convencional, y salir así al paso de en las librerías. Consulte a su agente literario antes de administrarse estos consejos. Puede producir verborrea y asfixiamiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“TITULO es una novela que refleja, con acidez e ironía no exenta de intensa emoción, los tiempos de la convulsa sociedad del siglo EL QUE SEA y de la condición humana. Sus protagonistas, seres que habitan el pálpito de la más hondas contradicciones, conforman un vívido caleidoscopio de pasiones reunidas en clave ADJETIVO. De esta forma, FULANITO, a través de un estilo mordaz e incisivo nos descubre en toda su desnudez los resortes del comportamiento del hombre moderno. Es probablemente la desesperada llamada del autor al fenómeno tan extendido del decaimiento de los valores, la amenaza de la incomunicación, la crisis de la pareja, el liberalismo económico, la soledad, el sexo sin protección y la muerte de Dios”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Publicado originariamente en Notodo.com&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114167070410916432?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114167070410916432/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114167070410916432' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167070410916432'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167070410916432'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/un-clavel-en-la-solapa.html' title='Un clavel en la solapa'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114167019242255713</id><published>2006-03-06T10:35:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:36:32.423-08:00</updated><title type='text'>María la portuguesa</title><content type='html'>«¿Me darás placer oral?», le dice una dulcísima María de Medeiros, casi de peluche, a un rudo Bruce Willis, puro hormigón, en Pulp Fiction. Han pasado ya diez años desde que escuché en el cine aquella bendita frase, pronunciada con esa ternura que nos está vedada incluso a los hombres que, como yo, no son de pelo en pecho. Hoy, según veo en el periódico, la pasan por televisión y me quedaré a ver cómo Willis se cabrea con mi fetiche por haberse dejado el reloj en el «cangurito».&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114167019242255713?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114167019242255713/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114167019242255713' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167019242255713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167019242255713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/mara-la-portuguesa.html' title='María la portuguesa'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114167011062795397</id><published>2006-03-06T10:29:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:35:10.630-08:00</updated><title type='text'>Dobles y triples</title><content type='html'>Esta mañana, en Lamiak, me he sentido feliz de pronto. No he parado de fijarme en uno de los camareros. Aunque tenía el pelo negro, se parecía al Woody Allen de &lt;em&gt;Bananas&lt;/em&gt;: pelo revuelto en las sienes, tonsura, gafas de pasta negra, cráneo de bombilla, cierto aspecto de divertido desamparo que me han llevado a pensar que, tal vez, este tipo ha mejorado intencionadamente una semejanza que me parece muy poco casual. Al acercarme a la barra para pedir una ronda de cañas, una chica de aspecto moderno, pero a pesar de todo poco atractiva, le ha dicho: “Oye, ¿te han dicho alguna vez que te pareces a Woody Allen?”. El camarero a sonreído con desgana, como compadeciendo su ocurrencia, y me ha parecido que ha hecho un esfuerzo para no soltarle una grosería. Ah, si la chica hubiese sido más guapa… Creo que el chico le habría dado palique. Si uno es tan feo como Woody Allen, parece obligado enamorar a una guapa con la inteligencia centelleante y respingona de una Diane Keaton. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A mí también me gustaría parecerme a Woody Allen. Pero lo cierto es que soy infinitamente más guapo que él, tengo más pelo y no me he criado en Brooklyn. (Del barrio de Salamanca sólo pueden salir gente inconcreta y despistada como yo, o primos de clase alta que los fines de semana se van a celebrar capeas a Valdemorillo). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca me he abrazado neuróticamente a la religión más cercana, ni me atormenta la idea de la muerte o un tumor en mi cerebro “del tamaño de una pelota de baloncesto”. No, no puedo ser como Woody Allen y haber pensado de niño que “el universo se expande”, llenándome de pavor la sola idea de que el universo es tan elástico como un chicle en la boca de una cajera de supermercado. Tampoco tengo una gracia casual y genuina para el diálogo mientras camino por las aceras de mi ciudad, este Madrid que ya quisiera yo tuviese una grandeza a la altura de &lt;em&gt;Rapshody in Blue &lt;/em&gt;de Gershwin. Ni sé decir con gracia, después de hacer el amor: “Es la primera vez que me lo paso tan bien sin reírme”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, lamentablemente, no soy Woody Allen, ni soy judío. Además, tengo muy poco interés por el cine de Ingmar Bergman, aunque considere que &lt;em&gt;La hora de los lobos &lt;/em&gt;es una de las mejores películas de terror que he visto en mi vida, y por lo demás me gusta Wagner, lo escucho a todas horas, y no por eso me entran unas ganas tremendas de invadir Polonia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es muy difícil que alguna vez yo pueda ser Woody Allen, aunque ya me gustaría parecerme un poco al feo más inteligente que conozco, ceder un poco de mi modesta belleza a la causa de una genialidad como la suya. Esto, por supuesto, es más difícil que parecerse sin más a Woody Allen, que es lo que hacía esta mañana ese usurpador de prestigios que ha despreciado la simpática ocurrencia de esa chica moderna que lo saludaba como a uno de los grandes genios de nuestro tiempo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi falso doble de Woody es doblemente falso. Todos, bien pensados, no tenemos un doble, sino dos. Existe un triple, una identidad trinitaria que nunca está en el sí, nunca está en el no, empatado con nuestras dos mitades. Nunca gana, nunca pierde, aunque tiene ya ganada una victoria, y se pitorrea de nosotros, ya que apenas lo conocemos. Ese tercero, ese triple carácter, suele aparecerse en nuestros peores momentos. No para contradecirnos, sino para ofrecernos un tercer camino, esa alternativa que sólo toman los desesperados y que termina en una vía muerta llena de vagones oxidados. No hay que escuchar jamás a ese tercero en discordia. Cree, si acaso, en el primer doble, en nuestro segundo de a bordo, en ese que aspira a relevar al capitán de su tarea rectora. Al menos tiene ganas de pilotar el mismo barco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114167011062795397?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114167011062795397/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114167011062795397' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167011062795397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114167011062795397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/dobles-y-triples.html' title='Dobles y triples'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166969594297588</id><published>2006-03-06T10:15:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:28:15.973-08:00</updated><title type='text'>Genealogía del horror</title><content type='html'>Suele decirse que la novela es el género literario por excelencia del siglo XIX. Esta afirmación no es errónea, pero ya se sabe, la novela siempre ha sido un género de gran éxito popular. Si admitimos que la novela decimonónica describió la lucha del individuo contra las instituciones, si ejemplificó las aspiraciones de una cierta burguesía y, en cierta forma, fue su reflejo, entonces sí, la novela es el gran envoltorio textual del siglo de Dickens, Flaubert y Balzac. Pero si hablamos de evasión, de imaginación disparada hacia lo desconocido, si hablamos de la duda o de la decadencia, si creímos que en algún momento el progreso científico pudo amenazar –o amenaza- la supervivencia del ser humano, de una mórbida atracción por la muerte o del retorno a los orígenes, entonces es necesario hablar del cuento fantástico y del siglo XIX.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nada mejor que el cuento fantástico para penetrar en las oscuras interioridades del individuo y explorar su sensibilidad más radical, vislumbrar sus estructuras paleomentales y liberar al animal sometido al dictado de la razón. Nada mejor para recuperar lo olvidado, edificando, si fuera preciso, sobre lo monstruoso, lo irreal o lo gótico. Esta es la esencia del cuento fantástico y esa es su modernidad, que sirvió para que el hombre hablara de cosas que le atañen muy cerca: el miedo, la sexualidad, la muerte y el asombro por lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el hombre actual no sólo lee. Va al cine, alquila DVD´s, consume música en el coche, navega por Internet. Su imaginación es perezosa y su capacidad de asombro es muy escasa. Se ha acostumbrado a contemplar la muerte vía satélite y piensa: “Eso sólo le ocurre a los demás”. No obstante, la muerte, el misterio, lo desconocido, siguen estando ahí, acechando, no siempre para asestarnos un zarpazo, pero están. Basta con que nos zambullamos en la lectura de un cuento de terror o de una aventura fantástica para volver a experimentar esa sensación, no siempre incómoda, que nos precipita en el vértigo, en el Maélstrom –si leemos a Poe-. Más que nunca, el lector actual de literatura fantástica es un lector nostálgico, porque echa en falta algo y cree poder recuperarlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es posible que ese lector no necesite explicarse por qué le gusta tanto estremecerse con las pesadillas de Lovecraft, de Hoffmann o de Hawthorne, pero tiene que saber que en el siglo XIX, el siglo de los románticos, las levitas y el ajenjo fue un siglo que se atrevió a imaginar lo pavoroso, de saltar sin red hacia lo desconocido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La narración fantástica tiene sus antecedentes más inmediatos en el cuento filosófico francés, en la terreno de la pura especulación abstracta y moral. Contradictoriamente, el siglo XVIII, el siglo de la racionalidad, plantó la semilla de la irracionalidad, como muy bien comprendió Goya, que pintó esa fractura del alma del hombre en sus pinturas negras. Saturno devorando a sus hijos no está muy lejos de esas malvadas madrastras de los cuentos infantiles. El cuento de terror y Voltaire son casi contemporáneos. De hecho, la forma de narrar del ingenioso francés en Cándido es tan vertiginosa, tan cinemática, que recuerda a los desenlaces de los cuentos de terror o las &lt;em&gt;ghost stories &lt;/em&gt;inglesas. Basta con leer la excéntrica forma de presentarnos las peripecias de Cándido y Pangloss para creernos que estamos ante una relato fantástico. Esto se cumple tan a rajatabla que el terremoto que se describe en el libro, y que realmente ocurrió en Lisboa hace tres siglos, nos parece una burda argucia narrativa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Los viajes de Gulliver&lt;/em&gt;, de Jonathan Swift, no es un cuento para niños. Cierto que posee elementos muy atractivos para una mente infantil, pero es una obra tan irónica y pesimista, que uno no llega a comprender por qué se han realizado adaptaciones cinematográficas y series de dibujos animados. El factor Dysney ha sido determinante, ya que la verdadera intención de su autor no fue entretener, sino poner en solfa las instituciones británicas, parodiándolas. Gigantes, liliputienses, caballos que hablan, científicos chalados y un protagonista caído en el abismo de lo absurdo son elementos que hay que tener en cuenta. Swift sabía el poder alegórico de la narración fantástica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El siglo XVIII es también el siglo en que Galland traduce al francés &lt;em&gt;Las mil y una noches&lt;/em&gt;, probablemente el más maravilloso de los cuentos maravillosos. Este título que no es arbitrario (los árabes antiguos detestaban las cifras redondas)  ya está sugiriendo el prodigio. Sherezade, para evitar su muerte, se compromete a narrarle todas las noches a su esposo, que amenaza con matarla, un cuento. El ingenio de esta mujer es tan prolífico, tan a la altura de un Lope de Vega, que el lector corre peligro de perderse en el infinito. Simbad, el Roc, Aladino y el Genio (dígase Efrit) aparecen desperdigados por sus páginas, que contienen también un alto grado de erotismo. Otra vez interviene el factor Dysney, corrompiéndolo todo, y una reacción opuesta: la picante adaptación cinematográfica de Pasolini.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo caso, de tanto plantearse la realidad física, social y económica, cansada de tanta abstracción, la literatura llegó a un punto en el que comenzó a plantearse la realidad, a preguntarse si realmente valía la pena tanto silogismo bicornuto, tanta mecánica celeste si lo que realmente nos inquieta está en nosotros mismos y no puede aliviarse con teoremas o fórmulas matemáticas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos fecundos antecedentes, por citar tres ejemplos muy sobresalientes, estimularon la imaginación de ciertos lectores que allá por la Alemania imperial quisieron ser protagonistas de su propio literatura: los románticos alemanes, con los nace el cuento fantástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los románticos, inspirados por el idealismo filosófico y por dar cuerpo a su realidad interior, dejaron libre su mente, hablaron de lo subjetivo y finalmente esclarecieron el significado del símbolo. De este período, muy por encima de los demás, sobresale Hoffmann, autor de &lt;em&gt;Las minas de Falun&lt;/em&gt; y de esa pequeña pieza maestra que es &lt;em&gt;El hombre de arena&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es probablemente el cuento que mejor convoca la tradición gótica alemana. Plantea desde un principio la duda entre lo real-concreto y lo irreal-imaginario. La tranquila vida burguesa de su melancólico protagonista se interrumpe fatalmente por la aparición de un misterioso hombre que de niño llamaba El Hombre de Arena (el coco infantil) con consecuencias fatales. Pero el verdadero hallazgo no está siquiera en su arquitectura narrativa, hábil aunque convencional, sino en los resortes que desencadenan los terroríficos episodios de delirio. Un siglo antes de que se publique “La interpretación de los sueños” Hoffmann introduce algo similar al inconsciente freudiano, aunque en un grado muy elemental. El elemento fantástico es relativo. Existe, pero no por eso el protagonista deja de ser un perturbado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí hay que mencionar la aparición en este relato de Olimpia, la autómata, el ser artificial que posteriormente y en el mismo siglo sería explotado por Mary Shelley y su engendro viviente. Una invención no del todo original, porque toda cultura registra seres animados artificialmente. Ya en la mitología griega aparece el gigante de bronce Talos, precursor de los androides galácticos; los judíos tienen al gólem de Praga, ese simulacro que tanto fascinó a Borges. Habrá que esperar al siglo XX  para que el checo Karel Kapek en &lt;em&gt;R.U.R&lt;/em&gt; hable por primera vez del robot (esclavo).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Las minas de Falun&lt;/em&gt; adopta una visión diferente de lo fantástico y nos introduce de lleno en ese &lt;em&gt;sense of wonder&lt;/em&gt; que describen los especialistas anglosajones. La exaltación romántica y sombría de la naturaleza alcanza cotas insospechadas. En esta narración el mundo subterráneo y mineral posee un encanto tan asombroso que su protagonista, Ellis, llega a renunciar a la luz del sol porque cree haber encontrado su paraíso ideal. Pero hay algo más importante en un discurso fantástico y que está presente aquí: el significado, el poder alegórico que esconden esas cavernas...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue un brillante principio. En esa misma época escribe también Eichendorff, precursor de los mundos paralelos, quien en &lt;em&gt;Historia de un holgazán&lt;/em&gt; relata el viaje de Tannhäuser al paraíso erótico de Venus. El compositor Richard Wagner le dedicaría una de sus más conocidas óperas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La herencia del cuento fantástico alemán es tan rica que haría falta una tesis doctoral de mil páginas para poder dar cuenta de todos sus autores, pero no podríamos pasar página a este espléndido episodio de la literatura si no citásemos &lt;em&gt;Isabel de Egipto&lt;/em&gt;, de Chamisso. Y por supuesto a Jan Potocki, genio de lo bizarro, término que emplean los ingleses para definir las historias que mezclan lo terrorífico, lo erótico y lo exótico. Es el autor de &lt;em&gt;El manuscrito encontrado en Zaragoza&lt;/em&gt;, narración de narraciones en la línea de &lt;em&gt;Las mil y una noches&lt;/em&gt;. La propia historia del libro resulta de por sí fantástica, porque desapareció durante casi siglo y medio. No se encontró hasta 1958. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablar de cuento fantástico es hablar de “cuento a lo Hoffmann”, afirma Italo Calvino. Hoffman no sólo establece la perplejidad frente a un hecho increíble, presentando distintos niveles de realidad en sus relatos, sino que deja siempre un lugar para la explicación racional. El elemento sobrenatural no es necesario para crear una atmósfera fantástica. De hecho, habría que distinguir entre lo fantástico y lo maravilloso, que es una aceptación de lo inverosímil. El propio filósofo Arthur Schopenhauer consagró &lt;em&gt;Ensayo sobre las visiones de fantasmas&lt;/em&gt; a la explicación racional de apariciones de espectros, pero habría que explicar por qué lo hizo, si tan escéptico se mostró con este asunto. ¿&lt;em&gt;Sense of wonder&lt;/em&gt;?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cuento gótico, que incorpora elementos fantásticos y sobrenaturales, merece una atención aparte. Es un género autóctono de Inglaterra y arranca con la publicación de &lt;em&gt;El castillo de Otranto&lt;/em&gt; (1764) de Horace Walpole, narración melodramática y sensacionalista que causó cierto malestar entre la comunidad literaria de la época por incorporar una estética de ultratumba. Pero esa estética podía rastrearse en los &lt;em&gt;graveyards poets&lt;/em&gt;, en Thompson y Gray, y en la oscura y enfermiza poetisa Anne Radcliffe. Su imaginería es netamente romántica, se relaciona con una devaluación de lo apolíneo de la literatura clasicista, se vincula al exceso y se instala en las húmedas y sombrías arquitecturas que dan nombre al género. Sus temas se vinculan por lo común a la imposibilidad de consumar un amor y a la recuperación del pasado, ya sea mítico, medieval o infantil. Ruinas, templos, profanaciones, enfermedades, asimetrías, desorden, naturaleza corrompida y una particular forma de susurrar al oído del lector palabras impronunciables dieron forma al género.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si hay un autor que convoque todo el poder de lo gótico ese es Edgar Allan Poe, descubierto en Europa gracias a las primeras traducciones realizadas por Baudelaire. Poe frecuentó todos los temas posibles de la literatura gótica, si exceptuamos el vampirismo y la licantropía, más explotados en el siglo XX por el cinematógrafo. Por lo demás, todo está en Poe: casas encantadas (“La caída de la casa Usher”), bromas macabras (“El barril de amontillado”), el mesmerismo (“El extraño caso del señor Valdemar”), la aventuras fantásticas “El descenso del Maëlstrom”, etc.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Heredero directo de Poe es, sin duda, mi autor fantástico favorito, el blasfemo y tumefacto Lovecraft.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La razón se acaba imponiendo en el siglo XIX, aunque los románticos supieron que en nuestra memoria genética aún perdura el pavor del hombre primitivo ante lo desconocido. Pero también la atracción por el mal en estado puro y el goce por la contemplación de lo escabroso movieron a estos escritores a plasmar sus pesadillas particulares. El norteamericano Howard Philips Lovecraft (1890-1937), cuya vida fue realmente de pesadilla, se olvidó del cuento tradicional inglés de muertos que deambulan y elevó sus fantasías a la categoría de cosmogonía del espanto. El vampiro del doctor Polidori, secretario de Lord Byron, o el humano recompuesto de Mary Shelley fueron cadáveres animados planteados como blasfemias. &lt;em&gt;Drácula&lt;/em&gt;, de Bram Stoker, fue la exagerada visión de la sexualidad en plena y puritana era victoriana. ¿Qué se puede decir de las impronunciables deidades Cthulhu y Nyarlathohep?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá lo más interesante es el absoluto paganismo de sus planteamientos. Toda la tradición que precedió a Lovecraft, que era ateo, hundió sus raíces en el cristianismo, ensuciándolo. Frankestein y Drácula eran desafíos, cumplidas prohibiciones impuestas por Dios. Cthulhu, el durmiente de los océanos, es una deidad monstruosa e irracional procedente de algún lugar del universo. Es el horror sin forma, la neurosis colectiva que envenena la especie humana arbitrariamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo sobresaliente también del universo lovecraftiano es que fue sistematizado. A la manera del panteón griego o romano, sus aberrantes deidades fueron jerarquizadas, ordenadas por áreas de influencia, las cuales podían ser invocadas mediante el Necronomicón, el libro de los muertos. Esto permitió que apareciera lo que se llamaría “Círculo de Lovecraft”, toda una generación de escritores que continuaron con el legado del maestro con los que llegaría a mantener amistad por correspondencia  y un fructífero intercambio de ideas. De esta manera, su obra se transformó en un trabajo colectivo. A cada uno de ellos llegaría a bautizarles: Robert E. Howard, el creador de Conan, fue Bob Dos Pistolas; Frank Belknap, Belknapius; Robert Bloch, Bho-Blok; Virgil Finlay, Monstro Ligriv. Su más que digno discípulo, August Derleth, fue el Conde d´Erlette.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lovecraft comenzó como un epígono de Lord Dunsany y acabó como patriarca de un verdadero culto literario. Hasta 1926, con &lt;em&gt;La llamada de Cthulhu&lt;/em&gt;, no maduraría su particular ciclo mitológico, que dominarían las lóbregas casonas de Nueva Inglaterra, la maldita ciudad portuaria de Innsmouth o el manicomio de Arkham, todo una geografía recreada para albergar el terror. Sus aplicados alumnos habitaron con sus freudianas pulsiones estos lugares y completaron los mitos para ofrecernos algunas de las mejores páginas del género.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Los mitos de Cthulhu &lt;/em&gt;(Alianza Editorial) es probablemente la mejor selección de narraciones disponibles en castellano. Incluye algunos de los mejores cuentos del propio Lovecraft y de tres de sus mejores seguidores: Derleth, Bloch y Campbell. &lt;em&gt;Viajes al otro mundo&lt;/em&gt; (Alianza Editorial), es el ciclo de aventuras de Randolph Carter, el atribulado héroe del escritor. Con &lt;em&gt;La habitación cerrada&lt;/em&gt; (Alianza Editorial), escrita por Derleth a partir de los borradores del propio Lovecraft, el lector de habla hispana puede completar su aproximación al horror cósmico de esta espantosa saga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166969594297588?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166969594297588/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166969594297588' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166969594297588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166969594297588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/genealoga-del-horror.html' title='Genealogía del horror'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166878692726189</id><published>2006-03-06T10:09:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:13:06.930-08:00</updated><title type='text'>El cine según Ramón</title><content type='html'>«No soy un escritor, ni un pensador: soy un mirador». Lo decía Ramón Gómez de la Serna, autor psicotrónico, en el prefacio de su libro &lt;em&gt;El Circo&lt;/em&gt;. «Miro y nada más», añadía. Luego, en una reciente edición de Cinelandia que reposa en mi mesa mientras escribo estas líneas, insiste: «La palabra está en los ojos». &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como la greguería, píldora de ingenio, la visión de Ramón es poética y cinematográfica. Se advierte en ocasiones en su obsesiva astucia, en su manera revirada de tantear las cosas, como si abusara de ellas, en ocasiones pervirtiendo su normalidad, otras veces erosionando con poesía sus perfiles más rutinarios, pero siempre con ternura. «Un tarugo de madera, un gran clavo, un cenicero, son elementos filosofales, claves del universo...»&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y el cine, la gran farsa del siglo XX, que lo atrae con sus acharolados zapatos hollywoodienses, mucho antes de que oscuros cronistas (Kenneth Anger) la transformaran en una Babilonia pecaminosa. El cine, sobre el que escribió con gran ironía, lo reclama como uno de sus hijos predilectos, solicitándole patente de ramonismo, derecho de asombro, misticismo de chamarilería. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cine, que entonces comenzaba a penetrar en el lóbulo frontal de la imaginación colectiva, infeccionando de bovarysmo nuestras costumbres, alicatando nuestras penumbras con estrellas de brillos presocráticos. El cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gran caverna de Platón es hoy un multicine donde quedan suspendidas las realidades que no son tersas ni puras y adolecen de ramplonería. El cine, sobre el que Ramón escribió frases estupendas, como ésta, tan actual aún: «La falsa ciudad tenía una mañana dormida. Nadie por las calles, todas las aceras sin huella». De qué otra forma podría ser hoy Los Angeles, ese bastión de sueños que hizo posible &lt;em&gt;Sunset Boulevard&lt;/em&gt;. Allí todo amanecer es un crimen y un foco cerca la perturbada silueta de Gloria Swanson, mientras desciende las escaleras de la locura. Esto ocurre en «la ciudad que va a arder mañana».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A buen seguro que Ramón, tan coleccionista, habría poseído una gran videoteca en su casa, para espiar dos, tres y hasta diez veces &lt;em&gt;Sinfonía de una ciudad&lt;/em&gt;, como un Paul Morand sedentario, mientras incuba la gordura del niño pera. Tal vez Ramón fue el niño pera de las vanguardias, harto de esa vieja España de la añoranza, el camino viejo y el tedio colonial. Es el niño pera del cine.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cine, que Baroja no entendió, es para Ramón una &lt;em&gt;delicatessen&lt;/em&gt; propicia al paladar de los &lt;em&gt;gourmands&lt;/em&gt; –no confundir con &lt;em&gt;gourmet&lt;/em&gt;-, en que nos hemos convertido los cinéfilos. Ramón, que sólo hacía ascos al garbanzo de la mediocridad, prefiere los voluptuosos festines de Hollywood, con sus arcos voltaicos orlando la figura melancólica de Rodolfo Valentino, ese primer Brad Pitt que enamoró a las modistillas madrileñas con sus párpados cinéfluos. Ramón es un tragón al que la modorra encumbra a la cima de la gloria cinematográfica, mientras se toma un cócteil Charlot y desgrana, precisamente, la tesis del charlotismo, uno de los muchos «ismos» que censó este habitante del torreón de la calle Velázquez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué cine de hoy hubiese gustado al gordinflón? Uno quisiera saber si, efectivamente, el cine de hoy habría gustado al Ramón de ayer. Esta anacronía sin posibilidad, sin solución, es fascinante. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero el cine, convertido ya en comadreo, en ciencia académica, en esnobismo para clases medias, es ya otra cosa. No hay persona que no crea que sabe algo de cine y, sin embargo, lo mejor del cine sería no conocerlo en absoluto. Quiero recordar ahora ese asombro que experimentaron los obreros de Rusia ante el visionado de &lt;em&gt;El acorazado Potemkin&lt;/em&gt;, incapaces de descifrar el desfile de imágenes vertiginosas. Yo quisiera ser como ellos, no saber nada, para comprenderlo desde un principio. Ser visualmente un analfabeto, haberme quedado en los prodigios de una barraca de feria y alcanzar por un instante la libertad de un rudo obrero comunista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero he visto mucho cine, tanto que podría decir, como Roy Batty: "Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto brillar rayos C en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166878692726189?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166878692726189/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166878692726189' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166878692726189'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166878692726189'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/el-cine-segn-ramn.html' title='El cine según Ramón'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166853340772029</id><published>2006-03-06T10:06:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:08:53.406-08:00</updated><title type='text'>La importancia de leer a Wilde</title><content type='html'>“Todo arte es a la vez superficie y símbolo”, leemos en el prefacio de &lt;em&gt;El retrato de Dorian Gray&lt;/em&gt;, obra maniquea y pudorosamente desencantada con la que Wilde se reinvento a sí mismo. ¿Acaso no llegó a decir que el acto de escribir era desagradable? “No es un fin en sí mismo”, proclamó una vez el brillante &lt;em&gt;speaker&lt;/em&gt; que se paseaba –la barbilla orgullosa- por los amplios pero asfixiantes salones victorianos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vida y obra, inseparables, juego de espejos enfrentados. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hubo, no obstante, una voluntad de interpretar sus libros, de traspasar los márgenes del papel y continuar con el arte en la rutina del espacio social, en los jardines del tedio, en las avenidas de la hipocresía. El orden suele ser el siguiente: primero es el autor; después, la obra. Con Wilde tal vez ocurra al contrario, que el escritor viva según lo escrito, confirmando con hechos los inconsistentes trazos de su literatura. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Acaso un escritor no está condenado a comportarse como su propia obra? Si la obra de un escritor es frívola, éste debe mostrarse frívolo. Si prescinde del humor –como Hemingway-, ¿no debe volarse la tapa de los sesos? Ahí reside probablemente el enigma de Wilde, su dandismo, en el abigarramiento de dos materias insolubles, vida y obra, realidad y deseo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166853340772029?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166853340772029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166853340772029' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166853340772029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166853340772029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/la-importancia-de-leer-wilde.html' title='La importancia de leer a Wilde'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166830012406383</id><published>2006-03-06T09:59:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T10:05:00.126-08:00</updated><title type='text'>Un modesto narrador</title><content type='html'>Se le conoce como el padre de la fantasía heroica y el creador del impetuoso bárbaro Conan. A diferencia de Lovecraft, que consintió que otros continuaran su obra, nadie pidió permiso al estadounidense Robert Erwin Howard (1906-1936) para que su héroe continuará viviendo sucesivas aventuras en libros escritos por continuadores a los que muchos han acusado de no tener escrúpulos. Escritor prolífico, poeta, atleta aventajado, Howard fue uno de los exitosos autores que publicaron en la revista popular &lt;em&gt;Weird Tales&lt;/em&gt;, especilizada en relatos de fantasía y ciencia-ficción. Eran los tiempos de la literatura &lt;em&gt;pulp&lt;/em&gt;, llamada así por el papel barato en el que se imprimía. Eran también los años del “Círculo de Lovecraft”, al que llegaría a pertenecer y del que llegaría a tomar prestadas algunas ideas para el  mundo de Conan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es cierto que se lo puso muy fácil a sus usurpadores. El más conocido es L. Sprague de Camp y, probablemente, el más inspirado. Todo fue posible porque Howard definió nítidamente los contornos del mundo en que se movía el cimmerio: la era Hyboria, una ingeniosa hipótesis con aroma de leyenda, ya que el mundo de Conan es nuestro mundo antes del gran cataclismo que formó los continentes tal y como los conocemos. Un mundo violento donde todos los problemas podían solucionarse con la espada. Y en él un héroe que sobresale por encima de los demás, brutal, incorruptible, pero con un firme sentido del honor, un personaje atractivo muy bien definido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que más llama la atención de la saga de Conan es la ausencia de pretensiones. A su coetáneo Dashiell Hammet nadie le discute su calidad literaria, aunque publicó en ediciones “pulp” algunas páginas memorables de la novela negra. Howard no sobresalía por la brillantez de su estilo ni por la elaboración de sus tramas. Sin embargo, poesía el encanto de contar historias de forma directa, sin artificios, con ingenua pureza. En eso no es peor que Emilio Salgari, al que se ha sobrevalorado. Todo esto y el éxito masivo e indiscutible de Conan propició que otros continuaran con su historia. Lo curioso es que Howard cerró el ciclo. La última de las aventuras del bárbaro, &lt;em&gt;Conan de las Islas&lt;/em&gt;, situadas en una más que prehistórica América, no relata su muerte, aunque deja bien claro que desaparece y nunca más se supo. Sin embargo, su autor dejó abundantes lagunas en su vida. Por ahí hincaron el diente L. Sprague de Camp y compañía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Conan de Howard sólo existió en narraciones cortas. Algunos continuadores se atravieron a novelar sus correrías, pervirtiendo el espíritu original del personaje. En algunos casos, estuvieron a la altura (Sprague de Camp), pero en ningún caso superaron &lt;em&gt;Conan el bárbaro&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La espada de Conan&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;Conan el conquistador&lt;/em&gt;. Robert Jordan (Conan el defensor), Edward Wagner (Conan y el camino de los reyes), Paul Anderson (Conan el rebelde) o Steve Perry (Conan el intrépido) intentaron imitar su estilo con diferente fortuna. La editorial Martínez Roca acapara todas las ediciones del personaje, apócrifas o no. La película de John Milius, aunque vigorosa, apenas respeta el modelo literario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166830012406383?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166830012406383/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166830012406383' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166830012406383'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166830012406383'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/un-modesto-narrador.html' title='Un modesto narrador'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166787055572327</id><published>2006-03-06T09:56:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:58:23.470-08:00</updated><title type='text'>¿Por qué a mí me tocó ser yo?</title><content type='html'>Siglos y siglos y sólo en el presente suceden los hechos; innumerables hombres en el aire, en la tierra y el mar, y todo lo que realmente pasa me pasa a mí...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Fernando Pessoa&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166787055572327?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166787055572327/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166787055572327' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166787055572327'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166787055572327'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/por-qu-m-me-toc-ser-yo.html' title='¿Por qué a mí me tocó ser yo?'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166773766000593</id><published>2006-03-06T09:49:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:55:37.666-08:00</updated><title type='text'>Tipos raros (II)</title><content type='html'>&lt;em&gt;Hay en la Tierra, y hubo siempre, treinta y seis hombres rectos cuya misión es justificar el mundo ante Dios. Son los Lamed Wufniks. No se conocen entre sí y son muy pobres. Si un hombre llega al conocimiento de que es un Lamed Wugnik muere inmediatamente y hay otro, acaso en otra región del planeta que toma su lugar. Constituyen, sin sospecharlo, los secretos pilares del universo. Si no fuera por ellos Dios aniquilaría el género humano. Son nuestros salvadores y no lo saben. Esta mística creencia de los judíos ha sido expuesta por Max Brod. La remota raíz puede buscarse en el capítulo diecicho del Génesis, donde el Señor declara que no destruirá la ciudad de Sodoma, si en ella hubiere diez hombres justos. Los árabes tienen un personaje análogo, los Kutb.&lt;/em&gt; &lt;strong&gt;Jorge Luis Borges, fragmento de "El libro de los seres imaginarios".&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poseo la extraña habilidad de estar en dos sitios a la vez. Hablo de forma literal, quiero que lo entendáis, porque de otra manera podrías pensar que estoy loco. Puedo estar aquí y puedo estar allí, aunque es difícil de explicar. No recuerdo desde cuándo ni por qué me sucede. Ya no me parece raro. Vosotros quizá no os lo podáis imaginar, pero mi vida fue bastante complicada. Pensad si no en vosotros mismos cuando os sentís demasiados agotados o no tenéis dinero o hace demasiado frío como para atreveros a salir a la calle en pleno invierno. Es agotador vivir multiplicado por dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con veinte años llegué a la conclusión de que no era un hombre. Era una de esas partículas infinitesimales de carga eléctrica negativa que los físicos llaman electrón y que virtualmente no tiene masa. Su existencia se reduce a dar vueltas y vueltas en torno al núcleo del átomo. A principios de siglo, un tal señor Planck empezó a estudiar eso que solemos imaginar como una bolita azul que gira vertiginosamente como un satélite que se ha vuelto loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias al señor Planck os puedo ofrecer la explicación más coherente de lo que me sucede. Primero os tenéis que imaginar a vosotros mismos dos veces, pero no como un doble o una repetición inferior a un original. Dos veces. Con las mismas probabilidades de responder con las mismas palabras una misma pregunta o de estornudar en el mismo lugar a la misma hora con la misma sonoridad. Pensad en un yo que vive simultáneamente dos existencias que no son estrictamente diferentes pero que tampoco son iguales. Lo único que las diferencia es un lugar distinto en el espacio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El señor Planck, según he leído, es el descubridor de las teoría de los cuanta, unas partículas más pequeñas aún que el electrón de las que todavía se sabe muy poco. Muchos hombres que llevan gafas de pasta negra y trajes grises y aburridos se ganan la vida estudiando los cuanta. Se llaman físicos y han sabido descifrar parcialmente mi enigma, que no tiene cura. Uno de esos hombres más importantes ya ha muerto. Se llamaba Heisenberg y postuló el Principio de Incertidumbre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Os explicaré, para que lo podáis entender, cómo funciona el Principio de Incertidumbre aplicado a mi caso. Cualquiera de los dos cuerpos de los que me compongo aparecen de repente, como por cosa de embrujo, en otra parte. Si una de mis partes está en la azotea del State Empire Building, ¿quién sabe?, quizá cinco minutos después me encuentre ante la fachada del Taj Mahal, en la India, y un americano y su mujer que están de vacaciones me piden por favor que les haga una foto con esa maravilla de fondo. Al mismo tiempo, la otra parte que soy, paseando a orillas del Ródano en Ginebra, viaja instantáneamente y sin venir a cuento hasta Valencia, donde me encuentro con la agradable sorpresa de que toda la ciudad está celebrando las Fallas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No, no tengo dos mentes y dos memorias, pero tampoco puedo decir lo contrario. Digamos que vivo proyectado dos veces sobre el mundo y lo que le sucede a Pedro, una de mis partes, le afecta de alguna manera a la otra, a John. Pedro se enamoró hace ya mucho tiempo en Estambul de una bella holandesa. La cosa no acabó muy bien. Después de dos semanas de apasionado idilio, aparecí de repente en Colombia, justo en el momento en el que los narcos se liaban a tiros con los paramilitares. Por poco no lo cuento. No sé que hubiese pasado si uno de mis yo hubiese muerto, pero prefiero no averiguarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que ya era tarde para viajar a Estambul. Para cuando llegara, mi querida Teresa ya habría empezado a odiar al desalmado que la había abandonado sin explicaciones. No sólo quedó huella de la tragedia en Pedro; de alguna manera John también supo que había perdido al amor de su vida. De todas formas, he de reconocer que podrían sucederme cosas peores. Todavía no he aparecido en el Atlántico, de noche, a 500 kilómetros de ninguna parte. Siempre que viajo toco tierra, afortunadamente. Tampoco, y cruzo los dedos, he aparecido en el Polo Norte instantes después de estar tomando el sol en Benidorm, que es un sitio que me gusta mucho. ¿Os imagináis el resfriado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguna vez la gente ha podido ver con sus propios ojos la aparición, al estilo Houdini. Pero no nunca está dispuesta a creerse lo que acaba de ver. Es un alivio saber que a uno no le van a confundir con la Virgen de Fátima. Pero he estado en apuros. Hace unos años me estaba duchando en un albergue de Munich cuando me sobrevino un episodio cuántico. Segundos después hice una aparición estelar en un plató de televisión donde se emitía en directo un debate, si no recuerdo mal, sobre la eutanasia. Los contertulios se quedaron pasmados cuando advirtieron que un individuo desnudo estaba tarareando delante de sus narices una canción de Pet Shop Boys. No tardaron mucho en reducirme y llevarme a comisaría, donde me acusaron injustamente de exhibición impúdica, y nada menos que ante miles de espectadores. A la mañana siguiente, el guardia de turno no pudo encontrarme en la celda. Me encontraba muy lejos. En Acapulco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces John o Pedro, no importa de quien hablemos, han vivido largo tiempo sin interrupciones cuánticas. John ha aguantado más tiempo. Un año, tres meses y siete días, para ser concretos, durante los cuales pudo hacer una vida más o menos normal como escritor de libros de viajes. Se echó una novia y todo y descubrió que uno de sus placeres favoritos es no moverse del sillón durante horas, mientras Claudette le lee poemas de Walt Whitman en voz muy baja. Os podéis imaginar cómo acabo todo. Pobre, Claudette, espero que no haya sufrido mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Paralelamente, Pedro las pasó canutas en Afganistán, convivió con el pueblo saharaui, participó en la campaña electoral de un político estadounidense y visitó Perú, donde conoció a un viejo hechicero indígena  que le habló del mundo de los espíritus. Le contó al viejo lo que le sucedía y este le narró la fábula de El Hombre de las Dos Cuerpos. Según le contó, mientras compartían el humo de una pipa, hace mucho tiempo vivieron dos hombres que poseían el mismo espíritu. Ninguno de los dos se conocía, pues vivían muy lejos el uno del otro, pero pasaron los años y se encontraron. Nada más verse cayeron al suelo y murieron. Nunca he comprendido lo que quiso decirme, pero guardo muy bien recuerdo de Juancho y de su pipa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas personas me preguntan que de dónde soy. Debe ser por mi forma de hablar. Yo les digo que soy de todas partes y de ninguna. Les maravilla mi extraño acento, tan cambiante por mis continuos e impredecibles viajes. Es cierto que nací en Madrid, en el barrio de Chamberí, pero pocos estarían dispuestos a creerlo. Hablo a la perfección doce lenguas y chapurreo sin dificultad una veintena. El que más me gusta es el bantú, porque tiene las leyendas más hermosas que he escuchado nunca y las mujeres que pronuncian sus palabras parece que cantan muy tristes, como si el viento fuera a llevarse a sus hijos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sé si mi otro yo nació simultáneamente en otra parte del mundo. Creo que no. Prefiero pensar que sólo nací una vez. Quizá en algún momento fui nada más que uno, pero no lo recuerdo. He intentado descubrir las secretas leyes que rigen mi existencia y he desistido. Matemáticamente no es posible predecir cuándo volveré a experimentar un episodio cuántico. Nunca he sabido, momentos antes, cuándo iba a ocurrirme. Al principio me mostraba francamente desorientado y a duras penas reprimía una náusea. Pero uno se acostumbra a todo y llegó el día en que asumí la cuota de azar de mi existencia. Sí, calculé, en cambio, el tiempo medio que transcurría de un viaje a otro: siete días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La física moderna sostiene que los cuanta son los ladrillos de la materia. Cuesta creer que los objetos que nos rodean –la mesa sobre la que escribo, la vela que ilumina mi soledad, mi propio rostro- están compuestos por partes más pequeñas, por esencias inconcebibles que hacen posible las cosas. Porque, me pregunto, ¿soy real? ¿Soy más que la materia de la que me compongo? ¿O sólo soy un hombre con un extraño don que no sabe cómo utilizar? Muchas veces me he preguntado lo mismo y sólo he sabido responderme con silencio. Es la única forma de elocuencia que conozco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mayor número de pesadillas me ha deparado el hecho de ser dos en uno. Temí muchas veces que esto no fuera completamente cierto. Es muy difícil comprenderme. Nunca sentí que John y Pedro fueran distintos, aunque cuando os hable parezca que son dos personas completamente ajenas a mí. Supongo que a algunos católicos les resulta difícil entender que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Yo, que nunca he acariciado la divinidad, he pensado que soy una aberración. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces tengo episodios cuánticos muy seguidos. He llegado a estar en un sólo día en Lima, en Tokio, en Albacete, en Dallas y en un lugar que del que no sabría aseguraros si es Noruega o Finlandia. No es raro que aparezca en sitios deshabitados, alejados de las grandes ciudades, o en desiertos. Una vez aparecí en una butaca de primera clase de un Boeing 747 que cubría la línea Berlín-Barcelona. Menudo susto se llevó la azafata. Antes de tener que pasar el mal trago de pasar por la aduana, me esfumé y aparecí en Sydney en el preciso instante en el que se inauguraban los Juegos Olímpicos. Fue emocionante vivir en directo ese acontecimiento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo me ha ocurrido una vez, hace ya bastantes años. John paseaba por Zaragoza, era invierno y apenas se veía gente por la calle. Fue al doblar una esquina cuando se encontró con Pedro, que había viajado desde Santo Domingo. Se reconocieron inmediatamente. Al mirarse a los ojos se sintieron tan terriblemente diferentes por primera vez que se les hizo insoportable. No cruzaron palabras y mucho menos intentaron tocarse. Salvo por las ropas, más veraniegas las de Pedro, eran físicamente idénticos: el mismo pelo, los mismos lunares en las mejillas, la misma mirada melancólica. Después se dieron la vuelta y se marcharon. Imaginaos penetrar en la superficie de un espejo donde un ser igual a vosotros os mira, como si os pudierais recrear en la plenitud de vuestros vicios y virtudes, compartiendo, además, las mismas tristezas, anhelando idénticas alegrías y corroborando angustias gemelas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En los últimos años mi problema se ha agudizado. Me queda el consuelo de que las cosas aún pueden cambiar, ya que hubo un momento en que comencé a viajar al futuro y al pasado. Hace diez años, el 1 de septiembre de 1939, los ejércitos de Hitler atravesaban las fronteras de Polonia e invadían el país. Carlos estaba en Londres y, por un instante, estuvo tentado de hablar con Churchill y advertirle de lo que iba a suceder. Pensaba que no podría demorarse una respuesta, que pronto llegaría el horror de una guerra terrible. Menos mal que recapacité. Yo no debo hacer nada para evitarlo, afirma Einstein en la Teoría General de la Relatividad. Podría desordenar el tiempo y el espacio con la misma facilidad que unos granos de arena en la palma de una de mis cuatro manos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Simultáneamente, John asistía al asesinato de Julio César, el 15 de marzo del año 44 antes de Cristo. Los libros de historia no mentían  y su fiel amigo Cayo Bruto asestaba la puñalada final al dictador en el Capitolio. John pudo escuchar en la taberna cómo un viejo soldado hispano, tras conocer la noticia, pronunciaba con ironía: Veni, vidi, vici, palabras con las que quiso recordar al hombre que conquistó La Galia y acabó definitivamente con la República romana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No quiero deciros que os deparará el futuro, que lo habrá, sin duda, y para todos los hombres, sin excepción. Bastante tengo con haber dejado pistas en esa marea interminable de hechos donde todos los hombres bañan sus destinos. No debo contar, como hice con mi adorada Akhesa en los cálidos atardeceres de Alejandría, los secretos, muchos de ellos desesperanzadores, de la humanidad. Si Dios existe, ha querido que uno de sus hijos sea como un electrón, atravesando el tiempo y el espacio al azar. ¿Quién puede saberlo? Es una carga demasiado pesada esta vida mía, estas dos vidas que comparten una sola conciencia. Ahora terminaré esta carta, cansado y vagamente feliz. Luego el anciano que soy, que somos, morirá tranquilo. El único testimonio de mi paso serán unas decenas de cuartetas firmadas por un tal Michel de Notredame y este prólogo, escrito en el aún improbable año de 2006 d. C.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166773766000593?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166773766000593/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166773766000593' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166773766000593'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166773766000593'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/tipos-raros-ii.html' title='Tipos raros (II)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166724551043524</id><published>2006-03-06T09:44:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:47:25.516-08:00</updated><title type='text'>El viejo mito</title><content type='html'>Don Juan, que nace como personaje literario definido en torno al año 1620 en “El burlador de Sevilla”, es un mito popular que brota espontáneamente en el imaginario colectivo. Antes que Don Juan existió el donjuán y el donjuanismo, aunque sin rebasar los límites de la leyenda o el mito. Sería Tirso el primero en proporcionarle estatura y peso específico a ese hombre de apellido tan notorio: Tenorio (rima ineludible y ripiosa).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy como ayer permanece en la conciencia colectiva la imagen del donjuán, que no de Don Juan. Si esta se corresponde o no con la imagen que proyectan las numerosas obras que se han consagrado al personaje, no debe preocuparnos. En cada libro Don Juan posee distintos perfiles, pasando de la penumbra a la luz, de la condenación al final feliz, del arrepentimiento final a una culpabilidad aceptada y heroica. Don Juan no es más que el molde en el que diversos autores han vertido su escayola.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A Tirso de Molina suele atribuirse la invención de ese molde. Al igual que Shakespeare, que fusilaba historias y leyendas ajenas, el dramaturgo español no fue ajeno a la influencia de “El libro del buen amor”, de otro Juan, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, quien nos detalla en su obra una larga serie de aventuras eróticas con damas de alta alcurnia, plebeyas de buen ver y mejor tocar, burguesas aburridas y accesibles o serranas –cuidado con éstas- brutas y ninfómanas, sin olvidar, claro, a las aceitunadas moriscas toledanas o a las monjitas inocentes tocadas por la mano del señor y del diablo. Aventuras que terminaban en un estrepitoso fracaso, porque el buen amor, enseñó hipócritamente Juan Ruiz, es el del Señor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como Don Quijote, el personaje de Don Juan sólo pudo surgir en el Renacimiento. Y lo hizo como agitador social y traidor de clase. Los amoríos fugaces y ligeros no se avenían bien con los amores cortesanos y discretos del héroe medieval, un poco lelo y tontaina, acuciado tanto por la teología como por el honor. Don Juan aparece en escena cuando Dios cotiza menos y el hombre es un valor en alza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De hecho, el héroe medieval siempre lo fue a priori, pues apenas encontraba obstáculos en su peripecia. Don Juan es sólo un hombre que siente una atracción exagerada por las mujeres, que debe superar las convenciones sociales merced a sus talentos y su fortuna, y que, en última instancia, desafía a Dios. Don Juan en “El burlador de Sevilla” deja claro desde un principio su normalidad cuando Isabela le interroga: “¿Quien eres, hombre?”. A lo que él responde: “Un hombre sin nombre”. Respuesta que evoca al astuto Ulises de “La Odisea”, cuando el cíclope, que amenaza con devorarlo, exige saber su nombre. “Soy Nadie”, responde el rey de Ítaca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, la quintaesencia de Don Juan no es su voluntad de seducción. Tirso no pensaba precisamente en su donjuanismo, sino en su irrespetuosa relación con Dios. Cuando el burlador invita a cenar al difunto Don Gonzalo y éste, en efecto, acude puntualmente a la cita, está transgrediendo una ley divina. Más que un seductor es un hereje. Invitar a un difunto a cenar es negar el temor que Dios debe inspirar al creyente. Tirso y sus posteriores respetarían este esquema, el del convidado de piedra que arrastra a los infiernos al apóstata, cuyo pecado no es la conquista sexual, sino la irreverencia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los orígenes del convidado de piedra son remotos y apuntan a la creencia en las fatales cabezas que adivinan el futuro, presentes ya en Virgilio. Tradición que Cervantes recupera también para “El Quijote”. Historias de muertos que castigan a quien perturbe su eterno descanso son típicas de la Edad Media y enlaza con ese gusto por lo macabro del Barroco, sus “vanitas” y sus “Memento mori”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la fábula de un tal Leoncio la que guarda una relación más estrecha con la historia del convidado. Esta versión primigenia, creada por los jesuitas de Ingolstadt, cumple, paso a paso, la del Don Juan de “El burlador de Sevilla”, pero hay que añadir que es italiana. Esto no nos invita a proclamar la españolidad de Don Juan –es un mito universal-, aunque existían antecedentes en nuestro país. Menéndez Pidal sostiene que el folclore germánico y francés poseen leyendas de hombres que invitan a cenar a los muertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la península no faltan antecedentes, sobre todo en Galicia y Castilla. En esta última es donde se registra “El romance del galán y la calavera”, la historia más interesante de todas. Sin embargo, en “El burlador de Sevilla” el cráneo se sustituye por una estatua de piedra. ¿Por qué lo hizo así Tirso? Diversos expertos se refieren a Plutarco o Aristóteles, autores demasiado lejanos. Y eso es salirse de madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todo, la concepción popular de Don Juan da más importancia a su irrefrenable vocación de conquistador de doncellas. Aun en estos tiempos de corrección política y dictadura verbal, este personaje continúa originando simpatías, a pesar de su trasnochada conducta. Se habla de un donjuán como de un triunfador sexual, embustero pero encantador, fanfarrón y elegante, pero en última instancia irresistible. ¿Quién no querría parecerse un poco al personaje? Si nos enfrentamos a Don Juan, todos salimos perdiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y sin embargo, pese a los esfuerzos de Tirso, Molière y Da Ponte –autor del libreto del “Don Giovanni” de Mozart-, su imagen verdadera –si existe- no sería la que se le suele atribuir: la de alguien envidiable. Grandes intelectuales han despojado a Don Juan de parte de su carácter, como Stendhal o Albert Camus. Esto es así también por la cantidad de versiones que se han realizado, de las cuales no es fácil extraer coincidencias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Don Juan de Tirso es cualquier cosa menos un tipo envidiable. Lo que sucede es que el modelo estándar –si esto es posible- que ha perdurado en la mente de todos es el de Zorrilla, completamente sofisticado por un romanticismo cursi. Zorrilla no sólo dulcifica la trama, sino que salva in extremis a Don Juan de la condenación eterna. El final feliz en este caso viene condicionado por la necesidad de halagar al público burgués de la época.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tirso habría lamentado que el público no advirtiera que el atractivo que se le supone a Don Juan es sólo un simple un gancho, un rasgo de humanidad para implicar al espectador. La seducción, pecado menor, es una forma de anunciar su vinculación al satanismo, al mal,  presentado bajo toda forma de ruindades y vilezas. Hasta el siglo XVIII, todos los autores coincidieron en destacar el valor de fábula moralizante por la condición de antimodelo del personaje. Pobre Don Juan...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los románticos pretendieron todo lo contrario. En ocasiones, su vinculación a lo satánico no desapareció. Baudelaire precisamente lo asocia en “Las flores del mal” con este concepto, que no debe tomarse como algo literal. Dios es el símbolo del orden social; el Diablo, el cambio, el devenir, la alternativa, como sugirió también Milton en “El paraíso perdido”. Es también el Don Juan revolucionario y rebelde de, por ejemplo,  Lord Byron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Zorrilla aspiró a menos. Simplemente lo transformó en un converso, en una criatura redimida por el amor de Doña Inés. Desde 1864, la obra de Zorrilla se viene representando el Día de Difuntos, pese a que la de Tirso evoca con más fuerza el tenebroso mundo de ultratumba. Que siga la tradición de un personaje incompleto, abierto, cortado en bisel. Don Juan nos sigue engañando porque no conocemos su verdadero rostro. Detrás de la máscara, no sabemos qué esconde. También se burla de nosotros, nos confunde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las últimas versiones nos la ofrece una película, “Don Juan De Marco”, protagonizada por Johny Depp. En esta ocasión el personaje se acerca más a los locos desatinos de Don Quijote que a las trampas amorosas del mito. Enfermo de amor y de sí mismo, este Don Juan tiene algo de pacotilla, de caricatura heroica. Sigue seduciendo, pero no recurre al ardid, a la falsedad. Es demasiado bueno para nuestro gusto, no para las hormonales adolescentes. Sólo es la sombra de otra sombra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166724551043524?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166724551043524/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166724551043524' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166724551043524'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166724551043524'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/el-viejo-mito.html' title='El viejo mito'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166696042208446</id><published>2006-03-06T09:32:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:42:40.426-08:00</updated><title type='text'>85 maneras de anudarse la corbata</title><content type='html'>¿Qué ciencia puede tener el nudo de la corbata? Mucha, responden Thomas Fink y Yong Mao, dos físicos de Cambridge que han empleado el modelo del movimiento atómico y las matemáticas para descubrir nuevas formas de estrangulamiento estético, algo que hubiese maravillado a Lewis Carroll, demente de la lógica. ¿Y qué han conseguido? Pues 83 estilos, 83 maneras de llevar corbata, 83 ejemplos de física aplicada a la elegancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Obviemos la pregunta de si tantos nudos son necesarios. No son convincentes las argumentaciones a favor de un número tan elevado de nudos, entre el que no se incluye el nudo de la horca, íntimo y fatal. Dejémonos llevar por las posibilidades y la combinatoria y, sobre todo, el placer de perder el tiempo con la patafísica. Si los nudos marineros sujetan bien las velas de los barcos y, además, son un juego, ¿por qué no habría de serlo esos otros que ciñen nuestras gargantas? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Fenomenología&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La corbata. Asunto grave y de la máxima importancia en nuestra civilización, porque es un hecho que los animales nunca la han llevado. Por tanto, diremos que la corbata es un asunto exclusivamente humano y admite diferentes categorías. La génesis de la corbata, documentada por el &lt;em&gt;The Art of Tying the Cravat&lt;/em&gt; (1828), comienza con la desaparición de la chalina, tan querida por Valle-Inclán, aunque hasta mediados del XIX la corbata no fue realmente una alternativa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según Fink y Mao, el primer nudo de corbata fue el “four-in-hand”, descubierto por los ingleses a mediados del siglo pasado. De esa remota fecha hasta el año 1997, cuando apareció el nudo Pratt, han pasado 150 años y, aunque cueste creerlo, no ha evolucionado mucho desde entonces. Se le atribuye al duque de Winsord la invención del nudo homónimo y su versión menos elaborada, el medio-Windsor. Pero poco más ha ocurrido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Precisamente, en esto de la corbata los ingleses tienen mucho que decir, como sir Hardy Amies, quien en &lt;em&gt;El traje del caballero inglés&lt;/em&gt; afirma: “Si nosotros, los británicos, no podemos atribuirnos la invención de la corbata moderna, ninguna otra nación puede hacerlo”. Esta forma de chauvinismo textil tal vez no tenga fundamento histórico, pero cuadra muy bien con las antiguas maneras inglesas, incómodas cuando se aplicaban a la vida cotidiana. Ese afán por complicarse la vida, apuntó Julio Camba, podía apreciarse también en las duras camas británicas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese es el asunto, la incomodidad, de la que surge la elegancia. La corbata es una molestia, un trapo inútil del que podría colgar una piedra. La elegancia de la corbata no es innata, no se origina en la fábrica, sino en el estoicismo de su usuario. El maestro en el uso de la corbata hace notar, sin que se le note, que es una prenda casual, liviana y soportable. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuánto lástima nos produce el contemplar al hombre cuando, sofocado por una comida copiosa, decide aflojarse la corbata. Qué falta de dignidad, que ausencia de respeto por su propia imagen. Debería anotarse como falta grave, lo mismo que aliviarse de la americana en las mismas circunstancias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fink y Mao, hombres muy documentados –y a los que partir de ahora honraremos-, observan que desde el principio el hombre siempre sintió la necesidad de abrigarse el gaznate y nos muestran el primer testimonio, un soldado chino de terracota con un pañuelo anudado, versión primitiva que aún emplean chulapos, griposos y “cow boys” . Después del pañuelo, observan, bien pudo ser la gorguera, que popularizó Enrique VIII, aunque no han reparado en la posible relación de este atavío con el divorcio o la decapitación. En todo caso, esas peanas escaroladas que convertían a sus portadores en bustos vivientes son inseparables de figuras tales como Felipe II o Cervantes, que, como saben, fueron personajes muy importantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ha habido, no obstante, periodos en la historia en los que cubrirse el cuello no estaba bien visto. Horacio consideraba “afeminado o enfermo” aquel que se lo cubriera con la toga o la mano, aunque al legionario, sometido a las inclemencias del tiempo, le estuviera permitido. Roma, a pesar de su gloria, también cometió errores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La etimología de la palabra croata es “cravate”, término francés para designar la chalina. Es sorprendente cómo se originan las palabras, porque durante la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) el rey Luis XIII ordenó reclutar a un puñado de croatas para que ayudaran en la lucha contra los Habsburgo. Estos esforzados héroes llevaron las primeras chalinas al campo de batalla por primera vez en la historia . Suponemos que algunos sastres militares apreciaron las cualidades de la prenda de estos hombres rudos, porque &lt;em&gt;The Oxford English Dictionary&lt;/em&gt; registra la palabra inglesa “cravat” y la relaciona con “croat” (croata). Sea como fuere, estos valientes pusieron de moda la “cravate”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si queréis saber más sobre el asunto consultad &lt;em&gt;Las 85 maneras de anudarse la corbata &lt;/em&gt;(Debate), de Thomas Fink y Yong Mao, que han sabido casado felizmente la abstracción matemática con la vanidad humana, del que es alto ejemplo este libro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Pragmática&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Anudarse la corbata es el primer paso importante que uno debe dar en la vida”. Sí, era ésto, y lo dijo Oscar Wilde, maestro de dandis y de villenas. Pero no supo –su mente era aguda, pero no matemática- que el calculo infinitesimal y el descubrimiento del núcleo del átomo de Rutherford podían ofrecer perspectivas distintas al "four-in-hand", al Windsor y al reciente nudo Pratt. &lt;br&gt;&lt;br&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las hipótesis de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad son, hoy por hoy, incompatibles. Los físicos teóricos, que piensan mucho, llevan años intentando conciliar estas dos formas de concebir el universo. No parece que hayan avanzado mucho. A lo más hablan de la “teoría de las cuerdas” en un intento desesperado de ordenar el caos que nos envuelve. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fink y Mao, conscientes de sus limitaciones intelectuales, han aplicado la “teoría de las cuerdas” a las corbatas y no les ha ido mal. No lograrán el Premio Nobel, pero contribuirán con argumentos objetivos a la aparente arbitrariedad de las pasarelas de moda y a la locura de Galiano, huérfano de razones. Se trata de ordenar el caos a una escala menor, pero más relevante que la cuadratura del círculo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según “The Ashley Book of Knots” que citan en esta obra, el nudo “puede aplicarse a todas las formas que adquiere una cuerda, excepto las más accidentadas, como las marañas y los rizos y otras complejidades”. Si conocemos este axioma, concluimos que todos los caminos conducen a Roma y que hay tres tipos de nudos: &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El nudo llano o “half-hitch”.&lt;br /&gt;-El nudo de rizo, que suele confundirse con el “granny”, y es poco útil.&lt;br /&gt;-El nudo corredizo, más seguro que el “half-hitch”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estos modelos han sido los más empleados en la historia para liar pañuelos, golas, gorgueras y chalinas, constituyendo la estructura básica de los nudos. A partir de aquí, es posible todo estrangulamiento. No obstante, pese a su belleza intrínseca, omitiremos todos los pasos siguientes, porque su explicación rebasaría los límites dignos de legibilidad de este comentario. Así que iremos al grano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro tiene un gran número de ilustraciones y fotografías para que el lector pueda guiarse por este cafarnaúm. Puede complementarse la lectura con la práctica simultánea, por lo que se recomienda tener a mano una corbata. Cada uno es responsable de sus gustos; los autores no especifican ni el color ni el tejido. A cierto conocido periodista ya retirado no le resultará difícil escoger un ejemplar reventón y colorista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bien equipados y con el libro en la mano, podrán ensayar el elemental “nudo de tres movimientos” (llamado también oriental), el ya citado nudo de cuatro movimientos (four-in-hand), el Plattsburgh , el Cavendish, el San Andrés... Así hasta 83 tipos. Todo depende de su narcisismo, del tiempo que esté dispuesto a perder o de su habilidad. Francamente, algunos son muy difíciles.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166696042208446?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166696042208446/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166696042208446' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166696042208446'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166696042208446'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/85-maneras-de-anudarse-la-corbata.html' title='85 maneras de anudarse la corbata'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166619293709219</id><published>2006-03-06T09:29:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:29:52.936-08:00</updated><title type='text'>Sexo (Mi diccionario personal)</title><content type='html'>Los que piensan que el sexo es una actividad encaminada a la satisfacción de una necesidad física se equivocan. El sexo es la principal actividad de la vanidad. Ella es su causa, su impulso y su finalidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166619293709219?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166619293709219/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166619293709219' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166619293709219'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166619293709219'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/sexo-mi-diccionario-personal.html' title='Sexo (Mi diccionario personal)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166612455620597</id><published>2006-03-06T09:26:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:28:44.556-08:00</updated><title type='text'>Prosopón</title><content type='html'>Siempre me gustó la expresión “sentirse abismado”. Todos, en algún momento del día, nos precipitamos desnudos al vacío. No son momentos especialmente brillantes y no poseen ese extraño simbolismo que nos invite a reflexionar. El abismo suele aparece espontáneamente y suele invitarnos a dar un paso en falso, a cometer un extraño suicidio moral. H. puede estar trabajando en la mesa de su oficina y de pronto levantar la mirada, vagamente aburrido, y contemplar lo que ocurre más allá del cristal de la ventana: en el peor de los casos, una pared de ladrillo sin revocar, sobre la que, jornada tras jornada, se pregunta por la extraña caligrafía de manchas, humedad y hollín. En esos instantes no siente nada, pero algo vibra en el aire, quizá una atmósfera de irrealidad. No es eso, ni mucho menos, porque no es capaz de comprenderlo, ni siquiera es una intuición de saberse frágil. Creo que es el momento en que todo hombre quisiera quitarse la máscara, nuestra vieja y querida amiga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166612455620597?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166612455620597/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166612455620597' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166612455620597'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166612455620597'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/prosopn.html' title='Prosopón'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166594572197901</id><published>2006-03-06T09:23:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:25:45.723-08:00</updated><title type='text'>Tipos raros (I)</title><content type='html'>Existe –lo juro- el &lt;em&gt;flanêur&lt;/em&gt; de los grandes almacenes, el mirón de la sección de perfumería que se pone bestia con las dependientas de pechos ablusados y oprimidos, maquilladas con habilidad desigual. Esas que andan muy suave con sus zuecos y huelen a cilantro, a camomila, a ozonopino, como en las novelas del socialrealismo. Constituyen la pequeña aristocracia de las empleadas y, dependiendo de la sección, las hay, si son mayores, con vuelos de marquesa. Lo normal es que vayan de princesas, de doncellas finas envueltas en los arrogantes tules de la significancia. Y lo son, efectivamente, para el observador experto que se parapeta en los mostradores para ponderar los muslos de aquella, rubia peliteñida, fondona y con un no sé qué de puta que lo excita en demasía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166594572197901?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166594572197901/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166594572197901' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166594572197901'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166594572197901'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/tipos-raros-i.html' title='Tipos raros (I)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166579088698367</id><published>2006-03-06T09:18:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:23:10.886-08:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>En la panadería, me entiende un chico de rostro blando y abotargado. La pura imagen de la simpleza. Va vestido como un niño de seis años y tarda en reaccionar cuando le pido una barra de pan de leña. Debe de ser el hijo del jefe y tiene al menos los mismos años que yo. Alguna vez, cuando ha entrado una chica guapa, sus mejillas han enrojecido y, lleno de timidez, ha huido a la trastienda. Un caso patológico. Yo, en cambio, soy de esos tímidos que rápidamente apartan la mirada cuando una chica los mira. Cuando en alguna ocasión me he propuesto desafiar una mirada femenina, mi fracaso ha sido estrepitoso, total, pues paso de una dureza impostada a una blandura zangolotina y boba. No lo puedo evitar. Lo explica muy bien Pla cuando dice: “la mirada de reojo pide demasiada imaginación y tiene toda la insuficiencia de la hipótesis”. Y yo añado: “la mirada franca y directa exige una sumisión total a la evidencia”. Quedan así resumidas las dos grandes tendencias de la vida, la del señor Pla, que es sensual y materialista; y la mía, que aunque cobarde, es más especulativa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166579088698367?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166579088698367/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166579088698367' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166579088698367'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166579088698367'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/en-la-panadera-me-entiende-un-chico-de.html' title=''/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-114166552019428241</id><published>2006-03-06T09:16:00.000-08:00</published><updated>2006-03-06T09:18:40.213-08:00</updated><title type='text'>Mi perra</title><content type='html'>Todas las mañanas, a eso de las nueve de la mañana, bajo con Boni a la calle, compró periódico y cigarrillos y nos encaminamos a un parque cercano al viejo mercado de San Fernando. Excitada por la promesa de juego, la perra tira de la correa con fuerza. Apenas puedo detenerla. Pese a mis advertencias, Boni, que es una tontorrona, no parece calmarse. Día tras día, a eso de las diez de la mañana, Boni tira de la correa ansiosa por la promesa del juego. Es una tontorrona cuando nos encaminamos al parque cercano al viejo mercado de San Fernando. No parece calmarse, todas las mañanas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-114166552019428241?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/114166552019428241/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=114166552019428241' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166552019428241'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/114166552019428241'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2006/03/mi-perra.html' title='Mi perra'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112255370497747393</id><published>2005-07-28T14:22:00.000-07:00</published><updated>2005-07-28T05:28:24.983-07:00</updated><title type='text'>Desde Rusia con amor</title><content type='html'>Lectores dilectos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me marcho a Rusia diez días. Os dejo con el atronante silencio que provocará mi ausencia. Pásenlo bien. Nos vemos. Nos leemos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112255370497747393?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112255370497747393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112255370497747393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/desde-rusia-con-amor.html' title='Desde Rusia con amor'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112254288394207460</id><published>2005-07-28T11:22:00.000-07:00</published><updated>2005-07-28T02:49:42.250-07:00</updated><title type='text'>Zoom de sonido</title><content type='html'>Más de un siglo de grabaciones ha cambiado la forma en que escuchamos música y el modo en que se interpreta. Al fin y al cabo, la política también posee un sentido musical y cada época tiene su secreto acorde con el que hace bailar a la historia. Cuando sóno el primer cilindro que Edison grabó, en un viejo laboratorio de Newark (New Jersey), el fonógrafo ya era un viejo sueño del hombre. Se habían inventado las pianolas, que fueron, como las viejas tarjetas perforadas de las primitivas computadoras, la tecnología primera que hizo posible algo “realmente maravilloso”, según Josef Hofmann, el niño que ejecutó al piano la primera partitura grabada por el hombre.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;El pianista y director alemán Hans von Bülow afirma que casi se desmayó tras escuchar su propia grabación de una mazurca de Chopin. Más tarde, en el laboratorio de Edison, registraría sobre un cilindro la sinfonía &lt;em&gt;Heroica&lt;/em&gt; de Beethoven interpretada por la Metropolitan Opera House de Nueva York, grabación que no sobrevivió. Muy pocas de las primeras han llegado hasta nosotros, apenas un fragmento de &lt;em&gt;Israel en Egipto&lt;/em&gt; de Händel, que August Mann  dirigió en el Palacio de Cristal de Londres en 1888. Por lo demás, más allá del interés arqueológico, la pérdida no tuvo excesiva importancia. Las sinfonías de Beethoven se siguen escuchando en mi sistema 5.1. (Sí, ya sé que probablemente August Mann dirigiera muy bien, pero ¿a quién verdaderamente le importa?).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer problema fue la duplicación de originales, principal escollo para su comercialización. En los primeros tiempos la única forma de grabar era hacerlo directamente en un máximo de diez fonógrafos equipados con unas enormes campanas que recogían la música que producían orquestas de apenas ocho ejecutantes. Con una sola interpretación eran capaces de conseguir diez copias. Más era físicamente imposible: los aparatos eran duros de oído y no registraban bien el sonido a partir de cierta distancia. Un cantante solista sólo podía realizar tres grabaciones por ejecución, lo que le permitían las característica propias de la voz humana. ¿Cobraban los músicos por cada cilindro que grababan?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Habría arruinado a una industria que febrilmente comenzaba a grabar polkas, valses, himnos patrióticos, arias de óperas, tonadas populares... &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas no han cambiado tanto desde &lt;a href="http://inicia.es/de/m_cabot/la_obra_de_arte_en_la_epoca_de_su.htm"&gt;Walter Benjamin&lt;/a&gt;. La música hace tiempo que perdió su “aura”. Desde que cualquiera de nosotros es capaz de reproducir música grabada en su casa, las cosas, sobre todo para la industria, siguen más o menos igual. Salvo por el hecho de que ahora mi amigo E. puede producir su Ep en casa y se han abierto caravanas alternativas de difusión. Ya saben que estoy hablando de internet, esa golosina prohibida que nos quiere quitar la SGAE y los defensores en general del apoltronamiento ideológico en sus más diversos grados de miseria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas cambian, como de costumbre, pienso mientras mi deuvedé reproduce un cedé legal de Paolo Conte.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112254288394207460?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112254288394207460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112254288394207460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/zoom-de-sonido.html' title='Zoom de sonido'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112246615937199920</id><published>2005-07-27T14:03:00.000-07:00</published><updated>2005-07-27T05:09:19.376-07:00</updated><title type='text'>Misterio</title><content type='html'>Una galaxia típica como la nebulosa de Orión está rodeada de materia oscura. Esta sustancia compone la mayor parte de su estructura. Aunque no puede verse, la materia oscura  puede ser detectada debido a sus efectos gravitatorios. La ironía es que el vacío se reparte por todas las partes del universo; el resto, lo existente, lo que tiene masa, en su gran mayoría es materia oscura. El secreto permanece bajo llave por un hipotético e improbable tahúr divino. Impenetrables, lejanas, negras (pues no irradian luz), los psicoanalistas del cosmos se empeñan en iluminar estas zonas desconocidas que constituyen el noventa por ciento del universo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112246615937199920?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112246615937199920'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112246615937199920'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/misterio.html' title='Misterio'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112245544063132567</id><published>2005-07-27T11:02:00.000-07:00</published><updated>2005-07-27T02:20:25.056-07:00</updated><title type='text'>Poema de amor</title><content type='html'>&lt;em&gt;Bendita sea la madre que te parió. Benditos&lt;br /&gt;tus ojos, expertos en la busca. Y tus manos&lt;br /&gt;morenas. Y tu pelo de Estigia,&lt;br /&gt;largo como las noches de los viejos. Benditas&lt;br /&gt;tus caderas, regias y jubilosas,&lt;br /&gt;ceñidas de inquietud.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                      Bendita toda tú.&lt;br /&gt;Porque te vi pasar, y temblé como rama en la tormenta.&lt;br /&gt;Porque te vi reír, y llore (emocionado) igual que un crío.&lt;br /&gt;Porque gracias a ti me olvide por completo&lt;br /&gt;de estas tercas, furiosas&lt;br /&gt;almorranas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Víctor Botas es uno de mis poetas favoritos. Este poema pertenece a su libro &lt;em&gt;Aguas mayores y menores&lt;/em&gt;, donde el poeta, romántico de clase media, nos muestra sus obsesiones: las puyas del deslenguado Marcial, las retorcidos fraseos de un Borges al que plagia con descaro y convicción, y lo mejora; el prólogo dedicado a Alfonso Guerra, en el que se pitorrea de Quevedo (y de Alfonso Guerra); su ironía culturalista, capaz de mostrarnos a un hombre que desprecia el oropel de la vida contemporánea y se burla de aquellos que sí lo hace. Lo vemos en la sátira &lt;em&gt;No ser en modo alguno&lt;/em&gt;, cuando dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Qué bueno &lt;br /&gt;no ser en modo alguno&lt;br /&gt;imprescindible&lt;br /&gt;como lo son tantísimos&lt;br /&gt;                       Sin duda&lt;br /&gt;ha de ser agobiante ese saberse&lt;br /&gt;necesario&lt;br /&gt;como el insomne dios de los teológos.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El requiebro humorístico también encuentra su momento. Lo vemos, por ejemplo, en &lt;em&gt;In fraganti&lt;/em&gt;:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Al fondo del jardín&lt;br /&gt;bajo las flores blancas del magnolio&lt;br /&gt;estival&lt;br /&gt;en cuclillas recuerdo&lt;br /&gt;la sorprendí orinando&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se tapó como pudo (pero no&lt;br /&gt;del todo, por si acaso)&lt;br /&gt;y se puso a empujar gimoteando&lt;br /&gt;para acabar primero&lt;br /&gt;Tenía enormes pechos y mirada chiquita&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Justo&lt;br /&gt;al contrario de como a mí me gustan&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue una pena.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Víctor Botas fue un poeta tremendo, pero no fue en modo alguno un poeta profesional. La mayor parte de su vida trabajó como tendero. Alguna vez se quejó de su situación, nos cuenta el poeta y crítico José Luis García Martín, su amigo en la tertulia del café Oliver. Han pasado once años desde la muerte de este hombre que se disfrazaba de hombre común, como Horacio, y sabía recrear, solemne, algunos de los mejores poemas de todos los tiempos, de John Donne pasando por Jorge de Sena. Leerlo nos cura de la mala retórica, de los malos poetas y de nosotros mismos, los peores de todos. La editorial Llibros del Pexe ha editado su poesía completa. Echenla un vistazo. Si gustan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112245544063132567?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112245544063132567'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112245544063132567'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/poema-de-amor.html' title='Poema de amor'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112238159115509995</id><published>2005-07-26T14:34:00.000-07:00</published><updated>2005-07-26T05:39:51.173-07:00</updated><title type='text'>Los que fuimos</title><content type='html'>Toda la noche. Estuvimos toda la noche bebiendo, fumando, riendo, charlando, hasta el amanecer, ignorando todo lo que se quedaba atrás, insensibles al día que pronto comenzaría. La noche pasó con euforia, porque éramos indestructibles, geniales, casi niños en nuestra inconsciencia. No lo sabíamos, pero éramos felices. Aquella noche, como muchas otras, habíamos conseguido huir de los días, las semanas, los meses y los años futuros. Nada nos distinguía, salvo las sonrisas, los besos, las llamadas, las bromas y la creencia común de que acaparábamos todas las virtudes de nuestra época.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112238159115509995?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112238159115509995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112238159115509995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/los-que-fuimos.html' title='Los que fuimos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112227746696483770</id><published>2005-07-25T09:38:00.000-07:00</published><updated>2005-07-25T00:45:38.786-07:00</updated><title type='text'>Un viernes cualquiera</title><content type='html'>“Los mejores adioses son los que no lo parecen”, afirma mi amigo J., el Sufí de Alcorcón. No hubo despedidas, ni énfasis, ni promesas. Entre nosotros sólo hubo una certeza. El viernes lo sabíamos, pero preferimos no ponernos solemnes. P., que es lo más parecido a una samurai, se marcha a su tierra, Asturias, para criar a su hija. Sabe lo que deja atrás y lo que tiene delante. M., por su parte, se quedará en Madrid. Todos hemos cambiado y nos podría ir todo mejor. Todos sabemos que estamos apurando las últimas gotas del preciado licor de juventud. Ya somos hombres, pensamos. Y no sabemos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este año he empezado a envejecer.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112227746696483770?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112227746696483770'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112227746696483770'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/un-viernes-cualquiera.html' title='Un viernes cualquiera'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112202852531224536</id><published>2005-07-22T12:30:00.000-07:00</published><updated>2005-07-22T03:35:25.316-07:00</updated><title type='text'>Políticos</title><content type='html'>"Responden a la objeción, pero no a la dificultad". (Joubert)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112202852531224536?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112202852531224536'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112202852531224536'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/polticos.html' title='Políticos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112184686020488669</id><published>2005-07-20T10:01:00.000-07:00</published><updated>2005-07-20T01:07:40.216-07:00</updated><title type='text'>Tedio y modernidad</title><content type='html'>Si por una vez no somos hipócritas hay que admitir que la gran literatura de nuestro siglo está amasada con tedio; éste es uno de los hechos más evidentes de la época contemporánea, y también uno de los más silenciados, como si reconocerlo pudiera acarrear consecuencias tan funestas como la falta de sensibilidad del denunciante y una amenaza para todo lo que creemos ser.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque no se trata de los autores convictos y confesos de medianía, que son casi todos, sino de los genios indiscutibles que han hecho la literatura actual; Henry James, nuestro querido y maravilloso Proust, que contiene tantas páginas aburridas, y no digamos Joyce, las novelas inacabadas e inacabables de Kafka, que ponen a prueba la paciencia más sólida, y muchos fragmentos de Thomas Mann, de Musil, de Céline, de Faulkner.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nuestro siglo no ha inventado el aburrimiento literario, pero lo ha canonizado, lo considera ingrediente casi imprescindible, un toque de calidad que se echaría de menos en una obra importante; y ello es visible también en expansiones narrativas reputadas  por su exquisitez que están de moda, para no mencionar tantos casos de autores españoles cuyo nombre es más prudente omitir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tarea de escribir&lt;/em&gt; (Pamiela), de Carlos Pujol&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112184686020488669?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112184686020488669'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112184686020488669'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/tedio-y-modernidad.html' title='Tedio y modernidad'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112176642124437429</id><published>2005-07-19T11:39:00.000-07:00</published><updated>2005-07-19T04:43:48.183-07:00</updated><title type='text'>La ética del hacker</title><content type='html'>La batalla ya está perdida. El Tribunal Supremo de EEUU ha declarado “posibles responsables de piratería” a las empresas desarrolladoras de programas P2P. A pesar de una sentencia pronunciada en 2002 por un tribunal de Los Angeles, que afirmaba que esta tecnología no vulnera directamente los derechos de autor, los intereses de la industria se han acabado imponiendo. Las empresas discográficas –así lo creen- ya no se verán obligadas a cambiar su obsoleto modelo de negocio, debido al endurecimiento de las leyes y la persecución sistemática de este tipo de software.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo, no han conseguido nada. Los programas P2P más empleados en la actualidad no los ha creado una empresa, ni siquiera poseen servidores que centralicen los flujos de información. Por tener no tienen protocolos de acceso comunes y trabajan bajo fuertes medidas de encriptación. Es decir, ya no hay nadie a quien demandar, a excepción de los usuarios, que no quieren sentirse estafados por una industria que se niega a aceptar unos hechos incontestables. El primero de ellos, que el cedé ha perdido su hegemonía como formato común en la distribución de música. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La represión no parece la mejor medida para acabar con un fenómeno imparable. Son ya muchos los músicos que han sabido adaptarse a los nuevos tiempos y permiten la libre distribución de sus creaciones a través de las licencias &lt;a href="http://creativecommons.org/"&gt;Creative Commons&lt;/a&gt;, mucho menos lesivas contra los intereses de los consumidores. La música no está en peligro, como vocea la SGAE; lo está la industria, que ve cómo se desmorona su paraíso utópico en el que ha vivido en los últimos quince años. El Tribunal Supremo de EEUU no está ayudando a la industria. La deja en un callejón sin salida y la condena a librar una batalla perdida de antemano. Pueden seguir con su paranoia de tecnolovigilancia, pero no podrán sobreponerse a una nueva ética, la ética del hacker, que se materializa en el ciberactivismo del Copyleft y el &lt;a href="http://www.elastico.net/copyfight/"&gt;Copyfigft&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La ética del hacker y el espíritu de la era de información&lt;/em&gt; (Destino) es el título del ensayo en el que el filósofo finlandés Pekka Himanen desarrolla los principales puntos de un nuevo espíritu que pretende alterar el orden establecido en torno a las producciones audiovisuales, la literatura, la música y el software libre. Para empezar, apunta Himanen, el hacker no es un delincuente (cracker), como se nos ha hecho creer. Es un entusiasta de su trabajo y, por lo tanto, su ética puede extenderse a cualquier tipo de actividad. El bloguerismo, por tanto, participa de este tipo de principios que desafía abiertamente la tradicional y hasta ahora hegemónica ética protestante del trabajo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La ética hacker es más una axiología que un programa cerrado de principios tecnológicos. Linus Torvalds, creador del sistema operativo Linux, sería el principal ejemplo de esta nueva moral del trabajo que defiende, en el caso de la informática, la creación de programas gratuitos de código abierto, aquellos cuyo código fuente puede ser alterado por los usuarios. A diferencia de Microsoft, que cierra a cal y canto el interior de sus defectuosos programas, Linux se presenta como una alternativa atractiva para todos aquellos usuarios que se niegan a vivir la nueva pesadilla de control tecnológico que nos llega desde los Estados Unidos. Para un hacker, hay un imperativo categórico: la información debe fluir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pueden consultar el texto íntegro del libro pinchando &lt;a href="http://www.geocities.com/pekkahacker/"&gt;aquí&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112176642124437429?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112176642124437429'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112176642124437429'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/la-tica-del-hacker.html' title='La ética del hacker'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112167883334374976</id><published>2005-07-18T11:26:00.000-07:00</published><updated>2005-07-18T03:38:22.200-07:00</updated><title type='text'>La piel dura</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/1600/truffaut.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/200/truffaut.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Leo en el periódico: «Un niño de 21 meses salva la vida tras caer de un quinto piso». Y pienso en &lt;em&gt;La piel dura&lt;/em&gt; de Truffaut, película en la que se reproduce, exactamente, este suceso. Un niño de apenas dos años juega en el alfeizar, nadie le está cuidando y no teme acercarse a la ventana desde la que cae, ileso, sobre unos arbustos. Toda la película es una afirmación de la dureza de los niños, una parábola sobre su capacidad de supervivencia. Por la misma razón que un niño no tiene aún formado el esqueleto, un golpe no puede quebrar la blandura de su cuerpo. Los adultos se astillan, pero los niños encajan mejor los golpes. Son blandos, que es como decir que son indeformables&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112167883334374976?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112167883334374976'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112167883334374976'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/la-piel-dura.html' title='La piel dura'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112167874987148074</id><published>2005-07-18T11:05:00.000-07:00</published><updated>2005-07-18T03:44:28.730-07:00</updated><title type='text'>Aurea mediocritas</title><content type='html'>Preocupado, Pla se pregunta en &lt;em&gt;El cuaderno gris&lt;/em&gt; si no estará inevitablemente destinado a ser un infeliz. Todos, según se mire, podemos caer en la infelicidad sistemática. Esa pregunta es propia de quienes consideran están destinados a una vida feliz. Pocos se plantean su propia mediocridad –&lt;em&gt;aurea mediocritas&lt;/em&gt;- porque creen que son merecedores de la grandeza. Esa es la razón de que con tanta frecuencia vean los errores de los demás como aciertos propios. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicho con las palabras de La Rochefoucauld: "En la desgracia de nuestros mejores amigos hay algo que no nos desagrada tanto". El mal en minúscula consiste en estas modestas inmoralidades en las que pocas veces nos reconocemos. El mal, pienso, necesita de la grandeza para tomarlo en consideración.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112167874987148074?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112167874987148074'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112167874987148074'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/aurea-mediocritas.html' title='Aurea mediocritas'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112143984429144748</id><published>2005-07-15T16:56:00.000-07:00</published><updated>2005-07-18T01:21:13.883-07:00</updated><title type='text'>Microeconomía para tontos</title><content type='html'>Es curioso cómo la Sociedad General de Autores pretende violentar la más sencilla ley de la economía. En el último informe que presenta, que se incluye en su &lt;a href="http://www.artenetsgae.com/anuario/anuario2005/frames.html"&gt;anuario de 2005&lt;/a&gt;, la venerable casa, con su habitual tono lastimero, afirma que la caída de ventas de discos se produce, exclusivamente, por el aumento de las ventas de cedés ilegales. No explica, porque no le interesa, que en una economía de libre mercado existe una ley ineludible que relaciona la demanda del consumidor con el precio de un bien dado. De esta forma, si aumentamos el precio de una barra de pan, la demanda descenderá. Y viceversa. Es muy sencillo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo que el consumidor no se comporta igual ante una subida en el precio de pan que ante una subida en el precio de un cedé. Aquí entra en juego otro concepto que relaciona el precio con la demanda. Se llama elasticidad de la demanda, y viene a explicar la sensibilidad del consumidor ante la variación en el precio –al alza o a la baja- de un bien X. El pan es un bien de primera necesidad, así que es bastante poco probable que un aumento del cinco por ciento en su precio provoque un descenso pronunciado en su consumo. En este caso diríamos que el pan es un bien muy poco elástico. Sucede lo contrario con el cedé, un bien que en ningún caso puede considerarse de primera necesidad. Una subida del cinco por ciento en el precio del cedé sí provoca un descenso del consumo, ya que un cedé es un bien muy elástico. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sorprende que el informe no proporcione datos más transparentes. En el año 2000, según unos sencillos cálculos al alcance de cualquier niño, el precio medio del cedé descendió un 7,9 %, lo que provocó un aumento de la demanda estimado en 77, 8 millones de copias, muy cercanos a los precios y resultados de 1997, una época en la que los niveles de piratería eran mínimos. Cuando los precio bajan, las ventas suben. Siempre ha sido así y está bien que siga siendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En años siguientes, el precio medio del cedé ha aumentado. ¿Se extrañan entonces de que las ventas bajen? ¿Pretenden hacernos creer que el consumidor no es sensible a las variaciones de precio de la música? ¿Están afirmando que el cedé es un bien anómalo y se comporta como un bien &lt;a href="http://www.labolsa.com/canales/207/"&gt;giffen&lt;/a&gt;? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ja!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112143984429144748?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112143984429144748'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112143984429144748'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/microeconoma-para-tontos.html' title='Microeconomía para tontos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112141918112328667</id><published>2005-07-15T11:18:00.000-07:00</published><updated>2005-07-15T02:19:41.123-07:00</updated><title type='text'>Risas</title><content type='html'>No sé dónde he leído –creo que es de Piglia- que la timidez y el humor con frecuencia se dan juntos. Es cierto, en todo caso, si no queremos creerlo, que la timidez sólo se combate con el humor, que es esa prudente distancia con la que nos enfrentamos a esa conspiración cósmica que llamamos realidad. Mucha gente, incluso la que me conoce, afirma que tengo un carácter lúgubre. Es cierto que en mi pálido rostro parece el mármol grave de una sepultura, pero yo me río por dentro. Sólo carcajeo en situaciones incómodas, con mucha frecuencia en funerales. No me sale la risa en la atmósfera distendida de una reunión. Tiene entonces para mí la risa algo prohibitivo y caro, como ese vino excepcional que sólo servimos en ocasiones especiales. Sería falso afirmar que sólo me gusta el humor inteligente. Aprecio en gran medida la risa de opereta, los espectáculos que a diario nos ofrece el vodevil de la vida, incluso el chiste que se cuenta con el palillo en la boca. No soy un &lt;em&gt;gourmet&lt;/em&gt; de la risa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi pecado es no saber sonreír. Tengo una sonrisa que no llega a sonrisa, una sonrisa mellada y mediopensionista que no suele agradar a los escasos partidarios de la alegría. Tengo, es una pena, un cigomático mayor muy poco ejercitado. Este músculo es el que permite sonreír a las personas. Por lo que se ve, mi músculo me falla en las circunstancias menos favorables, sobre todo después de un chiste que todos celebran. Qué le voy a hacer si no tengo una buena sonrisa, si mi cigomático mayor es cualquier cosa menos el de un culturista de la risa. Sé llorar con verdadero fervor, pero nadie aprecia un buen llanto ni –es mi especialidad- una entregada sucesión de gimoteos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112141918112328667?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141918112328667'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141918112328667'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/risas.html' title='Risas'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112141883365277972</id><published>2005-07-15T11:08:00.000-07:00</published><updated>2005-07-18T00:53:54.570-07:00</updated><title type='text'>Tópico</title><content type='html'>«Como en España no se vive en ningún sitio», escucho con demasiada frecuencia. No me interesa la veracidad de esta afirmación –indemostrable-, sino el grado de obscena complacencia con la que alguien la pronuncia y, por supuesto, la inevitable circunstancia de fruición gastronómica que la acompaña.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112141883365277972?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141883365277972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141883365277972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/tpico.html' title='Tópico'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112141834586711628</id><published>2005-07-15T10:57:00.000-07:00</published><updated>2005-07-15T02:05:45.873-07:00</updated><title type='text'>Esos sabios</title><content type='html'>Son cómicos los nuevos moralistas. Nos invitan a ver ver cosas que ya habíamos visto. Es el caso del venerable José Luis Sampendro, anciano sapiencial con ínfulas de arconte. A diferencia de Sócrates, sólo le hacen caso los ingenuos cargadas de buenas intenciones. No perdono tampoco a los saramagos que jesusean con pernicioso tonillo ático. La misión del sabio, como hacía Sócrates, debería ser (co)rromper.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El periodista &lt;a href="http://www.arcadi.espasa.com/"&gt;Arcadi Espada&lt;/a&gt; tiene una palabra para definir las excrecencias intelectuales de este tipo de escritores: magufería. Huyamos, pues, de los escritores magufos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112141834586711628?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141834586711628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112141834586711628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/esos-sabios.html' title='Esos sabios'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112126142160302798</id><published>2005-07-13T15:17:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T06:33:58.646-07:00</updated><title type='text'>Un viejo amigo</title><content type='html'>“El hombre desea convertirse en macho dominante. Mira a tu alrededor” –me dice, extendiendo el brazo. “¿Crees que no deseo copular con el mayor número de mujeres de este lugar?” No le respondí nada. Preferí seguir escuchando su discurso, una mezcla de nihilismo autocompasivo y agresiva teoría social con el que trataba de justificar su cáncer emocional. Era un tipo discretamente amargado que hacía un año se había separado de su mujer y a la que se suponía ya había perdonado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella ganaba más que mi amigo, ya que su ascensión laboral fue progresiva y ascendente. Comenzó como telefonista en una empresa de telecomunicaciones. Pasaba diez horas del día resolviendo lo que se conoce como incidencias. La llamaban tipos con problemas diversos, habitualmente técnicos, que resolvía a través de unos complicados diagramas de flujos que explicaban los pasos que debía seguir el interesado. No era nada complicado resolver las incidencias. Sólo en pocas ocasiones la mujer de mi amigo tuvo que improvisar soluciones no específicas. En pocos años consiguió convertirse en directora regional de su empresa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Era una cuestión de dinero?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi amigo era demasiado perezoso, demasiado indiferente para sentirse acomplejado por el insondable abismo económico que los separaba. Como redactor en la versión digital de un conocido diario de economía, mi amigo tenía un sueldo mediocre y poca relevancia social. Ella, en cambio, parecía que aún tenía un futuro prometedor y un sueldo absurdamente alto. Un año después de contraer matrimonio, su relación se fue a pique después de descubrir decenas de conversaciones que  mantuvo por chat con una chica que se hacía llamar Kreia. Mi amigo, al que advertí en su día del peligro que podría correr, olvidó borrar los archivos de registro del programa que empleaba para perpetrar sus infidelidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;−Aunque nunca la vi en persona, aquello fue peor que si me hubiese pillado con ella en la cama. Nuestra relación sólo había durado un mes, pero el contenido de aquellos archivos era irrefutable. Había contado con pelos y señales todas las miserias de mi vida con ella, me quejaba de sus manías y esa forma de humillarme todos los días con mis fracasos. Dejé de dibujar, que es lo único que de verdad me ha interesado. Dejé de ver a los amigos. Todo por ella. Y luego va y me pilla hablando con una tía a la que sólo he visto en fotos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel suceso, comentaba con resentimiento, fue la excusa perfecta para que la pudiera abandonarlo sin culpa. Su fracaso, que en cierta manera era el mío, estaba acabando con su vida. Había perdido peso, pero su aspecto desfondado, su evidente desaliño mostraban los signos de una recuperación lenta y difícil. Llevaba un año sin follar y eso, insistía, le parecía insufrible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Según su teoría, los grandes perdedores de nuestras sociedades son perdedores sexuales. Dinero, poder, éxito, amistades… Todo los dones que nos puede ofrecer la vida sirven para un único fin. “Somos así de primitivos, porque todo se reduce a eso, convertirse en el macho dominante de la manada”. Ya había leído algo parecido a eso en &lt;em&gt;Las Partículas elementales&lt;/em&gt; de Houllebecq, sólo que ahora, cara a cara con mi amigo, aquella extraña teoría etológica cobraba un sentido más personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;−Mírame. ¿Qué crees que me depara el futuro? Tengo treinta y ocho años y ya no me quedan fuerzas. No he conseguido nada. Miro a mi alrededor y sólo veo niñatos que lo pasan mucho mejor que yo. Cuando alguna noche me animo y salgo de copas, me doy cuenta que no tengo nada que ofrecer. Sé la impresión que produzco, sé que, cuando alguna chica me mira, me descarta inmediatamente. Tengo un convincente rostro de fracasado y las mujeres, ya lo sabes, huyen de los de  mi especie. Al menos aquellas chicas que podrían interesarme. Nunca he sido guapo y tú me conoces. ¿Me has visto alguna vez con chicas poco atractivas? Pues no me queda otra. A partir ahora, acostúmbrate a verme con chicas que avergonzarían a los gorilas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto, traté de convencerle de lo contrario, ofrecerle otra perspectiva, aunque sin mucho convencimiento. Dijera lo que dijera, aquellos pensamientos eran el resultado de una lenta y minuciosa destilación de los negros humores de su experiencia. Poco había que hacer. Yo traté de explicarle que en estos casos es peligroso postular teorías sobre el mundo cuando uno está en horas bajas. Corres el riesgo de distorsionar la realidad, insistí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;−Pero para eso están las teorías, para huir de la infelicidad, que en mi caso es progresiva y sistemática. Lo peor de todo es que, venido el caso, no sería capaz de suicidarme. No sería necesario. Sé que puedo tragar más mierda, porque comprendo que mi caso no tiene ninguna relevancia. No es trágico. Sólo tengo que ir dejándome consumir, muy despacio, como Bartleby el escribiente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lo decía en serio. Desde nuestra época de estudiantes, sabía que su principal defecto o virtud –según las circunstancias- era su extrema capacidad para adornar con literatura cualquier acontecimiento de su vida. Sensible en extremo a los encantos retóricos de sus escritores favoritos, mi amigo era incapaz de reconocer que la realidad no se teje con palabras precarias. Así fue viviendo, como un difuso personaje sobre el teatro de sus propias confusiones, y hasta allí había llegado en su torpe carrera como segundón de novela. Lo extraño es que nunca hubiese intentando escribir aquellas chaladuras suyas, plasmarlas sobre un papel como otros lo habían hecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No, nunca podría escribir nada de lo que me sucede. Lo dijo Gil de Biedma, aunque con otras palabras: no quiero ser poeta, prefiero ser poema.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112126142160302798?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112126142160302798'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112126142160302798'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/un-viejo-amigo.html' title='Un viejo amigo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112125514577306237</id><published>2005-07-13T13:40:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T04:50:02.443-07:00</updated><title type='text'>Humo</title><content type='html'>La Organización Mundial de la Salud pretende clasificar para mayores de dieciocho años las películas en que aparezcan personajes fumando. Como cinéfilo, este propósito me parece rídiculo; al fumador que soy, negligente. Sin embargo, nadie nos librará ya de las huestes de salutíferos bienpensantes de nuestra actual farmacocracia. Para compensar esta circunstancia recupero un viejo poema adolescente. Dice, hum, así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Mi cáncer navega agazapado&lt;br /&gt;por el mar de mi sangre envenenada.&lt;br /&gt;Mi vicio no tolera voluntad ni &lt;em&gt;jogging&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;ni parches ni pastillas o primeros de enero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi cáncer es mi amigo renegrido,&lt;br /&gt;mi pulmón solitario, mi codicia de humo,&lt;br /&gt;mi forma de decirle a la muerte&lt;br /&gt;que juegue conmigo hasta la asfixia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay nada de terrible en infartarse,&lt;br /&gt;fumando espero el día que más quiero,&lt;br /&gt;nicotinado, flemático con flemas,&lt;br /&gt;tosiendo al miedo esputos de silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tos es mi proclama, mi bandera,&lt;br /&gt;mi himno sordo y obstinado,&lt;br /&gt;mi amor tuberculoso y lento,&lt;br /&gt;también mi viuda arrebatada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tos es verso de Unamuno&lt;br /&gt;-Salamanca rima con palanca-,&lt;br /&gt;promesa de oxígeno y visitas&lt;br /&gt;al negro hospital de lo incorrecto.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La poesía me ha abandonado, dejándome un no sé qué de rencor en mi pecho de prosista, una picazón lírica sobre mi espalda de nadador de fondo. No me llega el momento en que uno siente el poema, ese fogonazo inicial, esa epifanía de la palabra que les visita a los verdaderos poetas. Precisamente ahora, que ya me conozco los trucos, soy un tullido de la poesía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112125514577306237?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112125514577306237'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112125514577306237'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/humo.html' title='Humo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112125458754149258</id><published>2005-07-13T13:31:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T04:49:17.283-07:00</updated><title type='text'>Borracho</title><content type='html'>&lt;em&gt;La leyenda del santo bebedor&lt;/em&gt; es una de las historias más contemporáneas que he leído en los últimos tiempos. La santa Teresita de Lisieux de la iglesia de Sainte Marie des Batignolles es nuestro caso particular, nuestra deuda con la vida. Como el &lt;em&gt;clochard&lt;/em&gt; de Joseph Roth, nosotros también debemos restituir lo que un día recibimos. No lo haremos jamás y así nos perderemos en las incongruencias de la tecnología, el trabajo y las &lt;em&gt;relaciones sentimentales&lt;/em&gt; (1). La deuda, en realidad, no tiene importancia. Sólo nos importa el vino de la felicidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(1) Qué horrible expresión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112125458754149258?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112125458754149258'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112125458754149258'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/borracho.html' title='Borracho'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112116756153011960</id><published>2005-07-12T13:33:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T06:02:18.583-07:00</updated><title type='text'>Dead media</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/1600/David_Foster_Wallace.gif"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/200/David_Foster_Wallace.gif" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Todos ellos morirán de ironía porque dicen, y así lo señala David Foster Wallace: «¿Cómo se puede ser un iconoclasta &lt;em&gt;bona fide&lt;/em&gt; cuando Burger King vende aros de cebolla con eslóganes como “A veces hay que romper las reglas”?». Lo explica muy bien cuando dice:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;«Los rebeldes verdaderos, por lo que yo sé, se arriesgan a ser desaprobados. Los viejos rebeldes posmodernos se expusieron a los chillidos del asco: al horror, al disgusto, al escándalo, a la censura, las acusaciones de socialismo, anarquismo y nihilismo. Los riesgos actuales son distintos. Los nuevos rebeldes pueden ser artistas que se expongan al bostezo, a los ojos en blanco, a la sonrisita de suficiencia, al golpecito en las costillas, a la parodia de los ironistas y al Oh, qué banal. A las acusaciones de sentimentalismo y melodrama. De exceso de credulidad. De blandura. De dejarse embaucar de buena gana por un mundo de mirones y seres acechantes que temen al miedo y al ridículo más que al encarcelamiento sumario.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;(Mondadori), en su ensayo "E unibus pluram".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112116756153011960?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116756153011960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116756153011960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/dead-media.html' title='Dead media'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112116372810678335</id><published>2005-07-12T12:23:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T06:02:58.220-07:00</updated><title type='text'>Rancho de guerra</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/1600/Julio_Camba.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/200/Julio_Camba.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Hoy es un día como cualquier otro, salvo por los golpes de los albañiles en la fachada de mi casa. No paran. Así llevan desde las diez de la mañana y, aunque intento disfrazar el ruido con los preludios de Bach, no consigo concentrarme. Así pues aparco la escritura de la biografía de Lorca que me han encargado y me dedico un rato a los fogones, dudando entre un cremoso bacalao al pilpil o un restallante y poco ortodoxo plato de huevos estrellados. Al final, menos convencido de lo que pensaba, aprovecho unos champiñones del día anterior y ejecuto un revuelto que me zampo con media vienesa. Como dice mi tío C., «comer va cobrando sentido a partir de los cuarenta». Yo aún no he cumplido los treinta, pero la gastronomía, la mera cocina de supervivencia, la gula zafia y tempranera, el &lt;em&gt;ressopó&lt;/em&gt; de los viernes (luego de inflarme a copas de ron con cocacola), van afianzando los secretos pilares de mi paladar todavía inexperto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, releyendo &lt;em&gt;La casa de Lúculo&lt;/em&gt;, advierto que «la edad ideal para comer es la que media entre los quince y los treinta años, y desde los cuarenta para arriba hay que dar marcha atrás». Lo que me llena de satisfacción, pues a mis veintisiete aún estoy en edad, como compruebo al estudiar mi vientre, que aún parece una de esas tablas que antes se empleaban para lavar. El problema, apunta Julio Camba, es que «la edad de la comida nunca coincide con la del dinero», como es mi caso, aunque todos los viernes, con eficaz puntualidad, mi querido tío C. me agasaja invitándome a comer en algunos de los mejores de Madrid.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi tío, que no alcanza a Brillat-Savarin en refinamiento, estima que la cantidad es importante. Se sitúa, por así decirlo, entre el &lt;em&gt;gourmand&lt;/em&gt; libre de escrúpulos y el &lt;em&gt;gourmet&lt;/em&gt; que no rechaza unas patatas fritas de freiduría bien calentitas. Como aquellas de la familia Mingoarranz que solíamos comprar los domingos por la tarde en la plaza de Felipe II, cuando era un chaval, y que hoy, grasientas y rancias, me parecen decepcionantes. Es una lástima que sobre el negocio de los Mingoarranz, como en muchos otros, haya caído la maldición de la segunda generación. El sabroso aceite de oliva con que se freían entonces sus crujientes &lt;em&gt;chips&lt;/em&gt; ha sido sustituido, intuyo, por la grasa del motor de un viejo dos caballos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo joven gastrónomo que se inicia en su arte se debe a sus recuerdos lo mismo que un oficial de Napoleón se debe a Napoleón, que fue uno de los primeros genios militares en comprender el valor logístico de la patata. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que Parmentier la introdujera en Francia, la patata ha avanzado una barbaridad. Tanto que la guerra que estos días se libra en Irak ha provocado curiosos cambios en ciertas nomenclaturas gastronómicas. Si es cierto que «no se puede hacer una buena política con una mala comida», como afirmaba Talleyrand, los congresistas estadounidenses, tras el feo que les han hecho los franceses en esto de la guerra, me han convencido de que son unos tipos insensibles a la delicia. Enfurruñados como niños contrariados, no han dudado en castigar al franchute: las patatas a la francesa se llaman ahora &lt;em&gt;patatas a la libertad&lt;/em&gt;, que son las patatas fritas de toda la vida, pero aderezadas con un chorrito de doctrina Monroe y el indigesto perejil del macarthysmo. «América para los americanos», gritan hoy  los estómagos del Imperio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Memo no sabe, pero yo sí, que las patatas son una de las armas tácticas más poderosas de la cocina occidental. Tanta importancia tienen hoy los escudos antimisiles del señor Rumsfeld como una buena guarnición de patatas. Son algo así como el arma de infantería de la cocina diaria. Y si digo esto es porque de un buen restaurante uno puede adivinar sus defectos por la manera en que el chef honra a mi querido tubérculo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya lo decía el pesado de Brillat-Savarin: «El descubrimiento de un nuevo plato tiene mayor importancia para la felicidad de la humanidad que el de una nueva constelación». Pero el cielo hoy está despejado de dudas, las únicas constelaciones visibles las forman las cóncavas aeronaves del Memo: los invictos Apaches, los Blackhakws sin derribo y todo esa quincalla militar que se extiende por el desierto presagiando muertes. Muy mal lo de estos americanos, que han liado el petate sin olvidarse de sus McRatas y sus Yankees Donuts, esa repostería bastarda que desayunan los polis de las películas mientras se beben su café aguado de preocupaciones. Han llevado sus multinacionales hasta la vieja Mesopotamia para que los soldados sigan sintiéndose como en casa. Caen hamburguesas sobre Bagdad, pero en España prolifera el kebab, que es un bocado infiel. Lucha intestina e intestinal del civilizaciones, que diría Huntington. Aquí mismo, en Lavapiés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo demás, la cocina estadounidense se ha inventado sus propias tradiciones. El cóctail de langosta lleva &lt;em&gt;catsup&lt;/em&gt; y se come con pan &lt;em&gt;toast&lt;/em&gt;, por lo que no podemos incluirlo en la categoría de plato maestro. El chop suey tampoco, por ser una mezcla de restos tan china como la paella alemana o las tarta sacher de mi pueblo. El cocinero chino es muy hermético, no está dispuesto a halagar paladares extranjeros tan fácilmente. Como en las artes marciales, los estadounidenses son los pequeños saltamontes de la cocina china. Es como si Chuck Norris anunciara el wok en la Fox a las cuatro de la madrugada, mientras al otro lado, en la Casa Blanca, absorto en sus estúpidas estrategias, el Memo se atraganta con una galletita de la Nabisco: el efecto mariposa aplicado a la cocina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único estimable de la cocina estadounidense es la clam chowder, la célebre sopa de mariscos que inventaron los cólonos de Nueva Inglaterra a partir de las cocina tradicional de los indios, aunque para caldo el del zortziko de kokotxas y almejas de los sabios vascos, que está para ponerle un piso en la Castellana. Cabría incluir también las contundentes judías cocidas al estilo Boston, aunque nos recuerdan mucho a las fabes asturianas. Con estos dos platos los americanos de entonces sí pudieron forjar un país como Dios manda. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Altísimo también toma cartas en este asunto, quiero decir que sanciona el menú, pues no olvidemos que el primer pecado fue también un pecado gastronómico. Ahí está la reluciente poma, la jugosa manzana con la que elaboran el patriótico &lt;em&gt;american pie&lt;/em&gt;, sobre cuya sofisticada teoría disertaba un pulcro Kyle Machlalan en &lt;em&gt;Twin Peaks&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a la moral protestante de los &lt;em&gt;wasp&lt;/em&gt;, los Estates es un país de pecadores muy originales. Yo, que no he leído a Hawthorne, he tenido ocasión de leer El crisol de Miller, y me pregunto: ¿Es que entonces comían tan mal aquellos valientes pioneros?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Si Camba, que en ocasiones se equivocaba, echaba pestes del garbanzo, aunque fuera de Tolosa, yo hago lo mismo con el apio. Con este vegetal que tanto gusta a las pellejudas que practican el aeróbic los estadounidenses fabrican la muy atroz ensalada de ave, que siempre se han imaginado muy francesa. Hoy, &lt;em&gt;sacre bleu&lt;/em&gt;, imagino que la prefieren al estilo inglés por esas cosas raras de la diplomacia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero uno sabe cómo son los ingleses. Lo único que tienen aprovechable, y aún con reparos, es el tradicional &lt;em&gt;joint&lt;/em&gt; de buey, ternera o carnero con patatas y coles hervidas, asado en su propio jugo y sin sal. Nada comparable con el &lt;em&gt;ossobuco&lt;/em&gt; (hueso con agujero) de ternera que tomé hace cinco años en un pueblecito del norte de Italia, país que, por otra parte, siempre pierde las guerras con el mismo espíritu que si las hubiese ganado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Así que tomemos al Memo, que no sabe comer, pongámoslo al lado de Blair, que cumple a rajatabla la cuaresma al estilo británico, y podremos hacernos una idea de cómo va a ser esta guerra: trivial desde el punto de vista estratégico; mal condimentada de tropas; y muy indigesta en lo propagandístico. «Hasta ahora», ironiza Camba sobre el americano, «su mayor placer gastronómico se lo ha procurado siempre la goma de mascar, y en lo porvenir...».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En lo porvenir, añado yo, no sólo masticaremos chicle, comeremos también ensaladas Waldorf, que es el plato típico de los huéspedes del hotel que lleva su nombre y que fundó John Jacob Astor, un emigrante alemán hace ya la tira de años. Puedo imaginarme alimentado de tiras crudas de pecaminosa manzana y de execrable apio, todo ello anegado en mayonesa y nueces de California. Puedo imaginar la náusea, física y existencial, que mi producirá su ingesta. Seré, como describió Céline, «un muchacho sin importancia colectiva, exactamente un individuo», pero condenado de por vida al bicarbonato de sosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;De mi diario de 2003.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112116372810678335?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116372810678335'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116372810678335'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/rancho-de-guerra.html' title='Rancho de guerra'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112116051837161588</id><published>2005-07-12T11:23:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T06:04:04.246-07:00</updated><title type='text'>De visita</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/1600/Atticus_Finch.jpg"&gt;&lt;img style="float:right; margin:0 0 10px 10px;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/200/Atticus_Finch.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Me dejo caer por casa de J. M. y C. A.. Los sorprendo en plena faena culinaria, aunque son casi las cinco de la tarde. En el salón, rastros de una noche agitada y, muy probablemente, divertida: ceniceros rebosantes de colillas, botellas vacías, hebras de tabaco diseminadas por la mesa, discos, papel de fumar. Les pillo, por así decirlo, desprevenidos, un poco apurados por tanto desorden. Aunque se han levantado hace un par de horas, quieren dar la impresión de que han aprovechado el día, como disculpándose de su inactividad en este lunes anodino, demasiado otoñal para emprender proyectos serios y productivos. Yo también me siento culpable de descubrirles en plena resaca, pero se alegran de verme y al rato ya estamos hablando como siempre de cine. J. ha puesto la cinta de &lt;em&gt;Matar a un Ruiseñor&lt;/em&gt;, que evoca en mí un cierto tiempo de mi infancia, lo que me levanta el ánimo, ayudándome a soportar este día en que me siento un poco desolado. La cinta, grabada hace cinco o seis años, incluye los cortes publicitarios de la época y me doy cuenta de lo rápido que sucede todo. Viejos y desgastados &lt;em&gt;spots&lt;/em&gt; que ya no recordábamos y que nos han mostrado los signos inevitables de un tiempo muy concreto, esos cuatro o cinco meses de entonces, pero con esa anacronía que hoy los hace imposibles e inútiles. Algo siempre arrastra al espíritu de nuestra época, se ve en estos anuncios, síntesis apresuradas de lo que fuimos durante un breve tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112116051837161588?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116051837161588'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112116051837161588'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/de-visita.html' title='De visita'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112115934422577457</id><published>2005-07-12T11:10:00.000-07:00</published><updated>2005-07-12T05:59:44.440-07:00</updated><title type='text'>Costumbrismo</title><content type='html'>Veo los mismos personajes por mi barrio. La primera vez que la vi pude fijarme en su tranquilos vagabundeos, sus largas y pacientes esperas en los bancos, la extraña elegancia de su falso abrigo de piel de tigre, sus rastas deshilachadas, su mirada extraviada. Es negra, inmigrante, mujer y ya no es joven. Lo tiene difícil, pienso. Qué es lo que hará aquí, cómo vino, dónde duerme, quién le habla. Un misterio. Es bastante probable que no pronuncie una palabra en castellano, y que esté loca. Aunque la locura sólo es un punto de vista, una mirada sin retorno, ya que es probable que esta mujer proceda de un lugar donde se mostraba enteramente cuerda. Es este lugar, en este mundo que no comprende, lo que la encierra en un laberinto en el que ninguno de nosotros quiere perderse. Me recuerda a mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;También la vieja esa, un poco celestina, piruja, que vende abalorios. Lo hace incansablemente, a todas horas, en los bares y terrazas, con ese renquear achacoso que tienen las viejas trotadoras. De su antebrazo cuelgan como lianas decenas de collares de cuentas brillantes, pulseras y toda la ínfima quincalla que consigue en los cientos de tiendas al por mayor de Lavapiés. Es raro que no la vea al menos dos veces a la semana, inevitable, en algún garito, gritando el precio de su mercancía. Imagino que el negocio funciona. Ya puedo imaginármela todas las noches recontando alegre las monedas en un pequeño pisito de Embajadores -un gato es su única compañía- mientras en la cocina bulle el guiso en el puchero y la televisión escupe sus últimas novedades. Un verdadero tipo barojiano que sólo existe en la novela de este barrio que parece funcionar sólo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112115934422577457?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115934422577457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115934422577457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/costumbrismo.html' title='Costumbrismo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112115785864691363</id><published>2005-07-12T10:41:00.000-07:00</published><updated>2005-07-12T01:44:18.650-07:00</updated><title type='text'>Un viejo caballero español</title><content type='html'>A. de M. es alto, con algo de hidalgo del Nuevo Mundo en su perilla entrecana, cervantino en su forma de levantar la copa, entre amistosa y displicente. Ha atravesado la edad de los juramentos, ya no se promete nada. Se ha quedado, sólo en la barra, con su escepticismo bénevolo y aguardentoso y ya sólo habla hacia atrás. Yo le pregunto con curiosidad de bachiller, fascinado por sus derrotas -que él no ignora-, dejándome tutelar por su experiencia, su buena conversación y gran sentido del humor. Es un periodista de linotipia al que el ordenador le estraga. De internet no habla maravillas, pero asume que es lo que se lleva ahora. De lejos, podría parecer que está acabado, pero a mí me da que un día de estos, cabreadísimo, se pondrá farruco con los compañeros de esa quinta de la que se ha quedado descolgado, como un ciclista al subir el puerto de los triunfos. Es su soberbia, me cuenta, lo que le ha impedido bajarse los pantalones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112115785864691363?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115785864691363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115785864691363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/un-viejo-caballero-espaol.html' title='Un viejo caballero español'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112115653100163312</id><published>2005-07-12T10:17:00.000-07:00</published><updated>2005-07-12T01:22:11.000-07:00</updated><title type='text'>Bullying</title><content type='html'>No debo olvidar los cientos de humillaciones que en mi infancia inflingí al gordo Irureta, la saña extrema con la que lo insultaba, la soberbia y la superioridad con la que, día tras día, con la complicidad de mis compañeros, condené las adiposidades de aquel muchacho cuya inocencia aún perturba mi conciencia. Pasa el tiempo, pero cada día me cuesta más olvidar aquellas maldades.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112115653100163312?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115653100163312'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115653100163312'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/bullying.html' title='Bullying'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112115596152059211</id><published>2005-07-12T10:07:00.000-07:00</published><updated>2005-07-12T01:12:41.520-07:00</updated><title type='text'>Bajo la lluvia</title><content type='html'>El asfalto, cuando llueve, parece regaliz, y el sonido que producen los neumáticos de los coches se asemeja al de la golosa ansiedad de un niño.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112115596152059211?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115596152059211'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115596152059211'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/bajo-la-lluvia.html' title='Bajo la lluvia'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112115511974169390</id><published>2005-07-12T09:47:00.000-07:00</published><updated>2005-07-12T00:58:39.746-07:00</updated><title type='text'>Autorretrato</title><content type='html'>Releyendo &lt;em&gt;El cuaderno gris&lt;/em&gt; caigo en la cuenta de que yo nunca me he retratado sobre el papel. Quiero decir que carezco de fotografía y que alguien que no me conociera y leyera estas líneas no podría hacerse una idea de mi aspecto. Siguiendo el ejemplo de Pla, trazaré los principales rasgos de mi fisonomía:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;La impresión que produce mi presencia vista a lo lejos es la de un individuo de andares elásticos que a menudo camina demasiado rápido para lo que realmente tiene entre manos, nervioso y un poco tímido, como demuestra su costumbre de caminar arrastrando la mirada por la acera. Alto, sin resultar grotesco, el que escribe tiene, como se suele decir, un buen tipo. Ancho de hombros, los brazos largos, cintura estrecha (quizá demasiado) y cuello musculado, a este tipo se le nota que ha frecuentado los gimnasios tres veces por semana, aunque afortunadamente no posee las líneas de uno de esos ridículos fantoches hipertrofiados y nalgudos que suelen lucir parné en camiseta. Las piernas, aunque fuertes, son finas, levemente exagerados los gemelos. Los muslos, apenas sin sustancia. Tiene buen cráneo, redondo cuando se lo contempla de perfil, más alargado cuando te mira de frente, y una mandíbula fuerte y un poco eslava.. De esta forma, sin tener los pómulos demasiado altos, sus mejillas parecen hundirse, otorgándole un aire de serio ascetismo o de guapo que no se anima a serlo del todo. La barbilla, un poco aguda y con hoyuelo a lo Kirk Douglas, colabora en esta función. Sí, es atractivo, pero el conjunto se le estropea un poco por la dentadura irregular, un poco amarillenta del tabaco, en la que luce una melladura pasoliniana. Los labios no destacan y suelen permanecer rectos, pues están poco acostumbrados a la sonrisa. En ocasiones pueden resultar mezquinos, como si rumiaran alguna maldad de tercera categoría, apenas un putada entredicha. Los ojos negros y mates suelen mirar con fijeza e inteligencia, pero es fácil sorprenderlos en toda su esplendorosa ingenuidad y apurada timidez. Pueden ser cálidos, pero lo habitual es que miren con distanciamiento, orgullo y esa frialdad que la naturaleza concede a los seres de costumbres solitarias. En ocasiones, luce una barba negra y brillante, aunque poco convincente, como de forajido insidioso que muere al empezar la película. De perfil la nariz es severamente recta, rematada en punta, pero su base es demasiado ancha, como si no se decidiera a ser griega o negroide. Este individuo tiene el culo vago y escurrido como el de un efebo, algo que suelen advertirle con frecuencia. En conjunto, rematando la figura, las manos, delicadas y fuertes, pálidas y venosas, con pocas dotes para acompañar una conversación, tienen algo de gótico sombrío, de vampiro sediento de sangre. Y es que la luz, reflejada en su piel de cirio episcopal, parece obstinarse en una blancura mortuoria, como si, efectivamente, los rayos del sol pudiesen reducirme a cenizas.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inevitablemente, el autorretrato que acabo de hacer, aunque se aproxima al original, tiene un par de pinceladas que sugieren cierta vanidad, aunque muy poca, pues casi me parece un insulto que me puedan tachar de guapo. Así que introduciré algunos matices. Vuelvo así a mi mandíbula, de líneas acusadas y depredadoras, que no creo guste a todo el mundo, quizá por demasiado ancha. O mi nariz, que tal vez no sea todo lo griega que uno querría y tienda más a la impertinencia, a una puntiaguda insolencia de pollo de opereta. El cuello no es el de un toro, aunque exhibe una firmeza a prueba de estrangulamientos, siendo al mismo tiempo flexible y fibroso. No he mencionado los lunares, repartidos por toda mi anatomía y de los que tendré más de cien en los lugares más insospechados: la cuenca de los ojos, la nuca, los pies. Parece como si me hubieran arrojado una salpicadura de pintura con una brocha.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112115511974169390?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115511974169390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112115511974169390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/autorretrato.html' title='Autorretrato'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112109103326614325</id><published>2005-07-11T15:54:00.000-07:00</published><updated>2005-07-13T06:05:52.176-07:00</updated><title type='text'>Daniel Dravot y Peachy Carnehan</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/1600/Dravot_y_Carnehan.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/4144/1153/200/Dravot_y_Carnehan.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;Así se llamaban los dos buscavidas que interpretaban Sean Connery y Michael Caine en &lt;em&gt;El hombre que pudo reinar&lt;/em&gt;. No he leído el cuento original de Kipling, pero me basta el recuerdo que tengo de la primera vez que vi esta película en televisión, cuyo imborrable final me parece uno de los más emocionantes que he visto en mi cinéfila vida. Ahí tenemos a Daniel Dravot (Connery), rey de Kafiristán, enfilando un puente colgante, mientras entona una vieja tonada militar instantes antes de precipitarse al vacío. Peachy, el escuderil Peachy, lo mira con lágrimas en los ojos. Parece estar diciendo: Ah, Dravot, lo hemos pasado bien, hasta tú has sido rey. Ahora llegan malos tiempos, cantemos antes de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los londinenses no han cantado ni han mostrado el alegre estoicismo de Daniel Dravot y Peachy Carnehan. Sí la templanza ante el infortunio, que es una virtud muy anglosajona. Nada de aspavientos, tarea muy española, en los días siguientes a la matanza. En Londres, todos a lo suyo, como si nada. Aquí purgamos nuestras desgracias con alharacas, bravatas y juramentos. No sé por qué, pero hay en todo esto una puntita de envidia que no sé como aliviar. La noto, por ejemplo, en la edición dominical de &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt;, leyendo a Enric González, cuyas impresiones extracta mi amigo J. en su &lt;a href="http://www.diariodeunsufidealcorcon.blogspot.com"&gt;blog&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Addenda: El nombre de Michael Caine aparece dos veces en este &lt;em&gt;blog&lt;/em&gt; en menos de una semana. Pura coincidencia. La mejor definición que he escuchado sobre este actor la encuentro en una de sus últimas películas, &lt;em&gt;Shiner&lt;/em&gt;, donde puede escucharse algo así: "Este tío tiene tanto talento que hace que jugar a la lotería parezca algo con clase".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112109103326614325?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112109103326614325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112109103326614325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/daniel-dravot-y-peachy-carnehan.html' title='Daniel Dravot y Peachy Carnehan'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112108679529937948</id><published>2005-07-11T14:54:00.000-07:00</published><updated>2005-07-11T05:59:55.306-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (VII)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Donde se refieren los heroicos intentos de nuestro joven&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran tiempos cutrísimos. La memoria se me empantana cuando pienso en lo que fui y en lo que verdaderamente quería ser. Aún recuerdo a mis héroes de entonces, aconsejándome llevar una vida aventurera, dichosa de chicas guapísimas, amigos inseparables y enemigos a los que siempre podría vencer. Entonces Michael Knight parecía que estaba a mi alcance. Al fin y al cabo, si uno quiere ser como el Capitán América, alguien, y yo no sabía quién, tenía que inyectarme el suero de supersoldado. Un chico de Iowa tendría más posibilidades que yo de convertirse en el Capitán América, un chico de Iowa o de Boston que, como el original, hubiese sufrido poliomelitis. Yo estaba perfectamente sano, así que en mi modestia elegí convertirme en Michael Knight. ¿Quién iba a ser yo? ¿El Capitán Hispania?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Michael Knight me parecía el hombre más simpático, elegante y divertido del mundo. Cómo me podía reír con aquellos chistes que soltaba en medio de una persecución, justo antes de pulsar el botón Turbo Boost; o las conversaciones picantotas que mantenía con Bonnie, la mecánica del camión base que lo recogía a mitad de episodio. Me parecía que todo aquello representaba el verdadero espíritu aventurero, así que yo trataba de imitarle en todo y para ello no escatimaba medios. Me cardaba el pelo con la laca de mi tía Pilus, me ajustaba el cinturón para marcar cadera con mi pantalón Caroche y me desabrochaba los tres primeros botones de mi camisa de franela a rayas. Sí, cada día me parecía más a Michael Knight, con esos andares impetuosos y esa marca inconfundible de virilidad que asomaba en su pecho hirsuto. Lo único que no me gustaba de la serie era el viejo ese, Devon, que me parecía un poco rarito con sus engolados trajes de tweed.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto que en el colegio se reían de mí por mis heroicas pretensiones. La opinión de la mayoría nunca me ha interesado, así que yo pasaba de los chicos que querían ser como los de Comando G, esos mamarrachos vestidos como buitres que aparecían en televisión los domingos por la tarde. Aprendí mucho sobre las mujeres con Michael Knight: soltar piropos con gracia, ladear la sonrisa y apoyar el codo con estilo sobre el capó de un coche. Sólo que yo entonces no tenía coche. Tenía que imaginarme que mi bici era aquel portento automovilístico que solía soltar las mejores frases de cada episodio. Cuántos derrapes, cuántos saltos arriesgué antes de pulsar los botones de la calculadora que sujeté en el manillar con cinta aislante para simular el fantástico cuadro de mandos del coche de mi héroe favorito.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112108679529937948?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112108679529937948'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112108679529937948'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/vida-de-tristn-montesinos-vii.html' title='Vida de Tristán Montesinos (VII)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112108136458036325</id><published>2005-07-11T13:24:00.002-07:00</published><updated>2005-07-11T07:38:37.226-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (VI)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Donde nos aventuramos en sus cuitas religiosas&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca compartí las ambiciones opusdeísticas de mis abuelos. Aquella casa era un eterno cónclave de beatas y, por lo que a mí me tocaba, jamás sentí aprecio por las turbias enseñanzas que intentaba transmitirme mi tía Pilus. Cuando cumplí siete años, tuvo el detalle de regalarme un libro de Tomás de Kempis, &lt;em&gt;Imitación de Cristo&lt;/em&gt;. “Si todos los años extirpáramos un solo vicio, pronto llegaríamos a ser hombres perfectos”, solía repetirme cuando me portaba mal. La Pilus me aplicaba a rajatabla los principios de este curilla de los Canónigos Regulares de Windesheim. Y yo, que mi temor se incrementaba por mi ignorancia, solía fingir un entusiasmo que secretamente reservaba para los payasos de la tele. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Vicios?, pensaba yo. Yo no tenía ningún vicio, porque lo que había entre Mariví y yo no podía considerarse pecaminoso. Pensaba que mi familia, hiciera lo que hiciera, estaba a salvo de la condenación eterna. Así me lo había explicado mi tía Pilus, alias señorita Peabody, el día que me enseñó un papel de la nunciatura en el que se nos aseguraba que en no sé qué región de África una aldea entera rezaba todos los días por la salvación de nuestras almas. “Qué buena gente los negritos”, me explicaba la Pilus, “sobre todo desde que les regalamos aquella figurilla de Santa Teresa”. Yo no podía imaginarme aquello. ¿Los negros del Colacao rezando por mí? Entonces no se me ocurría que el Papa les hubiese podido timar con aquel papelote absurdo en el que figuraba un nutrido programa de rezos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Maitines: Tres padrenuestros, dos avemarías y una salve.&lt;br /&gt;Laudes: Dos vueltas de rosario.&lt;br /&gt;Prima: Diez padrenuestros y media docena de peticiones para las almas de nuestros familiares del purgatorio. Es decir, mí tío abuelo Tristán, que empinaba el codo.&lt;br /&gt;Tercia: Dos vueltas y media de rosario y un credo cantado por los niños cantores de Mombasa.&lt;br /&gt;Sexta: Cinco padrenuestros aderezado con varios himnos, entre ellos &lt;em&gt;Padre nuestro tú que estás&lt;/em&gt;, versión de Simon y Garfunkel advertía el documento. “Esos dos rojos ateos”, como los llamaba mi abuela.&lt;br /&gt;Vísperas: Plegarias y genuflexiones consagradas al Altísimo. &lt;br /&gt;Completas: Danzas tradicionales en honor a sus protectores, la ilustre familia Montesinos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los miércoles la Pilus se apretaba su moño reseco e invitaba a todas sus amigas de la parroquia, entre las que se incluía un torpe seminarista que, como en las novelas, se atiborraba de pastas y anís mientras a todo decía que sí. Solían hacerlo en uno de aquellos impecables salones que nunca se utilizaban y donde se perpetraban auténticas orgías religiosas. Entretanto, mi abuela se comportaba como una de esas &lt;em&gt;saloniers&lt;/em&gt; francesas que coleccionaban guapos enciclopedistas, pero con ese descaro tan característico de las puritanas de vanguardia. Sólo que ella coleccionaba elogios por la exquisita e inútil vajilla de loza de Talavera o las deliciosas figuras de angelotes repolludos que parecían fueran a anunciar la buena nueva. Su tema favorito era el divorcio, aprobado ese mismo año, discusión a la que mi abuelo, teniente de aviación durante la guerra, se sumaba con ardor patriótico en las pocas ocasiones en que volvía a lucir su uniforme de general honorífico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A eso se había visto reducido mi abuelo después de sus esfuerzos durante la contienda. Ascendido a teniente piloto por un coronel alemán de la Legión Cóndor, pocos días antes del bombardeo de Guernica tuvo ocasión de hacer varias pasadas por las carreteras de Gerona, infestadas de comunistas que huían a la vecina Francia. “Ratatatatá”, exclamaba mientras simulaba una aerodinámica incursión en su memoria histórica. “Como corrían los muy cabrones. Aquel día pude haberme abatido a muchos más. Lástima que fallara el motor de mi Messerchmitt. No serían menos de treinta, quizá cuarenta. Sí, cómo corrían los pobres desgraciados…” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo le escuchaba asombrado, mientras trataba de imaginarme el aspecto de un comunista. Viéndolo en aquella circunstancia, rodeado de viejas intrigantes, mi abuelo parecía un poco perdido. Los negocios, que había dejado en manos de sus hijos, iban mal. No sabía entonces, ni lo sabría nunca, que sus hijos, exceptuando mi padre, eran una patulea de golfos que fueron royendo el ingente patrimonio familiar que mi abuelo amasó en los años posteriores a la guerra, cuando comenzó a traficar con wolframio. Yo de eso no sabía nada, les tenía cierto aprecio a mis tíos, que solían bromear con las asuntos de la familia, así que sus visitas, aunque escasas, solía recibirlas con ilusión, sobre todo las de mi tío Rafa, que tenía cuatro hijas rubias y muy inglesas que me parecían guapísimas. Años más tarde, ya crecido en mis impulsos naturales, no me olvidaba de ellas cuando me ejercitaba en el vicio solitario y pude dedicarles unas líricas eyaculaciones que entonces me parecieron muy satisfactorias y relajantes.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112108136458036325?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112108136458036325'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112108136458036325'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/vida-de-tristn-montesinos-vi.html' title='Vida de Tristán Montesinos (VI)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112081774481878970</id><published>2005-07-08T12:10:00.000-07:00</published><updated>2005-07-19T04:14:01.253-07:00</updated><title type='text'>Insert coin (II)</title><content type='html'>La historia de los videojuegos se remonta a 1958, cuando Bill Nighinbottam desarrolló una versión electrónica de un juego vagamente parecido al tenis. La idea original, representar los movimientos de tropas en una pantalla, se transformó, gracias a los delirios lúdicos de su inventor, en el prototipo de lo que hoy conocemos como videojuego.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frank Sinatra, en 1971, haría los honores en televisión al presentar el primer videojuego comercial de la historia, el &lt;em&gt;Magnavox Odyssey&lt;/em&gt;, que podía conectarse a la televisión  tal y como hacen ahora las consolas de última generación. Queda así fijada la fecha oficial del nacimiento de un fenómeno que pronto inspiraría a un puñado de programadores. Es el caso de Nolan Bushnell y Ted Dabney, creadores de la primera compañía de maquinas recreativas de monedas, la archiconocida Atari, que en 1972 presenta su primer éxito: &lt;em&gt;Pong&lt;/em&gt;. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué es lo que ha sucedido en los últimos treinta años?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pueden visitar pulsando &lt;a href="http://www.rinconsolero.com/Rinconsolero.V2/historia_de_los_videojuegos.htm"&gt;aquí&lt;/a&gt; una esquemática, aunque bien documentada, historia de los videojuegos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112081774481878970?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112081774481878970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112081774481878970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/insert-coin-ii.html' title='Insert coin (II)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112065014906390772</id><published>2005-07-06T13:37:00.000-07:00</published><updated>2005-07-08T02:17:39.743-07:00</updated><title type='text'>La nariz de Diego Peretti</title><content type='html'>&lt;em&gt;No sos vos, soy yo&lt;/em&gt; es un centón de otras películas. Nos remite a las divertidas paradojas de &lt;em&gt;Hannah y sus hermanas&lt;/em&gt;, en la que Michael Caine adopta la figura del cincuentón perdidamente enamorado de la hermana menor de su mujer, uno de los mejores papeles masculinos creados por el neoyorquino y con el que uno jamás podrá dejarse de identificar. Especialmente divertida es la secuencia en la que vemos al actor británico corriendo por las aceras de Nueva York con la intención de hacerse el encontradizo con la guapísima Barbara Hershsey.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más cáustica y violenta fue &lt;em&gt;Maridos y mujeres&lt;/em&gt;, acaso uno de las grandes películas de los noventa. Esta última contiene escenas memorables como la que protagoniza Sydney Pollack en una fiesta de intelectuales. Allí se presentará con su nueva novia, una profesora de aeróbic que le dejará en ridículo al hablar, ante toda &lt;em&gt;intelligentsia&lt;/em&gt; de Manhattan, de temas tan incuestionables como la astrología y la conveniencia del tofu en la dieta macrobiótica. Una película que también recordaremos por la participación de esa gran actriz llamada Judy Davis, mi favorita de todas con las que ha trabajado el director judío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Woody Allen ha ido creando su comedia humana particular en una serie de filmes que otros directores no han dudado en imitar, lo cual no es necesariamente malo. Transferencias artísticas que han llegado también a nuestro país en películas como Los peores años de nuestra vida, en la que Gabino Diego se nos muestra como un adolescente neurótico y fracasado, versión moderna del zangolotino castellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.nososvossoyyo.com/"&gt;No sos vos, soy yo&lt;/a&gt; no puede ocultar su genuina estirpe alleniana. El protagonista, Diego Peretti, en su puro atolondramiento amoroso, se nos muestra como un Woody Allen porteño, narigudo y cándido. Y la cosa podría funcionar si no fuera porque el guión, correcto, parece un catálogo de situaciones ya vistas o, lo que es peor, ya imaginadas por el espectador contemporáneo, que gasta una ironía audiovisual a prueba de sorpresas. En cualquier caso, Peretti, al que no conocía, se descubre como un excelente cómico. Pese a todo lo dicho, la película se puede ver.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112065014906390772?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112065014906390772'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112065014906390772'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/la-nariz-de-diego-peretti.html' title='La nariz de Diego Peretti'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112057593615865970</id><published>2005-07-05T17:00:00.000-07:00</published><updated>2005-07-05T08:07:11.016-07:00</updated><title type='text'>Insert coin (I)</title><content type='html'>Cada día estoy más convencido de que las grandes narraciones no las produce ni el cine ni la literatura. Se están produciendo en estos momentos en los departamentos de producción de las compañías de videojuegos. Sé de amigos a los que mis palabras les parecerán exageradas, necias o perfectamente vanas, pero mi convencimiento me lleva a explicar las razones de esta conclusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los aficionados a los videojuegos les ha pasado lo que a Azorín con el cine, que se avergonzaba de su secreta afición. En aquellos años, los años del escritor alicantino, el cine carecía del dorado prestigio que goza en la actualidad, tan llena de cultísimos cinéfilos que no se pierden una. Cada época tiene sus &lt;em&gt;Moloch&lt;/em&gt;, y la nuestra lo ha encontrado en esta forma de expresión que muchos dudan posea virtudes artísticas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los videojuegos, en efecto, poseen cualidades artísticas, pero no hay un Umberto Eco, un Marshal McLuhan o un François Truffaut para darle una pátina culturalista a este fenómeno tan característico de nuestra época. La crítica de videojuegos, cuando es positiva, apenas se dedica a ensalzar las características técnicas del producto. Cuando es negativa… Entonces no falta quien alce la mano para advertir sobre su propia naturaleza corruptora, su virtualidad platónica y el resto y lo demás. Son como eunucos hablando de doble penetración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me interesa convencer a todos aquellos que jamás se han echado una partidita al Tetris, videojuego que desde su génesis encerró todas las contradicciones de la época en que se creó (su autor, el matemático ruso Alexei Pajitnov, vendió la patente al gigante japonés Nintendo por una suma ridícula, en una época especialmente difícil para el régimen soviético). Mi finalidad no es dignificar un medio que ya factura más dinero que la industria del cine. No soy un otaku (1), mi vida es ridículamente normal y me gustan los videojuegos por la sencilla razón de que son muy entretenidos. Como un buen libro de poemas, como una película de Rohmer, como un lienzo de Caravaggio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que lo ignoramos todo sobre el mundo del videojuego. Incluso aquellos que pasan horas jugando a sus videojuegos favoritos ignoran mucho de lo que sucede en torno a ellos. En nuestro país, lo peor no es nuestro desconocimiento, que es total, sino la displicencia y ligereza con la que se ha tratado el asunto. La historiografía, las instituciones, las universidades (exceptuando la Pompeu Fabra, que ya posee una cátedra en creación de videojuegos) han obviado sistemáticamente una realidad aplastante: el talento ha empezado a emigrar. Y no precisamente a nuestro país, que en los años ochenta era toda una potencia creadora en lo que a computación doméstica se refiere, cuando más de una docena de compañías (Dinamic, Ópera, Topo, etc), fundadas por jóvenes visionarios, dominaban los joysticks de toda Europa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(1) &lt;/strong&gt;Otaku (o ikikomori). En Japón, se denomina así a los individuos que no salen nunca de casa. Parece ser que la extrema presión a la que se someten los jóvenes nipones en sus colegios y universidades de cara a su futura vida de adulto, les ha llevado a muchos a negarse a salir de su habitación. Hay más un millón de jóvenes otakus en Japón y el fenómeno ya se considera una epidemia. Tradicionalmente, se les considera unos fanáticos del manga, del anime y los videojuegos. En Europa posee otras connotaciones y define al "freak" que se alimenta de cualquier tipo de subcultura, ya sean videojuegos, juegos de rol, comics, etc.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112057593615865970?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112057593615865970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112057593615865970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/insert-coin-i.html' title='Insert coin (I)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112056309495912129</id><published>2005-07-05T13:22:00.000-07:00</published><updated>2005-07-05T04:31:34.966-07:00</updated><title type='text'>Comemiedos</title><content type='html'>Siempre sin avisar, comienza con un estrangulamiento en la garganta. Tras un golpe de calor, desciende hasta el pecho. De aquí se extiende por todo el cuerpo, que se convierte en un laberinto de nervios a punto de reventar. Lo peor es que no puedes respirar, como si en el aire se hubieran formado pesados grumos de angustia. Un sudor frío te acaricia la nuca y varias salvas de pequeños pinchazos en el pecho nos recuerdan que estamos a punto de morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que no estamos a punto de morir, pero la sensación debe de ser muy parecida. Porque su esencia es la precariedad mortal en la que nos sitúa, la ambigua necesidad de querer seguir viviendo y pensar que todo acabará en cualquier momento. Es un miedo atroz a contemplarnos en soledad, incomprendidos, por un trastorno físico que se apodera de nosotros, araña pánica que nos inocula el veneno de nuestra propia extinción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suele asaltarnos en momentos insospechados, sin motivo aparente, como un minucioso francotirador que espera cobrarse a su víctima de un sólo disparo. Un disparo que suele dejarnos un sabor a metal en el velo del paladar. Es la adrenalina en nuestra sangre, ordenándole al corazón que galope sobre los países del miedo. Allí nos espera un terrible &lt;em&gt;juggernaut&lt;/em&gt; que se ríe de nosotros, imparable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y hay que vencer sin luchar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Relajar la respiración, casi entrecortándola. No respirar profundamente ya que, como el fuego, necesita oxígeno. No tratar de pensar en otra cosa, es mejor entregarse. Deja que pase a trávés de ti, invítale a entrar, dile: "Aquí estoy, querido amigo, ya me dirás". No te quiere a ti. Quiere tu miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo aprendí hace más de diez años, tras un infierno de ansiedad que duró tres meses. De vez en cuando vuelve, ya sin ánimo, con la poca convicción de un enemigo varias veces derrotado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112056309495912129?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112056309495912129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112056309495912129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/comemiedos.html' title='Comemiedos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-112022032164033404</id><published>2005-07-01T02:13:00.000-07:00</published><updated>2005-07-01T05:18:41.646-07:00</updated><title type='text'>Expulsando a los bárbaros</title><content type='html'>Paseando por la calle Embajadores al anochecer, escoltado por amigos solícitos, compruebo cómo han cambiado las cosas. A esa hora en que Lavapiés se despereza, caminamos entre razas como extranjeros recién llegados. Dicen que ésto no durará mucho, que los bárbaros serán expulsados más allá de las fronteras de la ciudadela. Y ellos, los romanos, "reunidos en el ágora", vendrán con sus leyes y dirán: "los bárbaros no existen". &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué será de nosotros sin bárbaros, se preguntó Cafavis. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algún día un niño chino (o africano) contará su historia, y caminaremos por una ciudad distinta. Hasta entonces no comprenderemos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-112022032164033404?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112022032164033404'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/112022032164033404'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/07/expulsando-los-brbaros.html' title='Expulsando a los bárbaros'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111997004867230571</id><published>2005-06-28T16:44:00.000-07:00</published><updated>2005-06-28T07:49:05.020-07:00</updated><title type='text'>Los pijos en Ibiza (II)</title><content type='html'>Las pijas parecen recién venidas al mundo, tal es su prístina apariencia. Las pijas tienen cuerpecitos insustanciales, blandos, apenas jaleados. Una que se llama Alicia y que se cree muy guapa –y lo es-, rabia que te rabia porque no le hago caso. Estas chicas, reflexiono, necesitan que les presten atención. Yo finjo que me interesan sus vidas, sus viajes a Gstaad, sus amores municipales. Cuando me miran, tengo la sensación de que examinan hasta el último poro de mi piel, buscando no sé que de raro en mis trazas, en mis palabras neutras. Me siento feo a su lado, yo, que de niño me alimenté con blevitt cinco cereales.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pijos revolotean alrededor de las pijas como pichones amaestrados. Doy con un ejemplar verdaderamente notable. Es de esa rara subespecie de pijos que simula tener esa extraordinaria disposición de la gente de mundo. Afirma ser fotógrafo, y esa es su perdición. Por la pinta podría parecerlo: bien parecido, melenita, huesudo y ese aire de elegancia despreocupada que tan bien les cae a los fotógrafos que salen en las películas. Por lo demás, bastaron dos, tres preguntas para hacerme una idea de la clase de fotógrafo que decía ser. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un fotógrafo gallardo y postinero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Claro que los pijos tienen trabajos importantísimos. Si trabajan en un banco, te dirán que se dedican a operar con capitales extranjeros, fondos y opciones. Son carismáticos como sólo puede serlo un cortesano y siempre quieren impresionarte con alguna anécdota ingenua, cargada de esa rancia emotividad que ponen siempre a sus cosas. Los más eran pijos que viven con sus padres en La Moraleja, de esos que van al club de golf y no se pueden creer que vivas con cuatro perras en Lavapiés. A los traidores de clase, a los que una vez vivimos en el barrio Salamanca, pero hemos desertado para engrosar las filas del &lt;em&gt;lumpen proletariat&lt;/em&gt;, se nos tiene poco menos que por fracasados. Aunque no faltaba el pijo de Lagasca, muy repeinadito, que estila zapatos con borla (marca Sebago, y que se note bien) para trotar con su bien encerado &lt;em&gt;barbour&lt;/em&gt; por los garitos de la Castellana. Estos últimos los tengo muy conocidos y los adoro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que a uno le revienta (y uno tarda en reventar) es esa dicha en la mirada, ese brillo entre aburrido y feliz que los señala como criaturas exquisitamente mundanas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111997004867230571?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111997004867230571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111997004867230571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/los-pijos-en-ibiza-ii.html' title='Los pijos en Ibiza (II)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111996271005536469</id><published>2005-06-28T14:39:00.000-07:00</published><updated>2005-06-28T07:49:25.953-07:00</updated><title type='text'>Autismo</title><content type='html'>“Casi todos los hombres no mueren más que en el último momento; hay algunos, en cambio, que comienzan a debatirse frente a la muerte con veinte años de anticipación, y a veces más. Estos son los desgraciados de la tierra”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Releyendo a Céline en Ibiza, tumbado en la cama de mi cuarto, este fragmento parece una exageración, porque no parece que nadie vaya a morirse en esta isla. Suave es la noche aquí. Alzo la mirada del libro, las risas me alertan. Son las pijas con sus pareos volviendo de la playa de Las Salinas. De pronto, me encuentro ridículo. Aquí estoy, leyendo &lt;em&gt;Viaje al fin de la noche&lt;/em&gt; mientras hay un mundo ahí fuera, lleno de risas, de cuerpos. Y yo sigo aquí, ridículo pasmarote, fija la atención sobre un libro deprimente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué extraño todo. Hacía tiempo que no me cercaba la soledad. Típico de mí sentirme así en los rincones felices del mundo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ibiza no se parece a mí.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111996271005536469?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111996271005536469'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111996271005536469'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/autismo.html' title='Autismo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111988484286049571</id><published>2005-06-27T17:01:00.000-07:00</published><updated>2005-06-28T05:42:53.213-07:00</updated><title type='text'>Los pijos en Ibiza (I)</title><content type='html'>Regreso de Ibiza, de Eivissa, con la sensación de haberme perdido muchas cosas. Me prometían una estancia dionisíaca y me encuentro con todas las amigas de mis primos, señoritas de atención disipada, gatitas sin pedigrí a las que he observado con escandalizado asombro. Yo, que no soy ni muchos menos un moralista, me debo a las circunstancias y explicar cómo han sido estos cinco días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mal comienzo: me dejo las gafas de sol, me dejo el bañador, me dejo el jodido traje de ojo de perdiz con el que pensaba asistir a la boda de mi primo T. Es decir, me olvido de los propósitos de un viaje que ahora se me antoja fútil, irritante. No digo que no lo haya pasado bien. Me refiero a que no he podido compartir con nadie mi descubrimiento de la isla, mi redescubrimiento de la estupidez humana en todos sus aspectos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya se sabe que a las pijas no hay nada que más les guste que un chaval educado en la más exquisita fatuidad. Hablo de esa especie de pijas que se refieren a sus amigos con nombres y apellidos. “¿Has visto a Carlitos Oriol?”, pregunta una, calzados sus ternísimos pies con sandalias enjoyadas. “Ay, pues no, hija, creo está en esa cala tan mona de San  Rafael”, responde la otra. Y este diálogo, que podría parecer escrito por Alfonso Ussía, se repite durante los cinco días que dura mi estancia. Las pijas se repiten mucho y he ahí la gracia de sentirte pijo, porque a los pijos les cuesta muchísimo escuchar a los demás. Hablo de los pijos que tienen novias que no trabajan (el dios católico las libre), los pijos que presumen de viajes, los pijos que sonríen por todo, porque la gravedad se sanciona con el ostracismo social.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El principio de incertidumbre de Heisenberg puede aplicarse a la antropología del pijo. Es decir, no podemos estudiar aquello que estamos observando porque al hacerlo estamos manipulando la realidad. Pero yo les juro, lectores dilectos, que he hecho lo posible por no entrometerme entre la realidad y los pijos, los pijos y la realidad. He permanecido calladito y he tomado buena nota de todo lo que les ha acontecido. Conclusión: mola ser pijo, te lo juro de verdad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ser pijo es muy divertido, aunque no tanto como dispararles a bocajarro con un Magnum 45 Especial. Según Harry el Sucio, con este revolver y a una distancia de cinco metros, la cabeza de un  pijo se convierte en una pulpa gelatinosa muy difícil de limpiar. Lo siento por la que ha sido mi patrona, Pepita Escandell, que regenta un modesto hostalito en la playa de Las Salinas, cerca de San Jorge. Allí he vivido tenebrosos momentos de angustia metafísica que sólo ha podido aliviar esta señora gorda y vivaz que me ha cuidado mejor que a Pocholo Martínez-Bordiú. Yo no estaba por ensuciarle los visillos a la pobre señora, por lo que tuve que aplacar mi furia &lt;em&gt;berserk&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no nos pongamos estupendos y dejemos, por el momento, que el pijo siga desarrollándose en su hábitat. Ibiza es un excelente lugar para observar sus evoluciones, sus graciosos ritos de apareamiento y sus &lt;em&gt;geniaaales&lt;/em&gt; hallazgos de chucherías. Los pijos no son malos, ni tontos. Son ingenuos, lo cual les favorece cuando se pasan la mano por el pelo y ponen cara de circunstancia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La circunstancia del pijo es extraña. A los desclasados como yo, no hay cosa que más les reviente que contemplar lo que una vez fuimos. Sí, lector dilecto, yo he sido un pijo Ralph Lauren en mis peores años, durante aquel bachillerato infame en el internado, pero me he curado de aquellas circunstancias que me llevaron a salir con la chica más pija de las pijas de Madrid. Ahora soy un renegado al que invitan a las bodas y al que miran con desconcierto, no vayan a creer. En un mundo ilusorio, los pijos serían elfos y yo el pútrido orco que los persigue.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111988484286049571?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111988484286049571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111988484286049571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/los-pijos-en-ibiza-i.html' title='Los pijos en Ibiza (I)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111900671256619513</id><published>2005-06-17T13:07:00.000-07:00</published><updated>2005-06-17T04:11:52.570-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (V)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Variación sobre un poema de Borges&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pienso en las cosas que pudieron ser y no fueron.&lt;br /&gt;La colección de cromos de Dragones y Mazmorras.&lt;br /&gt;La obra inconcebible que Stan Lee entrevió en América,&lt;br /&gt;poco después de crear al veloz Submariner.&lt;br /&gt;La historia sin tarde de Espinete y Don Pimpón.&lt;br /&gt;La historia de un disfraz sin máscara.&lt;br /&gt;La mujer sin ojos, que vivía quemándose en el baño.&lt;br /&gt;Las lentas eyaculaciones de primavera,&lt;br /&gt;soñándome unas titis estupendas.&lt;br /&gt;Las amistad corrupta con aquella golfa&lt;br /&gt;que a punto estuvo de perderme en mil tribulaciones.&lt;br /&gt;Los golpes de fortuna que el azar restringía&lt;br /&gt;en las torpes ocasiones en que hacía el ridículo.&lt;br /&gt;El sí de Manolita frenta a las Teresianas.&lt;br /&gt;Las Nike de Michael Jordan ciñiendo mis tobillos.&lt;br /&gt;El poster reventón de Blondie.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111900671256619513?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111900671256619513'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111900671256619513'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vida-de-tristn-montesinos-v.html' title='Vida de Tristán Montesinos (V)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111875490652746112</id><published>2005-06-14T15:10:00.000-07:00</published><updated>2005-06-14T06:17:08.920-07:00</updated><title type='text'>Ubi sunt?</title><content type='html'>¿Qué será de nuestros enemigos? Aquellos que ya no se encuentran entre nosotros, vigías silenciosos de nuestras derrotas. Y esos otros, tenues de indiferencia, tan ajenos a nosotros como el último habitante del mundo. Los enemigos nos acechan porque nos conocen, pero son peores los que ya no saludan y un día nos conocieron.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111875490652746112?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111875490652746112'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111875490652746112'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/ubi-sunt.html' title='Ubi sunt?'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111875462960946061</id><published>2005-06-14T15:07:00.000-07:00</published><updated>2005-06-14T06:16:07.326-07:00</updated><title type='text'>Decía mi abuelo</title><content type='html'>Maldito el día de las alabanzas, decía mi abuelo. Maldito porque ya estaremos muertos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alabanzas: Jaime Campmany y Eugenio de Andrade.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Silencio postrero.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111875462960946061?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111875462960946061'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111875462960946061'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/deca-mi-abuelo.html' title='Decía mi abuelo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111839479871643698</id><published>2005-06-10T11:08:00.000-07:00</published><updated>2005-06-10T02:16:58.453-07:00</updated><title type='text'>La nueva cocina del patán</title><content type='html'>&lt;strong&gt;MOUSSAKA A LA ANTIGUA&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Ingredientes para seis personas:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;3-4 berenjenas con las pieles lustrosas y las carnes duras.&lt;br /&gt;½ kilo de tomates no muy maduros.&lt;br /&gt;1 cebolla, picada.&lt;br /&gt;1 diente de ajo, también picado.&lt;br /&gt;300 gramos de ternera picada ó carne de cordero picada a cuchillo.&lt;br /&gt;250 gramos de queso fresco de cabra o vaca, aunque no desdeñaremos, si fuera posible conseguirlo, un auténtico feta de importación.&lt;br /&gt;100-200 mililitros de leche, según cómo veamos la marcha de la cocción y el gusto del cocinero, claro.&lt;br /&gt;4-5 huevos, aunque yo me decidiría siempre por cinco.&lt;br /&gt;Sal, perejil, canela, aceite de oliva virgen, pimienta recién molida, azúcar, vinagre (de jerez sería estupendo) y agua. En cantidades juiciosas, por supuesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Preparación:&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lavar las berenjenas, secarlas con un paño y quitarles las hojas y el pedúnculo evitando arrancar la carne, tras lo cual se cortan a lo largo en dos mitades platónicamente exactas y se salpimentan con mano generosa, que no audaz. Colocar cada mitad en una sartén grande –o dos, si así se requiriera- con la parte plana hacia arriba. Antes habremos llenado medio vaso de agua en la que habremos disuelto una cucharada sopera de azúcar, otra de vinagre y dos o tres de buen aceite. Esta mixtura se verterá en la sartén, de modo que no moje jamás la carne blanca, sólo la violácea piel de la solanácea. Taparemos la sartén para que, manteniéndola a fuego medio, el líquido forme un fondo meloso. Así durante una media hora hasta que veamos que la carne está blanda como un reloj daliniano. Se reservan y, cuando esté templada, retiramos la carne con una cucharilla con cuidado de no estropear las pieles, que emplearemos más tarde para otros menesteres. Lo mismo decimos del acaramelado jugo, que esperará su turno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras se hacen las berenjenas y si la capacidad multitarea del chef se lo permite, sé sofreirá en una cazuela o sartén la cebolla y el ajo, hasta que sé pochen ligeramente. Luego se echará la carne salpimentada y un poco de canela. Subir el fuego al máximo y revolver con ahínco hasta que se dore el conjunto pero sin hacerse demasiado. En el mejor de los mundos posibles, la carne debería comerse cruda, pero fíate del ganadero que vende vaca vieja como ternera de Ávila. A pesar de todo, en un mundo imperfecto como el nuestro, quemar la carne sería peor, porque liberaríamos esos peligrosos pirobenzenos con los que tratan de asustarnos los apóstoles de nuestra actual farmacocracia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La carne debe quedar al punto, que es como se suele decir en los garitos de buen tono. Añadir un poco de perejil picado y reservar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cortar el queso en trozos no muy grandes. En &lt;em&gt;brunoise&lt;/em&gt;, para entendernos. ¿Que no me entiende? En cuadraditos de 1x1 centímetros. Estos trocitos los batiremos en la leche enérgicamente con unas varillas hasta que espese la mezcla, pero sin ponernos estupendos: no conseguiremos que nos quede una crema homogénea y he ahí, pese a todo, la gracia de este plato que agradaría al buen Licurgo, legislador de los valerosos espartíatas y aquellos honorables Trescientos que cayeron en las Termópilas. Salpimentar si es necesario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, habremos lavado y cortado en rodajas los tomates, para después sofreírlos, salados previamente, por las dos caras, a fuego vivo pero sin que pierdan su forma. Reservar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué esta pasando aquí? ¿Dónde demonios estamos? ¿Es tan laboriosa la ciencia de la moussaka? ¿Por qué Pitágoras prohibía comer habas? Aunque no es tan improbable como la cuadratura del círculo, la moussaka es un plato que gusta de darse importancia y asombrar así a los más crédulos. No se engañen, es un plato facilón al que le gusta andarse por las ramas. Bájenlo del pino piñorero y verán que no se le resiste a esa persona que presume de alimentarse de bolsas de patatas fritas y alitas de pollo congeladas. Sí, esos gañanes malhumorados que deambulan con sus miserables estómagos por los abismos de la necedad y el malcomer. Hasta esos pueden hacer esta democrática moussaka. Olvídense de esos ridículos aparatos del teletienda y pónganse a trabajar. ¡Ya!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seriedad, un poco de seriedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una fuente de horno de paredes altas (un molde de suflé no estaría mal) o cualquiera cuadrado de pírex ligeramente aceitado, colocaremos una capa de pieles y encima un poco de la carne de la berenjena. Después otra capa de carne, seguida de una de tomates, el resto de la carne de las berenjenas... y así ad infinitum, como en la paradójica carrera de Aquiles y la Tortuga. Como el infinito tarde o temprano se acaba, cubriremos el conjunto con el resto de pieles. Antes habremos batido los huevos con el batido de leche y queso, que verteremos, esta vez sí, por encima de nuestro pequeño partenón. No estaría de más pincharlo con un tenedor para que la mixtura penetre por todas partes. Sólo queda meterlo en el horno a 170º hasta que, literalmente, cuaje. Sírvese caliente o frío, honrando siempre a los dioses con las preceptivas libaciones de un crianza joven y ese buen humor que debe tener todo buen anfitrión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111839479871643698?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111839479871643698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111839479871643698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/la-nueva-cocina-del-patn.html' title='La nueva cocina del patán'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111832694426266733</id><published>2005-06-09T16:15:00.000-07:00</published><updated>2005-06-09T08:01:18.440-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (IV)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Donde se explica la extraña conducta de su progenitor&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy parece que mi padre se encuentra en &lt;em&gt;La fiera de mi niña&lt;/em&gt;. Lo sé porque lleva puesto un camisón y corre de un lado al otro de la casa buscando al señor Peabody. Mi amigo Jaime asegura que en las películas de los años cuarenta siempre hay un señor o una señora Peabody, así que es posible que mi padre se encuentre en cualquier otra película de Cary Grant, aunque estoy casi seguro de que no me he equivocado, pese a que mi padre nunca le ha gustado la paleontología. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay días mejores y peores. Los peores son los días en que se mete en películas como &lt;em&gt;Con la muerte en los talones&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;Destino Tokio&lt;/em&gt;, una de sus favoritas. Entonces asalta el cuarto de baño de la filipina y empieza a abrir y cerrar grifos, mientras grita: ¡Lancen cargas de profundidad! ¡Avante toda! ¡Carguen torpedos! ¡Arriba periscopio! Son días en que le da la vena aventurera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya he asumido que a mi padre se le van los días de película en película. La semana pasada se subió a la azotea de la Torre Picasso porque había quedado con Debora Kerr. A mí nunca me ha gustado esa pellejuda y mucho menos la voz de la señora que la dobla en &lt;em&gt;Tú y yo&lt;/em&gt;. Lógicamente, por allí sólo aparecieron los seguratas. Mi padre, que se ha visto mil veces las películas de Cary Grant, no ha perdido su inteligencia y prefiere aparecer en las películas de Leo McCarey y Howard Hawks. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy tan acostumbrado a su delirante conducta que ya soy capaz de adivinar en que película se encuentra. Si, por ejemplo, un redactor jefe del ABC llama a casa preguntando por Florencio Montesinos, ya sé que mi padre es el Cary Grant de &lt;em&gt;Luna nueva&lt;/em&gt;. Si Angelines, la portera, es la que llama asegurando que mi padre le ha ofrecido un vaso de leche, tate, se trata del ambiguo Cary Grant de &lt;em&gt;Sospecha&lt;/em&gt;. Son días en que mi padre es elegante y encantador y todos podemos reírnos de esta extraña locura suya. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El psiquiatra que lleva su caso está fascinado. “Hay gente que se cree Napoleón”, me dice, “gente que afirma ser la decimonovena reencarnación del magó santón del Payatú. Gente incluso que afirma ser M. A. Barracus. Sin embargo”, concluye, “en los años que llevo practicando la psiquiatría nunca me he encontrado un caso como el suyo. Su padre no cree ser Cary Grant. Su padre”, enfatiza, “cree que es todos los personajes que interpretó Cary Grant. Mírelo por el lado bueno. Ha tenido buen gusto. Es un gran actor. Imagínese que su padre se cree que es el tarugo ese de la coleta. ¿Cómo se llama? Sí, hombre, sí, el tarugo ese que te hace así y te parte un brazo. El de la coleta…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Steven Seagal?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ese”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111832694426266733?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111832694426266733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111832694426266733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vida-de-tristn-montesinos-iv.html' title='Vida de Tristán Montesinos (IV)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111832026935169296</id><published>2005-06-09T14:26:00.000-07:00</published><updated>2005-06-09T05:31:09.356-07:00</updated><title type='text'>Cosas que quise poseer (y me podrían regalar)</title><content type='html'>Una brújula de latón, un mapa de Abraham Ortelius, un kukri, un viejo ordenador Spectrum ZX, el taparrabos de Tarzán, un catalejo, un parche para el ojo, un dibujo original de Milton Caniff, una pulga amaestrada, un teléfono de baquelita, un sextante, una espada ropera, la máquina original del Space Invaders, el número uno de la Patrulla X, un tirachinas, la colección del Libro Gordo de Petete, el Manual de los Jóvenes Castores, una silla eléctrica para parapléjicos, un anillo con compartimento secreto, una máquina del millón, un laberinto, una Hasselblad, un borsalino, una chaise longue, un reloj de bolsillo, el escudo del Capitán América, un xilófono, una clepsidra, un reloj de arena, un reloj de sol, un portamonedas –como el de los taxistas- y la pastelería de Play Doh…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111832026935169296?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111832026935169296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111832026935169296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/cosas-que-quise-poseer-y-me-podran.html' title='Cosas que quise poseer (y me podrían regalar)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111831739853812704</id><published>2005-06-09T01:37:00.000-07:00</published><updated>2005-06-09T04:52:53.056-07:00</updated><title type='text'>Memoria muscular</title><content type='html'>Lo peor no es que Julián haya perdido peso, sino que no pueda ganar más masa muscular. Una pena, porque su entrenador le dijo la primavera pasada que podría competir en los campeonatos regionales. El entrenador, ex campeón de Brasil, le aconsejó que se centrara en la parte superior del tórax y olvidara las piernas. “Tus cuádriceps”, le dijo, “tus cuádriceps nunca destacarán. Así que no pierdas el tiempo. Céntrate en la parte superior”. A pesar de tan sabio consejo, Julián dedicaba hora y media todos los días a robustecer la parte más débil de su anatomía para equilibrar una figura descomunal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien le sugirió en los vestuarios que tal vez debería tomar Winstrol, ya que de esa forma y entrenando duro, muy duro, podría superar el límite de los ciento diez kilos. Pero antes necesitaría reducir el porcentaje de grasa corporal hasta un siete por ciento. Así podría estar preparado para la competición, cuando, una semana antes, tuviera que aumentar su ingesta de carbohidratos y bajar hasta el cinco por ciento. Esto no era fácil, a pesar de la dieta espartana que siguió durante un año: cinco boles al día de arroz hervido con pollo desgrasado y gajos de naranja. A pesar de todo, su cuerpo estaba lejos de rozar la perfección. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, delante del espejo, comprueba la baja densidad de sus abultados deltoides, los tríceps descolgados y asimétricos respecto de sus orgullosos bíceps, que han sido desde que empezó a entrenar motivo de obstinada atención. Sus piernas, no obstante, parecen haber aumentado de volumen. Lo interpreta como una irónica llamada de atención de su propio cuerpo, antaño motivo de burla de sus compañeros de colegio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que tuvo el accidente, no ha tenido tiempo de entrenarse y ya han aparecido las primeras estrías. Le preocupa su pérdida de peso y fibra muscular. Sufre cuando contempla una caja torácica que ya empieza a presentar los primeros síntomas de flaccidez, tal y como advierte delante de un espejo que le devuelve la insoportable imagen de unos pectorales muy poco definidos. Qué horror, se dice, qué horror. Y encima no para de perder peso. Noventa y dos kilos marcaba ayer la báscula, nada menos. El peso de un alfeñique. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quizá por eso no le vendría mal tomar un par de pastillas de Winstrol al día, aunque cualquiera sabe. Podría sucederle como al pobre Peláez después de competir en los nacionales. Qué bueno era Peláez, qué bueno y qué pena lo de su cáncer de testículos. Después de la inevitable castración, a Peláez le han crecido las tetas y se ha puesto gordo como un eunuco. Una pena también lo de este chico, con los dorsales tan formidables que desplegaba en el gimnasio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es fácil recuperar el tiempo perdido. Ha descubierto con asombro que carece de memoria muscular. Su cuerpo no recuerda ya la gloria de unos tiempos en que hacía posturas grecorromanas delante del espejo y congestionaba el músculo hasta ese punto en que las venas se tensan como la cuerda de un arco. De poco sirven ya los combinados de proteína, albúmina y aminoácidos. Quizá para los que empiezan, pero a él ya no le sirven. Y está muy preocupado. Él, que siempre ha sido fan de &lt;a href="http://www.louferrigno.com/film.asp"&gt;Lou Ferrigno&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111831739853812704?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111831739853812704'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111831739853812704'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/memoria-muscular.html' title='Memoria muscular'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111822377243725733</id><published>2005-06-08T11:37:00.000-07:00</published><updated>2005-06-08T02:42:52.443-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (III)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Cuando el zagal relata sus tiempos de reclusión en hórrido internado&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí, en el internado, hay gente que lo tiene peor que yo. A Santaella lo llaman Caracráter porque tiene la cara hecha un pena, con granos abultadísimos de las más variadas tonalidades. El otro día andaba rascándose y, sin querer, se le estalló uno. Fue terrible cuando un chorro de sangre negruzca salió disparado hacia la camisa de Bárbara, una de las guapas oficiales, que se puso a gritar del asco que le daba. La escena fue cruel, todos ahí riéndose de Santaella, de la Santa Paella, como también le llaman. A este paso pienso que el pobre acabará suicidándose en las duchas del pabellón. Un día fijo que lo encuentran ahorcado con la corbata. Pero fijo. Hay mucho cretino que se lo pasa de miedo jodiendo al personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El caso es que yo también tengo granos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi abuela dice que no me preocupe. No sé si fiarme. Asegura que si me lavo todas las noches con una pastilla de jabón azufroso los granos desaparecerán. No sé si fiarme. Ahí la tengo, en el neceser, esperando refrotarse contra mi acné. Yo pienso que esta situación es pasajera y acabará por desaparecer. Además, pienso que hay chicas majetonas a las que no le importa una cara como la mía, aunque de momento no he tenido mucha suerte. Tengo amigas, pero siempre se las ingenian para hacerme saber que soy un buen amigo, un tío legal, aunque luego se enrollen con tipos imbéciles mucho menos legales que yo. No sé que pensar de todo eso. Quizá vaya mejorando con la edad y me convierta en un chico un poco más atractivo. Al menos no estoy gordo y mi expresión no es del todo estúpida. Ya digo que tengo una cara un poco seria, pero nada más. Creo que lo importante es trabajar la personalidad y convertirme en un tío interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El internado suele gustarle a los padres cuando lo visitan. Pueden comprobar que sus queridos vástagos viven en el mejor de los lugares posibles. Cuando ven las canchas de tenis o la pista de atletismo piensan que, además de estudiar, van a convertirse en grandes deportistas. Todo parece muy limpio, muy en su orden, sensacional. El primer día el novato también queda impresionado por la cantidad de chorradas que, ingenuamente, piensa que va a disfrutar. A los pocos días se da cuenta que le han engañado: no existe ninguna cuadra con caballos y las clases de esgrima que tanto le llamaban la atención son actividades imaginarias. A principio de curso siempre hay algún D´Artagnan que anda preguntando dónde puede apuntarse para lo de la esgrima. A ese siempre se le enviamos al despacho del prefecto, quien suele explicarle que se ha confundido. Y si, por alguna razón, el chico menciona que lo ha leído en la publicidad del periódico o en los folletos que envían en verano a las familias, le dirá que se trata de un error de impresión. Todos los años siempre hay errores de este tipo, todos los años hay algún imbécil que se lo cuenta a sus padres. Pronto empiezas a desengañarte y a pensar que todo es un timo. Al mes siguiente, tras la primera evaluación académica, uno también se da cuenta de que está rodeado de tipos de la peor calaña.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué estoy aquí? Esa pregunta me la he hecho millones de veces, todos los días desde el primer día que entré. A veces pienso que dejé que lo hicieran. Otras, cuando apagan la luz y no puedo dormir, que a mi familia no le quedaba otra, que la había cagado y ya era tarde para montar el numerito. En realidad, no importa mucho dónde esté. No soy el principal problema para mi familia. No ahora. Las cosas andan un poco liadas y, aunque no sé bien que va a pasar, tengo la impresión de que la cosa es bastante fuerte. A veces intento hacerme a la idea que voy a pasar aquí el resto del bachillerato. Si no consigo deprimirme, es porque todo esto me parece nuevo y, por el momento, las cosas no me van del todo mal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aún recuerdo la primera noche en el internando porque estuve a punto de ponerme a llorar en mi litera. Yo ocupaba la cama de abajo y, mientras pensaba en los desconocidos con los que compartía habitación, me hundía solitario en el colchón. Hasta entonces nunca me había sentido tan abandonado, tan lejos de todo lo que hasta entonces había conocido. Abría los ojos, pero la oscuridad lo cubría todo. Sólo si miraba a la puerta abierta podía alcanzar un poco de claridad. Pronto supe que nos vigilaban, que por las noches recorrían la enorme galería hasta que todos nos dormíamos. Lo hacían silenciosamente, de una forma que me recordaba a los asesinos enmascarados de las películas de terror. No sé cómo explicarlo, pero noté que hacían con gusto aquel trabajo de carceleros. Entretanto, me preguntaba por qué estaba allí y quién era el individuo que tenía arriba y por qué no paraba de menearse rítmicamente, aunque poco después lo supe y se me quitaron las ganas de llorar y me quedé dormido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111822377243725733?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111822377243725733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111822377243725733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vida-de-tristn-montesinos-iii.html' title='Vida de Tristán Montesinos (III)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111823822054650816</id><published>2005-06-08T06:38:00.000-07:00</published><updated>2005-06-08T06:43:40.550-07:00</updated><title type='text'>Razones de mis amigos</title><content type='html'>Mi amigo R. siempre parece atribulado. Ayer apareció en mi casa a media tarde con su maletín y un par de litros de cerveza. Se sentó en el sofá, resopló, como si hubiese resuelto todos los problemas del mundo, y comenzó una de sus disquisiciones, siempre interesantes, siempre irresolubles. Qué tipo este R., que parece cargar sobre sus hombros el peso de una conciencia solitaria, como los Lamed Wufnik de los que hablaba Borges en &lt;a href="http://www.babab.com/no04/jorge_borges.htm"&gt;El libro de los seres imaginarios&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111823822054650816?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/111823822054650816/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=111823822054650816' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111823822054650816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111823822054650816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/razones-de-mis-amigos.html' title='Razones de mis amigos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111822556719685417</id><published>2005-06-08T00:11:00.000-07:00</published><updated>2005-06-08T03:12:47.200-07:00</updated><title type='text'>Grandes chicos malos</title><content type='html'>Macbeth, Shylock, Uriah Heep...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los infantes de Carrión, Don Juan, Pascual Duarte...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lex Luthor, Doctor Muerte, Magneto...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Darth Vader, Mabuse, Goldfinger...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111822556719685417?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111822556719685417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111822556719685417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/grandes-chicos-malos.html' title='Grandes chicos malos'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111813316345643329</id><published>2005-06-07T10:21:00.000-07:00</published><updated>2005-06-07T01:35:28.436-07:00</updated><title type='text'>Je me souviens</title><content type='html'>Recuerdo las largas tardes del colegio, las ociosas horas en que abríamos el libro de lectura y, por turno, leíamos &lt;em&gt;A un olmo viejo&lt;/em&gt;, un cuento de los hermanos Grimm o una fábula de Samaniego. Todos callados, entre chirridos de sillas y crujidos de madera, íbamos cumpliendo por riguroso orden la lectura de un fragmento de texto, unos con más fortuna que otros, mejor dicción o fraseo más armonioso. A mí siempre me tocaba después de un tal Juanjo López, aplicado muchacho del que recuerdo su torpe forma de correr, con las puntas de los pies hacia fuera, como un Charlot escolar y sin gracia. Su forma de leer era perfecta y monótona; no había errores de pronunciación pero su forma de narrar era demasiado uniforme, sin sobresaltos ni apenas quiebros dramáticos. La mía, temblorosa por la vergüenza que me producía alzar la voz en público, poseía una tonalidad épica que no siempre era acertada, pero era solemne para ciertos pasajes del relato. Podía comerme una ese o pronunciar en masculino una palabra en femenino, pero jamás caía preso de ese estilo de dicción seco y desapasionado. Ya no leo en voz alta. Como San Ambrosio, dejo que las palabras se callen en mis ojos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111813316345643329?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111813316345643329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111813316345643329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/je-me-souviens.html' title='Je me souviens'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111805982891329043</id><published>2005-06-06T22:46:00.000-07:00</published><updated>2005-06-08T02:27:13.096-07:00</updated><title type='text'>Apuntes ceutíes</title><content type='html'>Ceuta es un puerto franco. Todo el centro de la ciudad y parte de sus barriadas son una interminable sucesión de tiendas de aparatos electrónicos, bebidas alcohólicas, paraguas, relojes, porcelanas, artesanía marroquí. Quincalla. Hay zonas interesantes, para el gusto del turista medio, y hay construcciones deplorables que superan el &lt;em&gt;kitsch&lt;/em&gt;, como un interminable complejo de piscinas edificado en cemento que imita las armoniosas construcciones que veríamos después en Marrakech. El constructor es un célebre mafioso, ex alcalde marbellí, que lo ha dispuesto todo para que aquello parezca Varadero: profusión de palmeras, camareras en biquini, música del peor gusto que impiden, desde el paseo, la contemplación del mar. La cosa tiene delito, porque Ceuta no se resigna a ser fea. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ceuta no es fea, pero no quiere perder de vista la península, a la que mira, a pesar de todo, como una vieja envidiosa. Edificios recientes, presuntuosamente modernos, tratan de que esto pueda ser posible. A veces, casi lo parece. Si no levantas la mirada de la planta baja de los edificios, podrías creer que estás en Valencia o en Alicante, pero en seguida la sensación desaparece si te fijas en los detalles: un cartel en árabe, un dependiente de tez olivácea, las voces gangrenadas de un par de marroquíes, que son mayoría aquí. Ceuta, en contra de lo que uno podría imaginar, tiene unos edificios modernistas bastante notables y un mercado, en pleno centro, que me tuvo fascinado durante toda una mañana. Allí empecé a acostumbrarme a la mugre del país y degusté las mejores aceitunas en adobo que he probado en mi vida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No lejos de este lugar, junto a una fuente, visité a los viejos cambistas, según me recomendó la recepcionista de nuestro albergue, asegurándome que así el trueque sería más ventajoso. Lo hable con mi manceba y ella, siempre previsora, me recomendó que primero fuera a comparar a un banco. La cosa estaba así: un euro, diez dirhams. Al final decidí canjear trescientos euros en la calle. Fui solo, y no me acerqué ni a veinte pasos de la fuente en la que se reunían cuando uno de los más viejos me salió al encuentro. «¿Cambio, quiere? ¿Cambio, quiere?». Asentí con la cabeza, y él me llevó a un rincón, pero a la vista de los transeúntes, para que el trapicheo me pareciera legal. Rápidamente, metí el dinero en el bolsillo y me escabullí, vagamente culpable. Al rato, pensé en la posibilidad de que me hubieran timado. En realidad, primero lo pensé y, de inmediato, ya lo estaba creyendo. En cuanto pude me metí en los lavabos de un bar y comprobé el fajo de billetes fláccidos que me había entregado aquel anciano tahúr. Nada, todo estaba bien. Ya podía relajar el esfínter.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta entonces, mientras avanzábamos por las calles de la ciudad colonial, nos habíamos cruzado con moros de diversos pelajes. Entre todos ellos me habían llamado la atención algunos de edad madura y aspecto señorial, vestidos con chilabas y camisas impolutas, siempre blancas. Detenidos en una esquina o un portal carcomido, departían con aplomo y esa falta de apresuramiento que los distingue como gente que han tomado las riendas de su vida. En modo alguno se los veía disminuidos o apocados al paso de los europeos. He podido fijarme que muchos de ellos llevaban reloj de oro y que ellos mismos miraban con altivez a los otros. Los otros, para un europeo, son los desarrapados, los que no tienen dientes, los que pasan el día con ese sofocante relajamiento del que no tiene nada mejor que hacer. Muchos de ellos están en la plenitud de sus fuerzas, pero su ociosidad les ha convertido en seres torvos que te miran con minucioso rencor. Son tantos que determinan el paisaje urbano de todo Marruecos. Los propios magrebíes les han puesto nombre, los hittistes, «los que sostienen las paredes».&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las mujeres son otra cosa. No fue raro cruzarse con grupos de muchachas moras camino de sus faenas. Llevaban trajes largos de colores oscuros, la cabeza sin cubrir. Recuerdo a una de ellas, con airosa cabellera suelta, ropas granates, cabellos bruñidos y piel muy blanca. Reía ruidosamente y se movía con desenvoltura y desparpajo. Uno no esperaba mujeres así, tan descaradamente atractivas y ese palidez subrayada por el fulgor nocturno de unos ojos negros. No será la primera mora bonita con la que vamos a toparnos en este relato a vuelapluma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De camino a la playa, atravesamos por la parte de la ciudad que no se puede considerar centro histórico ni tampoco arrabal desfavorecido. Es la parte de la ciudad en la que vive el común de sus gentes, siempre ninguneada por los viajeros que en cualquier ciudad sólo buscan el exotismo. Yo debo confesar mi predilección por estos lugares anodinos. Mirándola bien, no es muy diferente de algunas barriadas andaluzas proscritas al turismo. El tipo de personas que nos encontramos por aquí son ancianos, sobre todo mujeres o viudas de militares, vestidas dignamente y que parecen moverse con energía y prudencia. Gracias a la pensión, son aquí unas privilegiadas, pero se nota que han pasado demasiado tiempo en la colonia y carecen de los medios y la voluntad para vivir en la península.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de estas viudas, ¿qué españoles viven en Ceuta? Me refiero a los que son de procedencia, aunque peque de inexacto, porque muchos magrebíes son españoles de pasaporte. La guía también incurre en impropiedades, como la de llamar cristianos a los españoles peninsulares, como si viviésemos aún en la época del Califato de Córdoba. Es muy habitual este tipo de torpeza gramatical en los folletos que reparten en las oficinas de turismo. Gran parte de los cristianos que viven aquí son funcionarios que lamentan más o menos su suerte, aunque paguen la mitad de impuestos. Algunos, según me he informado, poseen apartamentos en la Costa del Sol, donde pasan los fines de semana. El resto, comerciantes y profesiones liberales que tratan de vivir como españoles, como muy bien nos recuerda la insistente propaganda institucional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La playa de Ceuta no es generosa. Se extiende por la orilla opuesta del puerto, cruzando las avenidas a través de un ruinoso paseo marítimo que serpentea por la ladera de una colina. La ciudad tiene forma de ocho y en cada extremo se alza un promontorio. Así que no es difícil orientarse por sus calles. La arena no está muy limpia, por lo que decidimos instalarnos con nuestras toallas sobre el malecón de rocas, donde jugaban libremente una docena de niños magrebíes. Nos bañamos por turnos. El agua siempre me parece fría. Tardé diez minutos en sumergirme complemente. Ella es más valiente, lo hizo de cabeza. El horizonte es ancho, luminoso y azul. Como a todos los continentales, el mar nos fascina como una superstición. De cuando en cuando, busco en el agua la presencia de alguna medusa, que me aterran desde que, siendo niño, me picó una en la mejilla. Mi palidez es cegadora y no tardo en enrojecer a pesar de los atenciones de mi barragana. Por lo demás, sombrillas de alquiler, duchas y chiringuito, donde nos tomamos un par de cubatas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En seguida fijé mi atención en un grupo de niños magrebíes que jugaban cerca de las duchas. Tenían entre siete y quince años. La mayor era una chica alta y atlética que andaba ocupada limpiando de arena a los más pequeños y sobreponiéndose a su rebeldía. Luego los secaba con una toalla, en lo que parecía una ceremonia en que se mezclaban higiene y juego. Risas y ahogos de cansancio que contrastan con la quietud de la tarde. Después de sus obligaciones, es ella misma la que se limpia bajo el chorro de la ducha. La escena dura demasiado para obedecer simplemente a propósitos de limpieza. Al rato, se le unió otra chica de su edad, aunque más baja. Se divertían salpicándose. Luego la chica se vuelve a empapar la cabeza y se retuerce su rizada melena una y otra vez. Después deja que el agua corra libremente por su espalda, por su vientre, por sus interminables muslos, restregándose voluptuosamente. Pese a su juventud, sus formas femeninas eran de una rotundidad tan poco frecuente que llamaría la atención del más casto de los ascetas. Llevaba un biquini audaz que contrastaba con la puerilidad de sus travesuras y jugueteos anteriores. Para la mentalidad occidental, que se imagina a la mujer musulmana envueltas en ropas que la ocultan, la visión de esta pantera adolescente resulta muy chocante.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111805982891329043?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111805982891329043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111805982891329043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/apuntes-ceutes.html' title='Apuntes ceutíes'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111806097714069783</id><published>2005-06-06T14:26:00.000-07:00</published><updated>2005-06-06T05:34:36.973-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (II)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Donde se narran sus finezas de amante&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Ella quería un adolescente nervudo, no demasiado listo, voluntarioso, un trozo de carne que devorar, pero sin rozar lo macarra, aunque en el fondo ella quisiera -comme il faut-, algo macarra. No tuve que mencionar ni libros ni probables películas francesas que, por otra parte, todavía no era capaz de apreciar. Simplemente tensé mi más que estimable musculatura y canalicé mis deseos, sin que se notara demasiado. Mi interpretación era muy buena, sobre todo cuando pasé a relatarle mis experiencias apócrifas como surfista y todo ese rollo de olas que van, olas que vienen, y yo cabalgando sobre la tabla, nena.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Era una criatura de segunda clase, un cuerpo sofocado por el exceso de hidratos de carbono. Entonces no me la imaginaba devorando bolsas de patatas fritas a la salida del colegio, pero cuando mi manó acarició su cintura -y no estaba gorda- su carne cedió hasta un punto prohibido, como si edad y juventud, tiempo y biología, se hubiesen peleado hace mucho tiempo. Me hubiese gustado examinarle mejor la boca y comprobar el número de muelas cariadas. Habría podido comprobar, estoy seguro, que era una consumidora habitual de bollería industrial. Por lo demás, su piel apestaba a colonia barata y maquillaje. Estaba perdida, sin duda.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111806097714069783?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111806097714069783'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111806097714069783'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vida-de-tristn-montesinos-ii.html' title='Vida de Tristán Montesinos (II)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111806026790340029</id><published>2005-06-06T12:12:00.001-07:00</published><updated>2005-06-06T05:33:16.303-07:00</updated><title type='text'>Vana teoría</title><content type='html'>&lt;em&gt;No olvidemos que el ajedrez es sólo un juego. Afirmar, como Bobby Fischer, que el tablero “lo es todo” supone una renuncia a la vida. El ajedrez es sólo una forma de representación lógica, un lenguaje que no expresa nada y, no obstante, comunica emociones. Éstas son abstractas y dúctiles, como “campos de fuerza” (George Steiner) que colaboran o se oponen. En su mayor sentido, en el ajedrez no existen ganadores. El fin último de juego es la estética. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El ajedrez es uno de los juegos más antiguos de la humanidad civilizada. Su mecánica infunde un vago temor sapiencial. Posee el aura de lo incognoscible y suele decirse que su desarrollo es ajeno al capricho del azar. Si esto es así, el ajedrez es algo más que un juego. Es el juego. Pero no nos llevemos a engaño. El ajedrez es sólo una distracción para mentes que no saben permanecer desocupadas. Un truco con el que, en vano, tratamos de acechar la realidad. Si el ajedrez representa algo es sólo para convencernos de que posee algo irrefutable. Quizá su propia expresión sea la emoción. No la de la victoria, que es sólo psicológica, sino aquella que trata de captar el oleaje de nuestro espíritu. Por lo tanto, tiene que ser un juego espiritual: el caballo no es una pieza, sino una dirección en el alma, la reina es una apasionada posibilidad y la torre, una sólida manera de afrontar un grave problema. &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;- Comentarios del célebre Doctor Hausman, Leipzig, 1988.&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111806026790340029?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/111806026790340029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=111806026790340029' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111806026790340029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111806026790340029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vana-teora.html' title='Vana teoría'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111778652367099161</id><published>2005-06-03T10:11:00.000-07:00</published><updated>2005-06-03T06:34:47.956-07:00</updated><title type='text'>Vida de Tristán Montesinos (I)</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Donde se refieren los donosos apuros de nuestro héroe&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;em&gt;Mis cinco grandes crisis vitales, aquellas por las que fui capaz de crear un nuevo orden cósmico, fueron provocadas por los siguientes acontecimientos:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. El día de mi primera comunión, tras abrir un regalo que contenía unos patines blancos.&lt;br /&gt;2. Una mañana de invierno en el colegio de los escolapios, cuando miré por la ventana.&lt;br /&gt;3. Una trágica noche de verano en que La Peguitos me confesó con lástima que prefería al guapo de mi primo.&lt;br /&gt;4. En la universidad, rodeado de amigos intrigantes, al darme cuenta de mi verdadera vocación: soplador de vidrio.&lt;br /&gt;5. Hace una semana, cuando mi novia, cargada de maletas, me dijo que a pesar de todos nuestras errores, aprendería a olvidarme.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez hubo otras también dolorosas, más sutiles que pudieron vencer a aquel muchacho de regular fortuna que entonces, aunque no me diera cuenta, me caía tan bien. A pesar de todas las miserias y padecimientos típicos de mi lejano yo adolescente, me siento bastante orgulloso de lo que he sido. Incluso en los peores momentos de mi solitaria existencia como chaval-con-granos-que-juega-con-el-ordenador, agarré el timón de mi pobre personalidad y supe transformarme en un héroe para mí mismo. ¿Y qué me dices de ese ridículo suicidio de fogueo que escenificaste ante tus atónitos compañeros del internado? Eso te lo callas, más por vergüenza que por auténtico decoro literario. Cómo te dolió que fallara aquella burda pantomima, ideada para llamar la atención de esa chica que sabías nunca te haría caso. Pero ahí queda, por si no querías acordarte. ¿Y la vez que traicionaste a tu amigo Isaac? Tampoco puedes olvidarlo, aunque sólo tuvieras nueve años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Siento no poder honrar como se merecen a la cantidad de veces que no debía estar donde estaba o en las que, por timidez, he dicho cosas imprudentes. Si por alguna razón las he pasado peores, ya no me acuerdo. Sólo me quedan estos cinco quebrantos, estos cinco dolores de muelas para escarnio de mi alma inevitablemente cariada. ¿Y lo que ya venía por añadidura? Aquello con lo que se nace, que se nos otorga desde no sé que altos poderes, el labio leporino que afea el rostro de una chica que pudo ser bonita o la espina bífida del pobre desgraciado que ve el mundo desde un carrito. Eso es con lo que siempre viviremos, azares testimonieros que nos muestran la verdadera materia de la que estamos construidos. Porque hace tiempo que aprendí que lo de mi padre no tenía remedio, que todo estaba preparado para el día en que mi madre, ya embarazada de quien esto escribe, se largó a vivir a Málaga con uno que se creía pintor. Y lo que vino después, según me han contado tantas veces, cuando mi padre lo perdió todo (casa, empresa, familia, amigos) y se presentó ante mi abuelo vestido con las auténticas, elegantes trazas de Cary Grant. ¿Qué le vamos a hacer, si ha perdido la chaveta?&lt;br /&gt;Así que lo siento, papá, no importa la película en la que estés, te quiero, pero ya no puedo sufrirte más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1. Los patines blancos son de chica (1982)&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Yo era rubio y el mundo me ofrecía mis caprichos. Ya entonces vivía con mis abuelos en una tétrico piso con cochera de uno de esos barrios que tienen cierta fama, no por la gente que los habita sino por el lujo sobre el que se asientan. Esos barrios que hay en todas las ciudades del mundo y que todos señalan como morada de señoritos; o así lo creen ellos, que nunca los han vivido, sólo porque contemplan admirados unas horribles columnas jónicas en la fachada o un balcón de forja modernista. Esas mismas personas ignoran las ruindades que en esos lugares se perpetran y de qué forma se conducen por la vida. Cuando abrías la casa, recuerdo ahora con escalofrío, solía recibirte una señora menuda, moño reseco y ojos con profundidad de mazmorra que abría sus brazos para recibirte con un abrazo espectral. Era la tía Pilus y por su nombre la conoceréis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tía Pilus, allá Dios si ahora la tiene en compañía, era la guest star de mis horribles pesadillas. Los más frecuentes eran dos. En una aparecían los ojos inyectados en sangre de Christopher Lee; en la otra, el cuerpo derritiéndose de una mujer hermosa que se quemaba en no sé que película que ya olvidé y que he pasado años buscando para comprobar la profundidad de mis terrores infantiles. Cinéfilos amigos míos han tratado de identificar el título pero ha sido en vano. Lo único que me han dicho es que a) No pertenece al expresionismo alemán, b) No salía Barbara Steel y c) No puede ser de serie B, porque los efectos especiales habrían sido poco convincentes y mi imaginación habría desechado aquella escena como verdaderamente temible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero la Pilus no salía en ninguna película. Su habitación, para que no la olvidara, estaba frente a la mía y solía atacar en las noches en que yo bajaba la guardia. Entonces ya había ideado un truco para combatir mis temores de alcoba, imaginar que el ratón Miki dormía entre mis sábanas. ¿Quién, pensaba con ingenuidad, atacaría a esa sucursal de la alegría, a ese prodigioso hacedor de carcajadas, al único roedor de fama mundial incapaz de asustar a un elefante? Si esa noche intuía que podría sobrevenirme una pesadilla, seguro que mi amigo Miki me salvaría. Pero ella, decía, atacaba sin avisar, como los turcos, y su estrategia era siempre la misma. Me recogía del colegio y de camino a casa, mientras me hablaba de la copa de José en la talega de Benjamín (Gen, 44-1), me entregaba la merienda, que llevaba en su bolso de solterona. Mi alegría, que en otras circunstancias habría sido fingida, se tornaba entonces real al contemplar el bocadillo envuelto en papel plateado que me había preparado. Excitado, siempre desenvolvía aquel manjar con la misma fruición, como si hubiese sido una nube de azúcar o un palote de goma. La sorpresa, os imaginaréis, estaba dentro, y ella con su sonrisa torcida, sus ojos pequeños y brillantes, me decía: “Es tu favorito. Hoy se los he sacado a tus compañeros de clase”. Y al levantar el corte de pan allí estaban los ojos de Neila, de Molina, de Martínez...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces no se me ocurría dormir con Robert Mitchum.&lt;/em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(Continuará)&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111778652367099161?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111778652367099161'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111778652367099161'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/vida-de-tristn-montesinos-i.html' title='Vida de Tristán Montesinos (I)'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111772172663550041</id><published>2005-06-02T16:11:00.000-07:00</published><updated>2005-06-03T06:36:00.756-07:00</updated><title type='text'>Greguería</title><content type='html'>La pedantería es el monóculo de los mediocres.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111772172663550041?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111772172663550041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111772172663550041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/greguera.html' title='Greguería'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111771775729274009</id><published>2005-06-02T15:37:00.000-07:00</published><updated>2005-06-03T06:36:22.203-07:00</updated><title type='text'>El gourmand y su lacayo</title><content type='html'>En Antojo no sólo se come muy bien, encima no te crees que puedan hacerlo dos personas por menos de cien euros. En Madrid, me asegura mi tío C., cada día se come mejor. No tendremos muchos restaurantes que aparezcan en la guía Michelín, pero existen ya unos prometedores cimientos y un fondo de agenda que, para una persona de fondos limitados como es mi caso, no sólo nos permite comer dignamente, sino también con gustosa variedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antojo es un sitio fetén para cenar con una chai o llevar a tu madre, que viene de Ponferrada a Madrid para traerte unos pimientitos del Bierzo. Eso, o llevar a ese viejo amigo que llevas dos años sin ver y al que quieres animar porque le ha dejado la novia. Abstengámonos de hacerlo en grupo, porque siempre acoge algún inoportuno comensal y la sala, austera y sin excentricidades, es demasiado pequeña. Lo regenta un matrimonio joven y entusiasta que se basta solo para manejar el negocio. Él cocina; ella atiende a los comensales. Mi tío, que es el que sabe (yo me limito a seguirle con devoción), disfrutó mucho del almuerzo que nos ofreció César Rodríguez y su mujer hace ya un par de sábados. Y si mi tío disfruta, es como si lo hiciera Julio Camba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La de César es una cocina de fusión que convence por su sencillez, muy alejada de la que ejecutan los “desconstructores sifoneros”, forma que tiene el que ha sido su maestro (Abraham García) de llamar a todos aquellos que imitan las técnicas del cocinero catalán más conocido del mundo. La cocina de fusión la desarrollaron los australianos hace un par de décadas por contacto con los inmigrantes chinos que llegaban a su país y, junto a la asiática de cualquier país, es la que hoy domina en los fogones madrileños. César toma el concepto de fusión para potenciar los mejores atributos de una gallina en pepitoria (con la que rellena unos restallantes ravioli que baña con salsa de acederas) o te aconseja que pidas un sashimi de insólito pez mantequilla, uno de las pescados, junto al fugu, más apreciados en Japón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día la sala estaba casi vacía, si no fuera por lo que parecían dos apresurados ejecutivos en el trance de cerrar un negocio. Así que tuvimos ocasión de hablar durante una hora con esta simpática pareja que ofrece una cocina sólida, honrada e imaginativa. Mi tío, que posee una biblioteca de gastronomía inmensa, tuvo ocasión de felicitarles como pocas veces he visto. Y ellos tan felices viendo la cara de satisfacción del tripudo gourmand que les prometió volver la semana siguiente y regalarles un libro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entretanto, las tabernas ilustradas, con sus cuadros de toros y sus camareros vestidos de librea, van poco a poco desapareciendo. Y es una pena, porque a estos lugares, que antaño reunían a una clientela muy variopinta, ya no van las jóvenes generaciones, que nunca sabrán de la sabrosa contundencia de una cabeza de merluza asada. Yo formo parte de esta generación que considera lo más ir a cenar al Wok Café o a uno de esos antros de diseño minimalista donde te sirve un musculoso efebo que ni sabe lo que te has pedido, nada que ver con esas avispados y diligentes camareros profesionales que uno se encuentra en Salvador. Porque si una cosa se ha perdido es el servicio, asunto que trataré en otra entrada, otro día, que el hambre aprieta y voy a comerme un infame sandwich de máquina.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111771775729274009?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111771775729274009'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111771775729274009'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/el-gourmand-y-su-lacayo.html' title='El gourmand y su lacayo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111770539002919173</id><published>2005-06-02T11:39:00.000-07:00</published><updated>2005-06-03T06:36:48.583-07:00</updated><title type='text'>Tecnofilia</title><content type='html'>El &lt;a href="http://www.speccy.org/espectrum/"&gt;Spectrum&lt;/a&gt;, aquella primitiva computadora con teclado de goma que rechinaba cuando ejecutaba algún programa y nos permitía pasar el rato con ingenuos juegos de naves estelares y laberintos coloreados, aquel artefacto tan manipulable fue un sucedáneo del sueño. Así que nos acostumbramos a dirigir a un monigote por la pantalla del televisor, con un brillo de poder consumado en los ojos, de habilidad celebrada con nervios y veloces reflejos que se disparaban todas las tardes de los sábados. Quizá no todos tuvieron un Spectrum, como no todos en el siglo XVI leyeron a Lutero, pero en mi niñez yo vivía ese ambiente. Yo nací –perdonadme- con el &lt;a href="http://www.el-mundo.es/navegante/2003/11/28/juegos/1070015046.html"&gt;Pac Man&lt;/a&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://www.speccy.org/espectrum/"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111770539002919173?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111770539002919173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111770539002919173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/tecnofilia.html' title='Tecnofilia'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111762566803257745</id><published>2005-06-01T13:59:00.000-07:00</published><updated>2005-06-01T05:03:24.403-07:00</updated><title type='text'>Zugzwang</title><content type='html'>Tipo de posición en ajedrez que obliga al jugador a realizar una mala jugada, ya que si no tuviera que hacerla, podría salvar la partida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111762566803257745?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762566803257745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762566803257745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/zugzwang.html' title='Zugzwang'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111762389751612122</id><published>2005-06-01T13:04:00.000-07:00</published><updated>2005-06-01T04:18:31.383-07:00</updated><title type='text'>El perfume de Andy Warhol</title><content type='html'>&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;Comedia ligera en un acto&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor y Casandra&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Héctor entra en la sección de perfumería de El Corte Inglés y se dirige al mostrador donde espera una muchacha de piel blanca y media melena castaña que lleva un anillo de piedra verde demasiado holgado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Buenas tardes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Amarillas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Amarillas, no buenas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Qué?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Las tardes, amarillas.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¡Ah, sí, claro, claro! Mire, buscaba un perfume concreto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra: &lt;/strong&gt;Ya imagino que no será un perfume abstracto.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Que no buscará un fantasma&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¡Ah, no, claro que no, qué osadía!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ya le veía yo un poco vano para andar buscando fantasmas de cuatro ojos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Sí, claro, señorita. Abandone usted esas fantasías y escuche lo que quiero que me traiga.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Traer, llevar. Ir, volver. El resumen de mi triste vida.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Bueno, bueno. En todas partes cuecen habas y no es seguro que el argumento ontológico de San Anselmo vaya a misa.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ya va entrando en razón, caballero. Dígame, ¿qué desea?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Hector:&lt;/strong&gt; Verá. Es sencillo. Hasta una criatura ingenua y encantadora como usted comprenderá mi problema.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Al grano, al grano! Ardo en deseos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Pues hace unos meses conocí a una hermosa joven, una belleza colosal (mientras dibuja con arte la silueta de la mujer), y hoy, justamente, se cumple un mes de ese inolvidable día. Y buscaba un perfume que a ella le hace especial interés. Comprende usted?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Francamente, no.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Quiero describírsela para que me usted me diga cuál es la idea que tengo de ella. Y luego, cuando le haya contado todo, me diga qué perfume le corresponde a mi amada. Hágame el favor de decirme a qué huele.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Cómo en un juego de mesa? Qué aburrido...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; La mujer de mis sueños, esa criaturita cuya sóla imagen justifica que vaya a trabajar feliz a mi oficina.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Deme algún detalle.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Ontológico?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; No, de esos no.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Me lo pone usted difícil, ¿sabe? Yo querría hablarle de sus pechos pugnaces pero me obliga a serle sincero.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Mis pechos qué?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; No, no, disculpe. Los pechos de mi amada (haciendo el gesto con las dos manos alejándose y acercándose al pecho).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Es por mi blusa? ¿Demasiado ajustada?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Bueno, yo no diría eso. Muchas mujeres la llevan así.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Me llama usted vulgar?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Quiero decir, si usted me permite, que las mujeres con cierto gusto las siguen llevando.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Diría que con esta blusa parezco una chica a la moda de París?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Ah, París. París ya no está lejos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Pues yo no he estado en París.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Peor para usted.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¡Qué grosero! ¿Y quiere que le consiga ese perfume?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Para eso la pagan, hija mía.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ni en sueños sería usted mi padre. ¿Acaso es partidario del incesto?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Partidario practicante. Es mi segundo empleo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; No sabía que la Seguridad Social estuviese por civilizar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Aquello es la jungla. Pero, a lo que íbamos, querida.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ahora soy su querida...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; El perfume que busco es agreste como un bosque mojado por la lluvia de otoño, con un punto dulce como la uva moscatel en su sazón, y ligeramente escorado a la izquierda como Laurie Cunningham en la banda del Rayo Vallecano, me va pillando?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Cúnijan? ¿Cómo el pintor ese de los pelos? (Haciendo gesto de artista extravagante con melena desenvuelta).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Ese me parece que dice es Warhol.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; El que sea. Para lo que hay que pintar.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Él no pintaba realmente. Podría decirse que, como yo, le gustaba el dinero y pensar que el mundo es todo lo que a él sucedía. Me ocurren tantas cosas...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Anda que a mí. Si le cuento lo que pienso yo de todo este sitio. Usted me ve aquí, aparentemente dispuesta, con un dolor en el pie que me mata y no me conoce. También tengo mis preocupaciones.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; A mí me sudan las manos. Vea usted (enseñándolas). Parecen untadas en manteca.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Lo del pie no es lo peor, es un dolor torpe y tedioso, sino lo que me rodea. Es toda esta quincalla directamente sacada de la caverna de Platón. Y si no, lea el libro séptimo de La República.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Este es un lugar agradable. Escuche... (Pausa) Suena música. Me parece que es Nick Cave. Y al otro lado del mundo sólo se oyen disparos. Estamos en una caja de música donde el tiempo no transcurre. Usted es como esa actriz vivaracha de las comedias clásicas que hacía de chica bondadosa. Sí, ahí, detrás de esta vitrina que es su prisión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; No se ría de mí. Se ve que estoy harta. Peor, se me ve desilusionada.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; No pasa nada. Yo soy un ser ruin, pretencioso y muy comunicativo al que le chiflan los perfumes y las chicas. Y la ilusión, ¿qué es?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ilusión.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Pues es verdad, ¿en qué estaría pensando?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; En su novia.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¡Ah, sí, mi novia! Bella mujer. Pues andaba buscando, como le decía antes, un regalito para ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(A Héctor comienzan a sudarle las manos más y más. Primero, se frota contra el pantalón vaquero. Luego, se limpia con el faldón de la camiseta. Después, se mete las manos en los bolsillos de su cazadora.)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor&lt;/strong&gt; (pensando): ¡Dios mío, qué espanto! Cómo me sudan las manos. Parezco un cerdo. Un puto cerdo. Parezco el cerdo más grande que jamás haya parido una cerda. Si fuera cerdo cerdo, y no hombre cerdo, me darían el premio al cerdo más cerdo de toda la piara. Ahora que recuerdo, esta mañana, ante el espejo, creí que mi nariz era la de un cerdo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor&lt;/strong&gt; (dirigiéndose a Casandra): ¿Dónde hay un espejo?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Encima vanidoso.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Tengo un horrible presentimiento, ¿dónde puedo encontrar un espejo?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Esto es la sección de perfumería, caballerete de tres al cuarto, no la sección de cosmonaútica.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¡Oh, santo cielo, qué tía más loca!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Y ahora soy su tía. Pues a ver si se aclara (y hace el gesto de estar loco con el índice en la sien).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Ya la voy a aclarar yo lo que yo me sé.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Con galimatías wittgensteinianos no vamos a ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Todo se andará.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Pero ¿se aclara o no se aclara?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Lo único que tengo claro es que quiero un espejo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Mire.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Dónde?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¡Ay, la virgen! Que hombre más burro.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Cerdo.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; ¿Cerdo?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Burro, no. Cerdo. Soy un cerdo. Lo dice mi DNI y mi ADN. Más no se puede pedir.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ciertamente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Realmente.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Pero que tío más Contreras. ¿Quiere mirar?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Ya la veo. Está usted muy bien.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; No, aquí.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Sí, sus ojos. ¡Qué grandes! (Y hace el gesto de acercar a mirarse en los ojos de Casandra como quien se asoma a un túnel).&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Para que se mire mejor...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Y ¡qué negros! (se acerca más)&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Para que se vea mejor...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Y ¡qué brillantes! (y más)&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Para que se alumbre mejor...&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Y ¡qué... (se cae al suelo) ah, que nariz de cerdo se me está poniendo, la hostia!&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Pues la cara es el espejo del alma, dicen.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¿Quién coño dice esa estupidez?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Mi abuela, sin ir más lejos.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; Pues de tal palo, tal astilla.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Casandra:&lt;/strong&gt; Ahora intenta embaucarme con cariñitos y soflamas de amante barato de novela barata de kiosko abarrotado de cintas de vídeo, ¿eh? Es que son todos iguales... (y hace un gesto de damisela despechada)&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Héctor:&lt;/strong&gt; ¡Menos teatro!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;Escrito una tarde de otoño de 2004 al alimón con mi amigo J. M., cuya blog podéis visitar en&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt; &lt;a href="http://www.diariodeunsufidealcorcon.blogspot.com"&gt;http://www.diariodeunsufidealcorcon.blogspot.com&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:Arial;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111762389751612122?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762389751612122'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762389751612122'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/el-perfume-de-andy-warhol.html' title='El perfume de Andy Warhol'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111762068964594623</id><published>2005-06-01T12:07:00.000-07:00</published><updated>2005-06-01T03:14:53.036-07:00</updated><title type='text'>La venganza del hombre de Schweeppes</title><content type='html'>&lt;em&gt;No me gusta nada esa bebida que anuncio por televisión. Y no es la primera vez que presto mi imagen para promocionar un producto. El año pasado, sin ir más lejos, dije: &amp;shy;&amp;shy;“Suave y peligroso como una pantera&amp;shy;”. Y, efectivamente, el coche era suave y peligroso y, aunque no sepa conducir, puedo dar fe de que el coche se comportaba como una pantera, aunque vete tú a saber cómo se comportan verdaderamente esas fieras. La bebida que ahora anunció por televisión no es “antártica”, de la misma manera que no puede ser “el nuevo sabor para el nuevo refresco del siglo XXI”. A mí, desde luego, no me parece que ese brebaje absurdo tenga éxito, no al menos en nuestro país, para el cual yo soy la imagen de la bebida y resulto genialmente romántico gracias a mi elegante brillo de galán despreocupado cuyo rostro tintinea cuando revela su sonrisa maduramente joven.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy pura demografía. Represento a millones de ciudadanos ansiosos por acumular experiencias y, en la medida que yo puedo halagar sus insaciables egos, mi responsabilidad es indiscutible. A través de la hipocresía y la pretenciosidad del mensaje que ofrezco no cabe una posibilidad de verdad. El problema es cómo educar en la auténtica superioridad a toda esa legión empeñada en destacarse del resto. ¿Cómo ser un rebelde auténtico si una conocida marca de colonia afirma que “en ocasiones hay que ir contracorriente”? Es del todo imposible que la gente se vuelva más crítica con la cultura televisiva cuando lo grotesco es un imperativo categórico. La bebida que anuncio es mala, pero ayer el director de la campaña, eufórico, me llamó para comunicarme que quieren hacer un segundo anuncio. La bebida no se vende, pero a todos ha gustado esa imagen que ofrezco de moderno "bon vivant" que siempre se sale con la suya.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La bebida es rematadamente repugnante. Pese a todo, me temo, la gente tarde o temprano empezará a beberla.&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111762068964594623?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762068964594623'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111762068964594623'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/06/la-venganza-del-hombre-de-schweeppes.html' title='La venganza del hombre de Schweeppes'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111754087013925652</id><published>2005-05-31T13:54:00.000-07:00</published><updated>2005-05-31T05:07:54.150-07:00</updated><title type='text'>La grandeur del soldado Chauvin</title><content type='html'>Francia vive un paroxismo político que todos los analistas han aderezado con toda suerte de adjetivos. Ah, los tiempos en que la abeja napoleónica picaba con furia rabelasiana. Ah, de la Francia que soñó Albert Camus. ¿Arde París? No, arderá la Biblioteca Nacional cuando el censurado purito de Jean-Paul Sastre queme los últimos legajos de esa Francia ensimismada que, tras organizar una gran fiesta, exige a sus invitados que se marchen a casa. Ahí lo tienen al soldado Nicolas Chauvin, tocada la cabeza con su balbec primer Imperio, mientras apunta al odiado y taquillero yanqui con su tembloroso fusil de &lt;em&gt;avant&lt;/em&gt; carga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Francia, “una pasión inútil”.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111754087013925652?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111754087013925652'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111754087013925652'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/la-grandeur-del-soldado-chauvin.html' title='La grandeur del soldado Chauvin'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111753884867806804</id><published>2005-05-31T13:23:00.000-07:00</published><updated>2005-05-31T04:27:28.680-07:00</updated><title type='text'>Hipo</title><content type='html'>Así se llama el grupo de mi amigo Emiliano Fernández, tímido cantautor extremeño que se ha lanzando a la aventura de componer, interpretar y autoeditarse un primer EP, Lo imposible, en unos tiempos en los que los músicos sólo piensan en cómo combatir la, según ellos, lacra de la piratería. Lo acompañan Joaquín Pagador, al bajo, y Noemí Castillo, a los teclados, componiendo un trío al que no auguro ventas millonarias, aunque sí la satisfacción por un trabajo bien inspirado, amén de una juanramoniana e inmensa minoría que disfrutará con estas cuatro canciones que exploran las tortuosas veredas por las que nos perdemos cuando fallece un ser querido. Poco pagado de sí mismo, Emiliano no tiene empacho en reconocer influencias y en admirar incondicionalmente a grupos como Migala, Los Planetas o Sr. Chinarro, que se ganan muy bien la vida fatigando las carreteras de una España que, entretanto, se pirra por las gazmoñerías de la radio fórmula. Aquí me tienen, por sí les interesa hacerse con una copia, perfectamente ilegal, de este muchacho de singular fortuna.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111753884867806804?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111753884867806804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111753884867806804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/hipo.html' title='Hipo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111753787221002619</id><published>2005-05-31T13:07:00.000-07:00</published><updated>2005-06-08T06:57:40.523-07:00</updated><title type='text'>El chico más listo del mundo</title><content type='html'>¿Puede un cómic competir en igualdad con sus rivales literarios? Mejor dicho: ¿Puede despertar el interés de aquellos que nunca leerán un cómic? La respuesta es sí. Echen si no un vistazo a la obra del estadounidense Chris Ware (Nebraska, 1967) que Planeta DeAgostini editó en un único tomo recopilatorio el pasado año. Aquellos que habitualmente no frecuenten el género descubrirán que Jimmy Corrigan, el chico más listo del mundo constituye una de las grandes piezas narrativas de los últimos años. Triste, difícil, aunque no imposible travesía psicológica por varias generaciones de individuos de una misma familia, Jimmy Corrigan culmina con un sobrecogedor flashback donde resuenan –vayan tomando nota- las puras, melodiosas y enajenadas notas de la gran novela americana, las corruptas genealogías de Zola, el cine de Todd Solonzd y ese inconfundible aroma que despiden las obras condenadas al clasicismo, entre otras ocurrencias del que escribe estas líneas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Novela gráfica sobre el proceso de descomposición del individuo, pesadilla existencial con ribetes naturalistas, Jimmy Corrigan se muestra a los asombrados ojos del lector con una factura pulcrísima, exquisita, queda, que logra transmitir el asombro por un universo visual jamás visto con anterioridad en un cómic. Sólo el maestro Will Eisner, fallecido –ay- recientemente, podría enfrentarse con la inexpugnable estructura secuencial que ha levantado este artista al que, quizá exageradamente, ya han comparado con Orson Welles y James Joyce.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111753787221002619?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111753787221002619'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111753787221002619'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/el-chico-ms-listo-del-mundo.html' title='El chico más listo del mundo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111746645496158807</id><published>2005-05-30T17:15:00.000-07:00</published><updated>2005-05-30T08:20:54.966-07:00</updated><title type='text'>Buffalo, exterior día</title><content type='html'>El dandi sale de la cárcel. Por la vaharadas de vapor que salen de su boca, sabemos que hace un frío humedo, despiadado. El paisaje es una mancha gris sobre un fondo blanco, como en un cuadro de Malévich. Sus andares, una mezcla de indecisión y desaliento, se dirigen a un banco. Espera el autobús que no vendrá a recogerle. Se tumba en posición fetal. Pero algo falta en la escena. Podría ser la &lt;em&gt;Pietà&lt;/em&gt; sin Miguel Ángel, sin la virgen ni Cristo que lo componga. Demasiada gélida esta escena, incluso para Hopper, cuyo espíritu respiramos en los interiores de esta cinta que Vincent Gallo dirigió en algún momento de 1998.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay películas que en un primer vistazo nunca acaban de gustarme. Esta que vuelvo a ver este fin de semana no me gustó entonces. La encontré desaliñada. El tiempo siempre nos ayuda a comprender y, en contra de lo que suele suceder, mejorar aquello que hemos recordado con desconfianza. Puestos a exagerar –el cinéfilo exagera por naturaleza-, diré que esta es una de las mejores historias de amor de los noventa, una década que, por otra parte, no nos ha deparado grandes historias de amor, aunque pueda recordar alguna: la de Anthony Hopkins y Debra Winger en Tierras de Penumbra, inspirada en ese interminable epitafio, &lt;em&gt;Una pena en observación&lt;/em&gt; (Anagrama), que el poeta C. S. Lewis dedicó a su amada Joy Gresham.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;em&gt;Buffalo 66&lt;/em&gt; es una película llena de silencios. Billy, el protagonista, es un auténtico desgraciado que ha pasado cinco años en la cárcel por una apuesta que no pudo cubrir. Su  horizonte no es nada halagüeño y así se nos manifiesta al comenzar la película. Lo primero que quiere hace Billy al salir de la cárcel es mear, pero todo conspira en su contra. Billy, qué remedio, sólo puede encontrar alivio en una academia de baile, donde encontrará a Layla (Cristina Ricci), una suerte de Shirley Temple maquillada con habilidad egipcia y musical. Todo ocurre por casualidad, como en los mejores episodios de la vida. Todo ocurre en la anémica Buffalo, horizonte de autovías, moteles y dinners solitarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay muchas películas llenas de silencio (Le samurai, de Melville; El Verano de Kikujiro, de Kitano, etc.), pero en muy pocas el silencio se muestra a través de la interminable, contradictoria y en ocasiones violenta logorrea del protagonista, cuyas palabras acaparan la mayoría de las líneas de diálogo. Billy habla para no tener que explicarse y silenciar así un pasado desastroso. Billy habla para que los demás no le hablen y no tener que soportar sus reproches. Billy calza botines rojos y “es el chico más guapo y más dulce del mundo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para variar, la sección de cultura de El Mundo publica algo interesante. Hoy destaca a doble página la noticia de la traducción de &lt;em&gt;Truffaut o el párpado de un genio&lt;/em&gt;, la más completa biografía de ese aspirante a delincuente que André Bazin salvó del reformatorio. Y es que, de todos los directores de la Nueva Ola, yo me quedo con el auteur de &lt;em&gt;Los Cuatrocientos Golpes&lt;/em&gt;. Será porque sus películas, mínimas, en ocasiones irregulares, nunca me han parecido pedantes. Todo lo contrario de Godard, insoportable cineasta del que sólo salvaría alguna de sus primeras obras. El resto me parece filmado con la intención de provocar el bostezo. Vean si no la ininteligible versión de &lt;em&gt;El rey Lear&lt;/em&gt; que realizó en los noventa, elegantísima e independentísima forma del aburrimiento. Godard podría hacer suyas las palabras de Albert Boadella: “Voy a leer a Kafka y kafkáfmela”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Truffaut juega con la ventaja de la humanidad y eso, como diría John Rambo, no es como escupir en la calle. Truffaut, que murió joven, como todos los genios, filma otra gran historia de romance con &lt;em&gt;Las dos inglesas y el amor&lt;/em&gt;, película –me gusta saberlo- que consideraba su favorita.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111746645496158807?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111746645496158807'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111746645496158807'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/buffalo-exterior-da.html' title='Buffalo, exterior día'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111720199974860541</id><published>2005-05-28T18:52:00.000-07:00</published><updated>2005-05-27T06:54:47.506-07:00</updated><title type='text'>Un fogonazo</title><content type='html'>“Aunque no vuelva la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en la flor, no lloraremos sino que trataremos de atarnos a aquello que nos queda: la belleza en el recuerdo”. Recuerdo los versos de Walt Whitman en esta mañana estrepitosa y alcanzo un pequeño éxtasis en medio del fárrago del trabajo. Qué pena, me digo, el final de &lt;em&gt;Esplendor en la hierba&lt;/em&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111720199974860541?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/feeds/111720199974860541/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=13215582&amp;postID=111720199974860541' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111720199974860541'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111720199974860541'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/un-fogonazo.html' title='Un fogonazo'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-13215582.post-111720181196304698</id><published>2005-05-27T15:32:00.000-07:00</published><updated>2005-05-27T06:50:11.970-07:00</updated><title type='text'>Aquellos horteras con sus nuevos ropajes</title><content type='html'>La elegancia, afirma Carlos Pujol, siempre es antigua. La elegancia se tiene o no se tiene o, en el mejor de los casos, podemos advertirla, nunca nos es mostrada directamente. En el vestirse, mostrarse en exceso confirma nuestra desnudez esencial. Por eso sorprende la apariencia de algunos pisaverdes vestidos a la última. Acaparan todas las estridencias posibles para demostrarnos, precisamente, que nosotros no somos elegantes. Si visten de estreno, peor, porque nos confirman sus vanas preocupaciones: esa arruga insoportable en el pantalón que en vano tratan de rectificar, la mancha que afea el empeine de unos zapatos descarados, la amistosa pelusa que se aposenta en la manga de la camisa. Así van construyéndose una elegancia torpe y arrogante que los convence de su superioridad metafísica.&lt;br /&gt;El otro día, claro domingo de primavera, se paseaba por la calle con la airosa cadencia de un macarra. Americana blanca, camisa negra, tejanos ajustados, zapatos blancos de punta…Un caso. Su anatomía, muy similar a la de los grandes simios africanos, mostraba todas sus limitaciones: cogote nervioso, manos brutales, piernas zambas que parecían avanzar a toque de corneta. Iba de estreno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dandis ingleses jamás estrenaban un traje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Addenda&lt;/em&gt;: En su origen, la España de los años cuarenta, el hortera era el empleado de los grandes almacenes. Con el tiempo el término degeneró y hoy lo empleamos con el sentido que todos conocemos. Sería interesante saber el porqué de esta mutación. Creo que lo explica Ramoncín en su &lt;em&gt;Tocho Cheli&lt;/em&gt;, biblia del argot canalla que Umbral nunca ha dejado de ponderar&lt;em&gt;. &lt;/em&gt;El Rey del Pollo Frito siempre me ha caído mal, así que no fatigaré mi biblioteca en busca de la definición precisa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/13215582-111720181196304698?l=elhombremolecula.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111720181196304698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/13215582/posts/default/111720181196304698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://elhombremolecula.blogspot.com/2005/05/aquellos-horteras-con-sus-nuevos.html' title='Aquellos horteras con sus nuevos ropajes'/><author><name>El hombre molécula</name><uri>http://www.blogger.com/profile/08109911614132803442</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author></entry></feed>
